
Cada año, miles de vidas podrían salvarse si las personas de mayor riesgo accedieran a una tomografía computada de baja dosis. La evidencia científica es contundente: si todos los fumadores activos entre 55 y 74 años, incluidos aquellos que hayan dejado hace menos de 15 años, recibieran este estudio de manera anual, una de cada cuatro muertes por cáncer de pulmón podría evitarse.
El mayor avance en la prevención llegó de la mano de la tomografía computada de baja dosis (TCBD) como método de screening, una estrategia que, apoyada en grandes investigaciones internacionales como el estudio NELSON —el ensayo clínico europeo de cribado de cáncer de pulmón—, está cambiando el paradigma mundial. La doctora Lorena Lupinacci, oncóloga clínica y jefa del área de tórax e investigación del Hospital Italiano, lo confirma en diálogo con Infobae: "Está demostrado que disminuye un 25% el riesgo de muerte por cáncer de pulmón".
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Qué logra mostrar la tomografía y por qué es clave
La verdadera revolución está en los detalles invisibles. La tomografía de baja dosis logra ver lo que la radiografía convencional ignora: nódulos tan pequeños que pasan inadvertidos hasta para el ojo entrenado. “La tomografía tiene mucha más información. Nódulos menores a un centímetro, o seis milímetros, que sería el punto de corte, el tamaño mínimo del nódulo a partir del cual el resultado del screening se considera positivo y requiere evaluación o seguimiento. No se ven en la placa de tórax y sí los vemos en las tomografías”, explica la doctora Lupinacci a Infobae, durante su exposición en un Foro Latinoamericano de Oncología.
El consenso internacional, basado en el emblemático estudio NELSON, es preciso: el resultado se considera positivo cuando aparece un nódulo sólido de al menos 6 milímetros —ilegible en una placa de tórax— o 113 milímetros cúbicos. Ese hallazgo, muchas veces silencioso, abre la puerta a una intervención precoz y eficaz, muy distinta a la que se enfrenta cuando el tumor ya dio señales en estadios avanzados.
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El perfil de quienes más pueden beneficiarse está claramente delimitado: “El screening está recomendado para fumadores y ex fumadores entre 55 y 74 años, incluidos todos los que dejaron la adicción hace menos de 15 años. Esos son los criterios de inclusión para participar en un screening de cáncer de pulmón”, precisa Lupinacci. No se trata de un control aislado: la indicación es anual, como la mamografía en las mujeres. “¿Me hacen una sola? No, tiene que ser anual”, insiste la especialista. La prevención solo tiene impacto si es constante y, sobre todo, si va de la mano de un compromiso real por dejar de fumar. “De nada sirve el screening si el paciente sigue fumando. Esto tiene que estar acompañado de reforzar campañas antitabáquicas”.
Impacto comprobado y desafíos en la implementación
El peso de la evidencia no deja lugar a dudas. Las cifras que arroja el screening con tomografía de baja dosis marcan un punto de inflexión en la historia de la lucha contra el cáncer de pulmón. Sobre ese 25% del resultado de los estudios, que estuvo más representado en los varones, Lupinacci aclara: “En mujeres, ese beneficio puede ser mayor, de entre 35 y 60%”.
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Sin embargo, la posibilidad de cambiar el destino de miles de pacientes choca con la falta de implementación de un plan nacional. La especialista es tajante: “Se realiza de manera muy heterogénea en el sistema público. Hay hospitales privados que tienen su propio screening, pero en el ámbito público solo algunos hospitales de referencia lo ofrecen y es insuficiente. Incluso, no están obligadas las obras sociales privadas a hacerlo”.
El mayor desafío no se limita al acceso a la tomografía. La pregunta central, dice Lupinacci, es qué hacer cuando se encuentra un hallazgo sospechoso: “Lo más problemático, más que el acceso a la tomografía de baja dosis, que también hay que tener acceso, es definir cómo actuar frente a un nódulo que exige una decisión clínica”.
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Más de la mitad de los casos de cáncer de pulmón, exactamente el 53%, se detectan cuando la enfermedad ya avanzó y las metástasis marcan el ritmo. La diferencia entre llegar a tiempo o tarde es abismal: quienes reciben el diagnóstico en estadio avanzado (o fase tardía) apenas alcanzan un 8% de sobrevida a cinco años. Pero cuando la enfermedad se localiza en el pulmón y se detecta en una etapa inicial, esa cifra se eleva hasta el 63%.
La posibilidad de encontrar nódulos pequeños gracias al screening no solo cambia estadísticas, también cambia destinos. “Pescar la enfermedad en una fase donde es curable es lo que buscamos día tras día. Y como siempre hablamos con los cirujanos, los únicos que siguen curando de cáncer son los cirujanos”, reflexiona la referente del Hospital Italiano.
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Epidemiología, género y cambios en el tabaquismo
El cáncer de pulmón continúa siendo la principal causa de muerte por cáncer en el mundo y en América Latina. A pesar de ser el segundo tumor más frecuente en incidencia, su letalidad lo ubica en la cima de la estadística. De cada 100 diagnosticados, 81 no logran superar la enfermedad. El mapa global muestra que Asia concentra casi el 60% de los casos, seguida de Europa, mientras que América Latina y el Caribe quedan rezagadas pero no ajenas al problema. El 85% de los tumores de pulmón corresponden a la variante de no células pequeñas.

