
Según el estudio de ScienceDirect, citado por Popular Science, la pérdida o disminución del olfato afecta a una de cada cinco personas y representa un desafío creciente para la salud pública. La revisión analiza las causas y consecuencias de esta afección, subrayando la urgencia de abordarla en profundidad.
Esta condición puede deberse a infecciones respiratorias, sinusitis, COVID-19, traumatismos en la cabeza, enfermedades neurodegenerativas o exposición a sustancias químicas. Aunque esta limitación es invisible, afecta la vida cotidiana: quienes la padecen tienden a aislarse por miedo a no detectar su propio olor corporal, pueden experimentar ansiedad, perder el apetito o modificar sus hábitos alimenticios por no percibir los sabores de la misma manera.
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La seguridad diaria también se ve amenazada, ya que la capacidad de identificar humo, gas o alimentos en mal estado disminuye, incrementando el riesgo de accidentes domésticos. Además, la pérdida del olfato puede afectar a quienes desarrollan profesiones que dependen de este sentido, como chefs, perfumistas o sommeliers.
La calidad de vida de quienes pierden el olfato se reduce considerablemente, abarcando desde la alimentación hasta las relaciones sociales y la seguridad personal, como subrayan tanto el medio especializado como los autores del estudio.
Cómo funciona el entrenamiento olfativo
El tratamiento más habitual para la pérdida del olfato es el entrenamiento olfativo. Este método consiste en exponerse diariamente, por la mañana y la noche, a diferentes olores durante unos 30 a 40 segundos cada uno. El estudio remarca que, aunque se han documentado beneficios, la tasa de abandono es alta.
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El entrenamiento olfativo es la intervención estándar, pero para lograr resultados requiere al menos dos sesiones diarias durante tres meses; esa rutina repetitiva y demandante limita su éxito en la práctica cotidiana y eleva la tasa de abandono.

Qué es la estimulación olfativa pasiva
Como alternativa al entrenamiento tradicional, la estimulación olfativa pasiva consiste en exponer de manera continua el cerebro a diferentes aromas, incluso durante el sueño, sin esfuerzo activo ni medicación.
El estudio observó mejoras en la memoria, así como cambios anatómicos en el cerebro en personas mayores tras la aplicación de esta técnica. El mecanismo, según los investigadores, se basa en la plasticidad cerebral: la capacidad del cerebro para reorganizarse en respuesta a nuevas experiencias y aprendizajes.
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Al percibir olores, se activa el sistema límbico, una región vinculada con la memoria y las emociones. La estimulación olfativa pasiva podría, por tanto, contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas, especialmente a medida que aumentan las quejas por problemas de memoria, sueño o pérdida del olfato con la edad.

Qué muestran los estudios sobre memoria
El vínculo entre el olfato y la memoria ha sido ilustrado por experiencias cotidianas, como el recuerdo evocador de un aroma de la infancia. El estudio analizó una investigación en la que un grupo de adultos sanos de entre 60 y 85 años fue expuesto cada noche a un olor diferente, alternando siete esencias distintas a lo largo de una semana durante seis meses.
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Los resultados mostraron una mejora del 226% en la memoria verbal respecto al grupo de control que no fue expuesto a los aromas. A nivel cerebral, los investigadores observaron un aumento en el fascículo uncinado izquierdo, una vía de comunicación entre regiones implicadas en la memoria y el aprendizaje.
Que esta estructura se modifique positivamente sugiere que los efectos de la estimulación olfativa pasiva pueden ser duraderos y no solo temporales. Aunque estos avances son preliminares, el estudio señala que es necesario ampliar la investigación y confirmar los resultados con muestras más grandes.

La relación entre olores y sueño
La conexión entre los olores y el sueño es conocida desde la antigüedad. En el antiguo Egipto, por ejemplo, se utilizaba incienso de mirra para proteger el descanso nocturno. En la actualidad, el estudio recoge investigaciones que indican que la estimulación olfativa durante la noche podría mejorar la calidad del sueño.
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El sueño cumple funciones vitales: favorece la recuperación física, regula las emociones, elimina residuos metabólicos y fortalece el sistema inmunológico. También es esencial para consolidar recuerdos y transformar información reciente en memoria a largo plazo.
Con la edad, el sueño suele fragmentarse y perder calidad. El estudio presenta un meta-análisis que muestra que aromas como la lavanda, la cáscara de naranja o la rosa pueden mejorar el sueño en personas con insomnio, aunque aún no se comprenden del todo sus mecanismos terapéuticos.

Un estudio piloto, incluido en el análisis, encontró que difundir lavanda por la noche incrementó la percepción de bienestar al despertar, disminuyó las interrupciones del sueño y aumentó el sueño profundo y la actividad delta, indicadores de un descanso más reparador.
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Para quienes deseen iniciarse en la estimulación olfativa pasiva, el estudio señala que no se requiere equipamiento especial. Se recomienda oler un perfume o aceite esencial por la mañana o noche, usar difusores en el entorno y alternar al menos cuatro aromas diferentes, aplicando cada uno durante unos 30 segundos en cada fosa nasal, dos veces al día, durante tres a seis meses.
Incluir un aroma relajante antes de dormir puede integrarse fácilmente en la rutina de higiene del sueño, potenciando sus beneficios.
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