
Cada año, millones de personas reciben un diagnóstico de cáncer de hígado o de páncreas, dos tumores que la medicina lleva décadas intentando doblegar.
Un grupo de investigadores de los Estados Unidos encontró una manera de usar bacterias como “taxis moleculares” para llevar un virus al interior de las células cancerosas y destruirlas desde adentro, con resultados prometedores en ratones.
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Demostraron que la estrategia reduce los tumores de hígado y páncreas, aumenta la supervivencia y genera una respuesta inmune que impidió la reaparición del cáncer en ratones. La investigación fue publicada en la revista Cell Reports Medicine.
El trabajo fue de Shradha Khanduja, Vishnu Raman, Christopher Hall, Lars Howell, Nele Van Dessel y Neil Forbes, de la Universidad de Massachusetts en Amherst, en Estados Unidos.
El virus que nunca llegaba

Los virus oncolíticos pueden destruir células cancerosas sin dañar las sanas, pero el sistema inmune los elimina antes de que lleguen al tumor. Llevan años siendo estudiados como posible tratamiento contra el cáncer.
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Según los investigadores, menos del 0,001% de los virus inyectados por vía intravenosa alcanza la zona donde crece el tumor. Ante esa limitación, los médicos recurren a inyectarlos directamente en el tumor, una opción que no sirve cuando el tumor está en un órgano interno de difícil acceso.
El cáncer de hígado y el de páncreas son el tercero y cuarto tipo de cáncer con más muertes en el mundo. Ambos tienen pocas opciones de tratamiento.

Al considerar ese panorama, los investigadores de la Universidad de Massachusetts buscaron transportar el material genético del virus hasta el tumor por vía intravenosa, sin que el sistema inmune lo destruya. Los investigadores intentaron que ese material se active dentro de las células cancerosas y las destruya desde adentro.
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El equipo también quiso averiguar si ese proceso generaba memoria inmune, es decir, si el cuerpo aprendía a reconocer y frenar ese cáncer en el futuro.
Además, los investigadores buscaron demostrar que la terapia era segura, que podía repetirse varias veces y que superaba al tratamiento estándar y a la inyección directa del virus.
La bacteria que se destruye para salvar

El equipo tomó una cepa de Salmonella inofensiva y la convirtió en un “taxi molecular”: la modificó para que llevara dentro el material genético del parvovirus H-1, un virus de rata que destruye células cancerosas sin tocar las sanas. A ese sistema lo llamaron VDS.
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Una vez inyectadas por vía intravenosa, las bacterias VDS viajaron por la sangre y se concentraron en los tumores 50 millones de veces más que en los órganos sanos. Una vez adentro, la bacteria invade las células cancerosas, se autodestruye y les entrega el material genético del virus.
Lo que ocurre después es lo más llamativo del estudio: la propia célula cancerosa usa ese material para fabricar el virus, que la destruye desde adentro y contagia a las células vecinas.
Los investigadores compararon esos resultados con sorafenib, el tratamiento estándar para el cáncer de hígado, y con la inyección directa del virus sin bacteria.
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El volumen tumoral se redujo hasta un 87% en los experimentos con inyección directa en el tumor. La inyección intravenosa produjo los mismos resultados, lo que confirmó que la bacteria protege el material genético mientras viaja por la sangre.
El tratamiento VDS superó al sorafenib y a la inyección directa del virus, que tuvieron resultados similares a no recibir tratamiento. Ningún ratón tratado con VDS murió por crecimiento tumoral durante los 93 días del estudio.
El experimento de memoria inmune fue igual de contundente: células del bazo de ratones tratados con VDS se trasplantaron a ratones sanos. El 100% de los receptores no desarrolló tumores al exponerse a células cancerosas, frente al 75% que sí los desarrolló sin tratamiento.
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Los investigadores advirtieron que todos los experimentos se hicieron en tumores debajo de la piel en ratones, lo que no replica la estructura real de los tumores internos en humanos. Reconocieron que esa diferencia limita la extrapolación de los resultados a pacientes.
La investigación tampoco midió la distribución del virus en tejidos fuera del tumor ni la velocidad de producción viral dentro de las células infectadas. Los investigadores señalaron que esos puntos requieren más estudios.
Pero resaltaron que la plataforma VDS tiene potencial para adaptarse a otros virus oncolíticos y a otros tipos de cáncer. Destacaron que con ese sistema no hace falta producir ni purificar virus en laboratorio, un proceso largo y costoso.
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Basta con introducir el material genético del virus en la bacteria, que es mucho más fácil y barata de cultivar.
Lo que falta saber

En diálogo con Infobae, la doctora Karina Mariño, investigadora del Laboratorio de Glicómica Funcional y Molecular del Instituto de Biología y Medicina Experimental (IBYME) del Conicet en Buenos Aires, Argentina, comentó tras leer el estudio: “Los tumores subcutáneos pueden proveer información muy útil para evaluar potenciales intervenciones. Sin embargo, hay muchas diferencias en el desarrollo y las características del tumor resultante, especialmente si se considera el cáncer de hígado o de páncreas”.
Los resultados presentados en la revista Cell Reports Medicine “son interesantes, pero todavía queda un largo camino de evaluaciones (por ejemplo, estudios en otros modelos preclínicos y ensayos clínicos) antes de llegar a contar con un tratamiento en pacientes”.
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Además, la científica aclaró: “La bacteria desarrollada en este estudio fue modificada para reducir su capacidad patogénica y para depender de nutrientes específicos de manera estricta, sin los cuales no sobrevive. Además, su modificación genética le impide mutar con facilidad para adaptarse a nuevos ambientes o desarrollar resistencia a antibióticos. De todos modos, antes de llegar a los pacientes, este potencial tratamiento deberá ser evaluado en un ensayo clínico, en el que se determinará su seguridad”.
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