
Un estudio publicado en Communications Psychology revela que los sueños humanos no son aleatorios, sino que están marcadamente influidos por la personalidad y las experiencias de cada individuo, así como por sucesos colectivos de alto impacto, como la pandemia de COVID-19.
Según los investigadores de la IMT School for Advanced Studies Lucca (Italia), el análisis masivo de relatos oníricos mediante inteligencia artificial evidencia que el cerebro transforma y reorganiza recuerdos y emociones recientes en escenarios complejos durante el sueño, cumpliendo funciones clave en la consolidación de la memoria, la regulación emocional y la creatividad.
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“Nuestros hallazgos muestran que la actividad onírica no son solo un reflejo de experiencias pasadas, sino un proceso dinámico moldeado por quiénes somos y lo que vivimos”, comentó a SINC Valentina Elce, investigadora en la IMT School y autora principal del estudio.
Los sueños en pandemia

Durante la pandemia, el estudio observó un aumento de referencias a restricciones, emociones negativas y sensaciones de encierro en los sueños. Esta influencia directa de los acontecimientos sociales globales ofrece una de las pruebas más claras del vínculo sistemático entre vivencias compartidas y el contenido onírico, afirmó Elce, quien remarcó que “lo más llamativo fue ver cómo una experiencia social compartida se reflejaba con tanta claridad en distintas personas”.
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“Durante el confinamiento, los sueños incorporaban referencias a la limitación y a la intensidad emocional, y estos efectos se fueron atenuando con el tiempo”, añadió.
La investigación, realizada en colaboración con la Universidad Sapienza de Roma y la Universidad de Camerino, se basó en el estudio de 3.700 descripciones de sueños y experiencias de vigilia recogidas durante dos semanas entre 287 adultos de 18 a 70 años, entre 2020 y 2024.
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“El segundo conjunto de datos independiente, recopilado durante el primer confinamiento por la COVID-19 en 2020 (80 participantes), nos permitió examinar el impacto de un importante factor de estrés externo en la semántica de los sueños", señalaron los investigadores.
A lo largo de ese periodo, los voluntarios registraron sus actividades diarias y sus sueños al despertar. Con estos datos, los especialistas analizaron la influencia de factores como las capacidades cognitivas, los rasgos de personalidad y variables psicológicas individuales sobre la narrativa de los sueños, indicó Elce.
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La inteligencia artificial revela patrones inexplorados en los sueños
El equipo empleó técnicas avanzadas de procesamiento del lenguaje natural (NLP) —una rama de la inteligencia artificial— para identificar patrones sistemáticos y medibles en miles de relatos. A través de este enfoque, fue posible comparar las narraciones de sueños con las propias descripciones diurnas de cada participante y determinar cómo se reorganizan los recuerdos en la mente mientras dormimos.

“Queríamos determinar si los sueños presentan patrones sistemáticos y medibles, en lugar de ser puramente aleatorios, y cómo esos patrones difieren de la experiencia en vigilia”, explicó la autora.
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Elce señaló que, si bien los sueños incorporan fragmentos del día a día —como elementos del trabajo o la educación—, lo hacen transformando esas experiencias en narrativas inmersivas, inusuales y cargadas de emociones.
Según los autores, “los sueños implican una recombinación activa de las experiencias de vigilia: se seleccionan, reorganizan e integran recuerdos, emociones y preocupaciones futuras”. Este proceso coincide con teorías que ven el sueño como una vía de consolidación de la memoria y de gestión emocional. Los modelos de IA utilizados por el equipo coincidieron ampliamente con la evaluación de expertos humanos, lo que valida el uso de estas herramientas para estudiar la actividad onírica en grandes poblaciones.
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La individualidad y lo colectivo modelan el contenido onírico

El estudio identificó claros contrastes entre los relatos de quienes tienden a la divagación mental y quienes conceden mayor valor y atención a sus propios sueños. Las personas de mente más dispersa narraron contenidos fragmentados y cambiantes, mientras que quienes consideran importantes sus sueños los describieron de manera más vívida y rica. Esta diferenciación individual, destacó Elce, se sostiene incluso tras descontar el estilo narrativo característico de cada participante.
Al comparar sistemáticamente los relatos oníricos con las descripciones de la vigilia, el equipo comprobó que “aunque el lenguaje siempre actúa como filtro, también es una herramienta muy informativa” y que las diferencias detectadas no son solo efecto del modo de narrar, sino que remiten a experiencias reales durante el sueño.
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El artículo concluye que los sueños son el resultado de la interacción entre rasgos personales estables y experiencias cambiantes, lo que abre oportunidades para nuevas investigaciones sobre la conciencia, los mecanismos de la memoria y la salud mental a escala poblacional.
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