
Interesarse por diversas disciplinas suele vincularse con creatividad, apertura mental e inteligencia. Pero si ese entusiasmo inicial no se sostiene en el tiempo, puede aparecer una sensación de estancamiento y una acumulación de tareas y proyectos sin finalizar. Los ejemplos son infinitos, pueden ir desde ir al gimnasio hasta escribir un libro o culminar una carrera universitaria.
Las personas que inician proyectos con entusiasmo -pero rara vez los concluyen- se enfrentan no solo al abandono de metas, sino dificultades emocionales más profundas.
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Según afirman los expertos, el abandono sistemático de objetivos no es un problema en sí mismo, sino la respuesta conductual a obstáculos internos como la desmotivación, el perfeccionismo, la impulsividad y la autocrítica.
Bob Taibbi, especialista en terapia cognitivo-conductual, afirmó en un artículo en Psychology Today: “Rendirse puede ser una buena opción por diversas razones. Sin embargo, si habitualmente comenzás con entusiasmo, luego perdés impulso y terminás abandonando sin avanzar ni alcanzar tus objetivos, quizá sea momento de analizar qué sucede".
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Al respecto, la psicóloga Silvia Severino señaló en Infobae que este fenómeno tiene un nombre: el patrón del todólogo. Según detalló, se trata de personas “extremadamente curiosas con una mente que ama lo nuevo”. El problema surge cuando ese interés depende solo de la novedad.
“Cuando algo deja de ser nuevo, su interés se va en silencio hacia lo siguiente. Entonces empezarán diez cosas más distintas, pero rara vez se quedan el tiempo suficiente para dominar una”, diferenció.
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Explicó que tienen esa actitud no por ser “vagas”, sino porque su cerebro se vuelve "adicto a la novedad". Este mecanismo se relaciona con los circuitos de recompensa cerebral, que liberan dopamina ante estímulos novedosos y promueven la búsqueda de experiencias parecidas.
Las cuatro causas más comunes

Estas son las razones más frecuentes de empezar algo y no terminarlo, según describió Taibbi en Psychology Today:
- 1. Pérdida de novedad: en las primeras etapas, los proyectos se experimentan como una descarga de dopamina, que aporta emoción y fantasía sobre el resultado. Sin embargo, a medida que la rutina se instala y desaparece la recompensa inmediata, las tareas y proyectos pierden ese atractivo inicial y quedan relegadas, según explicó el especialista.
- 2. Falta de una planificación adecuada y la impulsividad que suelen acompañar al arranque de nuevos proyectos. El entusiasmo del “¡vamos, por qué no!” puede eclipsar la atención a detalles logísticos y desafíos futuros. Esto genera que dificultades como el exceso de costos imprevistos o problemas legales desborden la capacidad de respuesta, haciendo que el abandono aparezca como única salida.
- 3. Toparse con un obstáculo y sentirse desanimado. Frente a una dificultad inesperada muchas personas optan por dejar de intentar y concretar sus proyectos.
- 4. Autocrítica y perfeccionismo paralizante. Terminar una tarea imperfecta puede percibirse como un fracaso inaceptable, llevando a una postergación indefinida bajo la excusa de necesitar más ajustes. “La autocrítica puede dificultar que finalices tus proyectos porque considerás que solo la perfección es válida. Concluir sin alcanzar ese ideal se vive como un fracaso, y el fracaso resulta inaceptable. Por eso, muchas veces se evita poner un punto final y se mantiene abierta la posibilidad de hacer ajustes interminables”, advirtió Taibbi.

Según el experto, detrás de cada episodio de abandono existen emociones como el aburrimiento, la decepción, la frustración, el agobio o la autoexigencia desmedida. Todas estas sensaciones refuerzan un patrón en el que renunciar se convierte en una estrategia para evitar el malestar emocional generado por la insatisfacción con el proceso o los resultados.
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Diagnóstico y abordaje

La clave para superar este patrón reside en reconocer y aceptar el trasfondo emocional y conductual personal. Tal como argumentó Taibbi, los auténticos obstáculos residen menos en las dificultades técnicas de los proyectos y más en factores como una baja tolerancia al conflicto, expectativas poco realistas, dificultad para gestionar el aburrimiento o una autocrítica persistente.
Cuando el desafío se encuentra en patrones de pensamiento —como la autocrítica o la ansiedad ante la posibilidad de fracasar—, Taibbi aconsejó buscar apoyo en psicoterapia, aunque también destacó la utilidad de recursos menos formales: compartir ideas con amigos antes de iniciar proyectos, intercambiar perspectivas, o participar en actividades grupales para mantener la motivación.
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“Puedes pedirle a un amigo que te ayude a mantener la motivación: alguien con quien hablar una vez por semana para informar sobre tu progreso o para darte ánimos cuando tengas ganas de rendirte”, concluyó.
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