
El entrenamiento de resistencia sostenido durante casi 20 años se asoció con un menor riesgo de diabetes tipo 2, y el beneficio fue mayor cuando esa práctica se combinó con ejercicio aeróbico suficiente y menos de dos horas diarias frente al televisor. Así lo planteó un análisis publicado en JAMA Network Open.
El estudio siguió a 143.715 participantes en Estados Unidos durante un promedio de 19,2 años y registró 10.038 casos nuevos de diabetes tipo 2.
La evaluación repetida de la actividad física, con hasta 14 mediciones a lo largo del tiempo, permitió corregir la limitación de trabajos anteriores que se apoyaban en una sola medición inicial y no captaban cómo cambiaban los hábitos.
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Los datos mostraron una relación gradual: a mayor volumen semanal de entrenamiento de resistencia, menor incidencia de la enfermedad.

La reducción del riesgo apareció en todos los niveles de edad, peso y dieta
La asociación inversa se mantuvo incluso después de ajustar por circunferencia de cintura, cambios intencionales de peso e índice de masa corporal actualizado en el tiempo. También fue consistente en todos los estratos analizados: edad, IMC, calidad de la dieta y antecedentes familiares de diabetes.
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Ese punto responde a una de las preguntas centrales del trabajo: si el beneficio dependía solo del peso corporal. La respuesta fue que no, porque la relación entre entrenamiento de resistencia y menor riesgo persistió aun después de considerar esos indicadores metabólicos.
Para construir el análisis, los investigadores usaron información del Nurses’ Health Study, el Nurses’ Health Study II y el Health Professionals Follow-up Study. Las guías actuales de actividad física ya recomiendan entrenamiento de resistencia al menos dos veces por semana junto con ejercicio aeróbico, pero gran parte de la evidencia previa sobre diabetes tipo 2 no había logrado medir la constancia del hábito a largo plazo.
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La constancia en la mediana edad mostró el mayor beneficio
El análisis de trayectorias realizado en el Nurses’ Health Study II, centrado en patrones entre los 40 y los 60 años, encontró el mayor beneficio en quienes mantuvieron un nivel alto de entrenamiento de resistencia de manera estable. Ese grupo, definido como al menos 30 minutos semanales de forma consistente, tuvo mayores beneficios frente a quienes se mantuvieron en niveles bajos.
El estudio también detectó ventajas entre quienes empezaron más tarde.
La adherencia fue otro factor decisivo. Quienes informaron al menos una hora semanal de entrenamiento de resistencia en el 75% o más de los cuestionarios de seguimiento tuvieron un riesgo menor que aquellos con un volumen promedio parecido, pero con una práctica irregular.
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La combinación con ejercicio aeróbico
La reducción más marcada apareció cuando el entrenamiento de resistencia formó parte de un conjunto de hábitos. Los participantes que cumplían con las recomendaciones de actividad aeróbica, definidas como al menos 15 horas semanales, sumaban al menos una hora semanal de entrenamiento de resistencia y limitaban el tiempo frente al televisor a menos de dos horas diarias mostraron un riesgo menor frente a quienes no cumplían ninguna de esas tres pautas.

Esa asociación equivale a un riesgo 62% menor de desarrollar diabetes tipo 2. El trabajo sostiene que esa combinación ofrece una base concreta para diseñar programas de prevención orientados a aseguradoras y sistemas de salud.
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La relevancia sanitaria es amplia porque la diabetes tipo 2 afecta a cerca de 38 millones de adultos en Estados Unidos y representa una parte desproporcionada del gasto en enfermedades crónicas. A partir de estos resultados, los autores plantearon que el entrenamiento de resistencia no debería verse como un complemento secundario del ejercicio aeróbico, sino como un componente propio de las recomendaciones de estilo de vida para prevenir la enfermedad.
Los investigadores escribieron en JAMA Network Open: “En este estudio de cohorte prospectivo, el entrenamiento de resistencia entre profesionales sanitarios adultos estadounidenses se asoció con un riesgo de diabetes tipo 2 considerablemente menor, especialmente cuando se realizaba de forma constante durante la mediana edad y se combinaba con una actividad aeróbica adecuada y un tiempo limitado frente al televisor”.
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