Un estudio de la Universidad de la Ciudad de Nagoya identificó en ratones un mecanismo que puede explicar por qué un recuerdo a veces parece inaccesible aunque no se haya perdido: la actividad de neuronas de histamina puede bloquear o facilitar su recuperación según el estado interno del cerebro en ese momento.
El hallazgo, difundido por Europa Press a partir de un trabajo publicado en la revista científica Neuron, plantea que la falla para recordar no siempre implica que la información haya desaparecido, sino que puede deberse a que el cerebro no está en condiciones de acceder a ella.
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Los investigadores observaron que las respuestas guiadas por la memoria fueron cerca de un 40% más altas cuando la señal que activaba el recuerdo se presentaba durante un estado de alta actividad histaminérgica que cuando aparecía en un estado de baja actividad. Ese dato surgió de experimentos en tiempo real que permitieron medir la actividad neuronal y lanzar la señal en uno u otro estado.

La conclusión central del trabajo es directa: un mismo recuerdo puede seguir almacenado y, aun así, quedar temporalmente fuera de alcance. Según el profesor Hiroshi Nomura, autor principal del estudio y miembro del Instituto de Ciencias del Cerebro de la Facultad de Ciencias Médicas de la universidad japonesa: “La imposibilidad de recordar no siempre se debe a la pérdida del recuerdo en sí”.
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Añadió que, en determinados momentos, el cerebro puede tener dificultades para acceder a recuerdos que ya están almacenados.
La actividad de la histamina cambia durante decenas de segundos y altera el acceso a los recuerdos
Las neuronas histaminérgicas están en el núcleo tuberomamilar del hipotálamo y se las conoce sobre todo por su papel en la vigilia. También envían proyecciones hacia regiones vinculadas con la memoria, entre ellas la corteza, el hipocampo y la amígdala.
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El equipo registró su actividad en ratones despiertos y detectó que aumentaba y disminuía lentamente durante decenas de segundos. Esas oscilaciones coincidían con cambios en la actividad cortical, el tamaño de la pupila y el movimiento facial, una combinación que sugiere que la señal de histamina refleja un estado cerebral y corporal más amplio.

Para probar si esas variaciones influían en la memoria, los científicos entrenaron a los animales para asociar un sonido con una recompensa de agua azucarada. Después del aprendizaje, los ratones lamían al oír la señal sonora, una respuesta que indicaba que el recuerdo de la asociación estaba disponible.
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Cuando la actividad de las neuronas de histamina era alta antes del ensayo, los animales mostraban un lamido más fuerte guiado por la memoria. Cuando esa actividad era baja, la misma señal resultaba menos eficaz para provocar la respuesta aprendida.
La manipulación directa de esas neuronas reforzó la relación causal
Para ir más allá de la correlación, los investigadores manipularon las neuronas histaminérgicas con optogenética. La supresión de esas células justo antes del sonido redujo la respuesta ligada al recuerdo, mientras que su activación la incrementó.
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Esos cambios no modificaron el lamido general, ni la reacción a la recompensa, ni las respuestas auditivas, ni el tamaño de la pupila. Para los autores, eso indica que el efecto no se explica por alteraciones generales del movimiento, de la excitación ni del procesamiento sensorial.

El trabajo también localizó un mecanismo posterior en la amígdala basolateral, una región clave en las asociaciones aprendidas con recompensa. Las imágenes de calcio mostraron que, cuando los ratones expresaban con fuerza la memoria, poblaciones neuronales de esa área reproducían de manera más fiable el patrón de actividad vinculado con la señal aprendida.
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Cuando los científicos suprimían las neuronas de histamina antes de la señal, ese patrón en la amígdala se debilitaba y se volvía menos fiable. Ese resultado respalda la idea de que la histamina no almacena el recuerdo, pero sí prepara el circuito para que la señal correcta pueda reactivar la huella neuronal adecuada.
Nomura resumió ese enfoque con una redefinición del proceso de recordar: “Este trabajo proporciona una nueva forma de pensar sobre la recuperación de la memoria. En lugar de ver el recuerdo simplemente como la lectura de una huella almacenada, mostramos que el estado interno del cerebro puede controlar si esa huella se vuelve accesible en un momento dado”.
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El hallazgo abre una vía para estudiar memoria, envejecimiento y demencia
En conjunto, los resultados sostienen un modelo de “estado de preparación”. En ese marco, las fluctuaciones espontáneas de la actividad histaminérgica preparan con antelación los circuitos de memoria y aumentan o reducen la probabilidad de que una señal desencadene el patrón neuronal relacionado con el recuerdo.

El estudio se hizo con una tarea de memoria de recompensa en ratones, por lo que harán falta más investigaciones para saber si el mismo mecanismo influye en otras formas de memoria, como la del miedo, la espacial o la social. También queda por determinar si oscilaciones semejantes ayudan a explicar la variabilidad cotidiana de la memoria en humanos.
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Los hallazgos podrían ofrecer además un marco para investigar trastornos en los que la cognición fluctúa con el tiempo, entre ellos el envejecimiento y la demencia.
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