El rostro del cáncer de pulmón está cambiando: “Las mujeres están fumando más que los varones. El hábito tabáquico en mujeres está aumentando y en los varones está descendiendo. Las mujeres mayores de 20 años, sobre todo, incorporan el cigarrillo a su vida laboral y social”, describe Lupinacci. El dato duro acompaña la tendencia: mientras que el consumo bajó un 2,5% en varones, en mujeres creció un 3,6% en los últimos años.
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La mayoría de los pacientes siguen siendo fumadores actuales o quienes dejaron el cigarrillo hace apenas un mes. “Cuando les preguntás: ‘¿Cuándo dejaste?’ Te dicen: ‘Hace un mes’, y eso es prácticamente un fumador activo todavía”, señala la especialista. A la vez, el cáncer de pulmón en no fumadores ya representa cerca del 10% de los casos, una cifra que crece a medida que mejora la capacidad de diagnóstico.
El nuevo hábito que preocupa: el avance del vapeo
Si el cigarrillo fue durante décadas el villano principal, hoy el vapeo asoma como el nuevo actor inquietante. “Los vapeadores no son inocuos”, advierte sin rodeos Lupinacci. “La mayoría tiene solventes, nicotina, saborizantes, que son todas sustancias que van a generar en el pulmón inflamación directa. Y la inflamación, eso de estar activando el sistema inmune, sabemos que genera cáncer. Ya se sabe la fibrosis pulmonar que generan”.
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El problema no solo está en la química, sino también en la estrategia de mercado. “La industria apunta a los chicos, entre 13 y 15 años. Lindos vapeadores, colores, sabores, aromas... Estoy segura de que en 20 años vamos a estar hablando de cáncer de pulmón por vapeadores, pero lo que sí estamos viendo es la fibrosis. Los pulmones casualmente se ponen duros por la inflamación y eso no solo es cáncer, es intersticio pulmonar”.
La preocupación es generacional y sanitaria. Es que los cigarrillos electrónicos pueden convertirse en el primer paso hacia una adicción mayor. “El que nunca estuvo expuesto a la nicotina empieza a exponerse desde chiquito con los vapeadores. El vapeo puede terminar siendo la puerta de entrada al cigarrillo”, advierte la oncóloga.
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Innovación y medicina de precisión: el caso de lorlatinib
Durante la última reunión anual de la American Society of Clinical Oncology (ASCO), Pfizer presentó datos clínicos sobre nuevas terapias dirigidas. Entre los resultados más destacados figura la actualización a siete años del estudio CROWN, que refuerza el rol de lorlatinib —un inhibidor de ALK de tercera generación— como tratamiento para el cáncer de pulmón de células no pequeñas avanzado o metastásico con alteración genética ALK positiva.

“El ALK es una fusión genética que tiene un determinado grupo de pacientes con cáncer de pulmón, entre el 2 al 7%”, explica Lupinacci. En Argentina, la incidencia ronda el 6%; en Chile, sube al 8,6%. El perfil de estos casos se distingue porque suelen diagnosticarse en personas más jóvenes que el promedio habitual, con una mediana de edad de 52 años.
Los resultados del seguimiento a siete años son elocuentes: “El 55% de los pacientes permanecía con vida y sin progresión de la enfermedad a los siete años. En el grupo control, solo el 3% alcanzaba ese resultado”. Además, la terapia mostró un beneficio notable en la prevención de metástasis cerebrales: “A los siete años, el 92% de los pacientes tratados con lorlatinib no tenía progresión a nivel del sistema nervioso central, frente al 16% en el grupo control”.
Futuro de la oncología torácica y desafíos pendientes
El tabaquismo mantiene su lugar como el factor más asociado al desarrollo del cáncer de pulmón, aunque no es el único que incrementa el riesgo. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, el 85% de los diagnósticos en adultos se vincula directamente al consumo de tabaco, ya sea a través de cigarrillos, cigarros, pipas o productos electrónicos que contienen nicotina. El humo del tabaco arrastra más de 70 sustancias cancerígenas capaces de dañar el tejido pulmonar y desencadenar mutaciones celulares.
En ese contexto, el doctor Luis Alberto Suárez, líder regional de Pfizer Oncología, lo resume con contundencia: “El tabaco es el mayor enemigo de la sociedad. Si no existieran las tabacaleras, el cáncer de pulmón tendría bajísima incidencia. Casi que sería uno de los menos frecuentes. Si eliminamos las tabacaleras, casi no habría cáncer de pulmón.

Al igual que la jefa oncológica del Hospital Italiano, Suárez advierte que el vapeo constituye un peligro real para la salud pulmonar. “Al vapeo también se lo considera como causa”.
Frente a los desafíos estadísticos y sociales, la prevención secundaria con tomografía de baja dosis, la promoción de hábitos saludables y el acceso a la innovación terapéutica son los pilares sobre los que especialistas y sociedades científicas insisten para modificar el pronóstico de la enfermedad.
Lupinacci lo sintetiza: “El cáncer de pulmón sigue siendo la principal causa de muerte por cáncer. No afecta solo a los fumadores. Es indispensable avanzar en prevención rigurosa, tamizaje de precisión y equidad en la innovación. Y reforzar políticas contra el tabaquismo y el avance del vapeo”.
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