
El debate ya no se limita al quirófano: crece impulsado por nuevas terapias y enfoques de acompañamiento emocional que ponen en el centro la salud integral de las pacientes. En el pódcast El Show del Dr. Hyman, el médico Mark Hyman junto a Jonathan Kanevsky profundizaron en los riesgos de los implantes mamarios y abrieron la puerta a alternativas más seguras, en un debate que impacta a millones de mujeres en todo el mundo.
Kanevsky, cirujano plástico y asesor en neurociencia de datos, aportó su enfoque de cirugía como ceremonia y compartió nuevas estrategias que van desde experiencias clínicas hasta avances en injerto de grasa.
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La discusión abordó cómo los implantes mamarios pueden ocasionar diversas complicaciones, incluyendo la llamada “enfermedad por implante mamario”. Esta genera síntomas inmunológicos generales, contracción capsular y tumores poco frecuentes como el linfoma anaplásico de células grandes asociado.
Según Kanevsky, la tasa de complicaciones reales se acerca al 30%. Esto vuelve prioritario desarrollar soluciones como el injerto de grasa y aplicar protocolos quirúrgicos orientados al bienestar integral, con un respaldo a la paciente tanto físico como psicológico.

Riesgos y complicaciones de los implantes mamarios
“La profesión médica lleva años minimizando el sufrimiento de las mujeres con implantes”, afirmó Hyman, alertando sobre los frecuentes episodios en que las pacientes sufren síntomas difíciles de diagnosticar y no son escuchadas. Y añadió: “He visto numerosos casos de mujeres con enfermedades graves relacionadas con sus implantes, y es impresionante cómo mejoran cuando se los retiran”.
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“Hasta que no pueda predecir quién tendrá una reacción adversa, es poco ético seguir colocando implantes por motivos estéticos”, puntualizó Kanevsky.
El especialista recordó que al inicio creía que estos problemas eran poco frecuentes, pero la suma de consultas clínicas y publicaciones científicas modificó radicalmente esa percepción. Según él, los síntomas pueden abarcar fatiga, dolor articular, caída de cabello, ojos secos, ansiedad y depresión.

Hyman recordó que, en 2020, la agencia reguladora estadounidense reconoció oficialmente la “enfermedad por implante mamario” como una condición legítima, y no meramente psicológica. Ambos especialistas apuntaron que, cuando el explante se realiza bajo acompañamiento profesional y con un examen adecuado, se observan mejoras notables en la mayoría de los casos.
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No obstante, Kanevsky subrayó que la cirugía de retirada de implantes implica retos técnicos, en especial si la cápsula fibrosa está adherida a la pared torácica, lo que eleva el riesgo de complicaciones. Puso de relieve la importancia de un seguimiento basado en protocolos estrictos y compasivos.
Alternativas al implante: injerto de grasa y tecnologías emergentes
La conversación presentó opciones consideradas más seguras. Kanevsky explicó que el injerto de grasa es la opción más natural, ya que utiliza la grasa obtenida por liposucción de una zona del cuerpo para esculpir el busto mediante pequeños injertos.
“Es literalmente como plantar células madre, luego se integran gracias al crecimiento de nuevos vasos sanguíneos”, apuntó. Si bien el resultado suele ser más natural y menos voluminoso que el de los implantes, en ciertos casos puede requerirse más de una intervención para lograr el volumen deseado.
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Kanevsky también detalló alternativas para pacientes con escasa grasa accesible, como la tecnología acellular, que incorpora productos derivados de tejido adiposo procesado de donante y “expande el abanico de soluciones cuando la propia paciente no es candidata”.

Entre las novedades, se encuentra el banco de tejido adiposo, una técnica que permite recolectar y congelar la grasa de la paciente para futuros procedimientos. Según adelantó Kanevsky, en un plazo de dos a cinco años podría volverse habitual cultivar células grasas propias en laboratorio y emplearlas clínicamente.
En relación a los riesgos, aclaró que las complicaciones del injerto de grasa son fundamentalmente infección, sangrado o necrosis de pequeñas áreas. Sin embargo, confirmó que el procedimiento “no aumenta el riesgo basal de cáncer de mama ni impide la interpretación de estudios de imagen por parte de radiólogos experimentados”.
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Cirugía como ceremonia y visión integral del paciente
Kanevsky compartió su protocolo de cirugía como ceremonia, que redefine la intervención quirúrgica como una experiencia de transformación física y psicológica. Señaló que “hay una intención y un acompañamiento emocional que comienza mucho antes de la cirugía”.
El protocolo incluye sesiones previas de apoyo psicológico, identificación de mantras personales, selección específica de música y técnicas de relajación, facilitando que la paciente llegue en las mejores condiciones posibles al quirófano.
Durante la operación se integran los mensajes y canciones preferidos de la paciente, y en el postoperatorio se recomiendan terapias de integración como acupuntura, drenaje linfático y péptidos reparadores.
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“Faltan protocolos de apoyo específicos después de una cirugía, pero con herramientas adecuadas, la recuperación se potencia enormemente”, señaló Hyman, al reconocer el valor de este enfoque.
Además, Kanevsky remarcó la importancia de personalizar el proceso y conceder a cada paciente el espacio necesario para reflexionar antes y después del procedimiento: “Preparar la mente y el cuerpo es tan importante como la destreza técnica”.

Ambos coincidieron en la relevancia de acompañar a la paciente en la aceptación de su nueva imagen. El objetivo de este apoyo es considerar los cambios de identidad, el impacto emocional y la adaptación tras la explantación.
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De acuerdo con Kanevsky, la meta es avanzar hacia un escenario en el que los implantes mamarios sean innecesarios, priorizando alternativas que favorezcan la salud integral y la seguridad de las pacientes, sin relegar los aspectos psicológicos y de bienestar.
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