
El yoga lleva décadas instalado en la cultura del bienestar como práctica para ganar flexibilidad, aliviar el estrés y fortalecer el cuerpo. Pero una nueva revisión científica apunta a que sus beneficios podrían extenderse mucho más lejos: las personas con síndrome de intestino irritable que lo practican experimentaron menos síntomas digestivos y menores niveles de ansiedad y depresión, según los resultados del trabajo.
El síndrome de intestino irritable —conocido por la sigla inglesa IBS— es uno de los trastornos digestivos más frecuentes en el mundo. Metaanálisis publicados en revistas como BMC Gastroenterology y Journal of Public Health estiman que afecta a entre el 11% y el 15% de la población adulta a nivel global, con mayor prevalencia en mujeres.
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Quienes lo padecen conviven con dolor abdominal, distensión, cambios en el ritmo intestinal y un deterioro en su calidad de vida, sin que exista hasta ahora un tratamiento único y definitivo. La búsqueda de alternativas complementarias que alivien esos síntomas es una prioridad clínica y científica.

Un estudio publicado en la revista de fisiología Comprehensive Physiology evaluó la efectividad del yoga como herramienta de manejo del IBS a partir de una revisión sistemática de las pruebas disponibles.
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Si bien los autores advierten que se necesita más investigación para determinar qué prácticas específicas son más eficaces y cuánta frecuencia de práctica resulta necesaria para producir beneficios duraderos, los hallazgos posicionan a esta disciplina como un enfoque complementario.
El eje intestino-cerebro: la clave de la conexión
Para entender por qué el yoga podría influir sobre el intestino, es necesario comprender un concepto central en esta investigación: el eje intestino-cerebro, la red de comunicación bidireccional entre el sistema digestivo y el sistema nervioso central, una especie de autopista de señales que los conecta de forma continua.
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“Los científicos creen que los beneficios podrían residir en ese vínculo”, explicaron en el comunicado de prensa de la Sociedad Americana de Fisiología (APS). Esta conexión ayuda a explicar por qué el estrés puede desencadenar malestar estomacal o agravar los síntomas del IBS. En las personas con ese trastorno, esas señales pueden volverse especialmente sensibles, lo que amplifica la percepción del dolor y el malestar intestinal.

El yoga actúa sobre ese eje a través de tres vías simultáneas: el movimiento físico, la respiración controlada y la atención plena o mindfulness. Según se detalla en el comunicado, todos estos componentes pueden activar el sistema nervioso parasimpático, el modo que los científicos denominan de “descanso y digestión” del organismo. Cuando este sistema se activa, los niveles de estrés disminuyen y la digestión puede funcionar con mayor fluidez.
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Posturas y respiración al servicio del intestino
Algunos elementos específicos del yoga parecen tener una incidencia directa sobre el aparato digestivo. Ciertas posiciones del cuerpo, por ejemplo, actuarían como un estímulo mecánico suave sobre los órganos abdominales.
Así lo señalaron desde la APS en su comunicado: “Las flexiones hacia adelante en posición sentada ayudan a calmar el sistema nervioso. Las torsiones espinales, en tanto, trabajan los músculos que rodean el abdomen y generan una presión suave que masajea los órganos digestivos". Esa presión ejercida desde el exterior, mediante el trabajo muscular y la postura, no sería un efecto secundario casual, sino un mecanismo de acción relevante para el intestino.
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A eso se suma el papel de la respiración profunda. “Los ejercicios de este tipo también activan el diafragma, produciendo cambios sutiles de presión en el abdomen que pueden favorecer aún más la digestión", indicaron los investigadores.
El diafragma, músculo que separa la cavidad torácica del abdomen, tiene una proximidad anatómica directa con el estómago, el hígado y los intestinos; cada movimiento profundo de ese músculo ejerce una influencia mecánica sobre esos órganos.
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La revisión sistemática analizó los resultados de 10 estudios —seleccionados de una base inicial de 193— que evaluaron intervenciones de yoga en personas con IBS. Los trabajos que midieron la gravedad de los síntomas mediante una escala estandarizada (IBS-SSS, por su sigla en inglés) encontraron que el yoga produjo mejoras de moderadas a grandes en comparación con los grupos de control.
El yoga, más allá del intestino
Los efectos del yoga no se limitan al intestino. Un meta-análisis publicado en 2025 que analizó 23 ensayos clínicos con más de 2.300 participantes encontró que la práctica reduce de forma significativa la presión arterial sistólica y diastólica en adultos con sobrepeso u obesidad, y también mejora indicadores del metabolismo de la glucosa.
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Sus autores concluyeron que el yoga podría incorporarse como tratamiento complementario en las guías clínicas para el manejo del exceso de peso.
Un enfoque complementario en plena consolidación
Los autores del trabajo son claros en marcar los límites de las conclusiones: se trata de hallazgos que requieren estudios de mayor escala, mejor estandarizados y con metodología más rigurosa para ser confirmados. No existe aún un protocolo de yoga validado para el tratamiento complementario del IBS, y las pruebas disponibles no permiten recomendar prácticas específicas ni dosis concretas.
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Con todo, la APS subraya en su comunicado el valor de la tendencia que emerge de la evidencia acumulada: “A medida que los científicos continúan descubriendo las conexiones entre el cerebro, el sistema nervioso y el tracto digestivo, la investigación sugiere que los beneficios del yoga se extienden más allá de los músculos y la flexibilidad”, señalaron desde la institución.
El trabajo fue elaborado por Francesco Pavan, de la Universidad de Milán, junto a Sunil Singh Yadav, Andrea Costantino, Alessandra Dell’Era, Monic Mastroianni y Massimiliano Buoli.
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