
Los monos mirikiná son primates nativos de América del Sur que habitan el Gran Chaco, una extensa región de llanuras y bosques que se extiende por la Argentina, Paraguay y Bolivia.
Científicos de la Universidad de Yale, Estados Unidos, y de la Argentina descubrieron que una población de esos pequeños monos pesa hoy unos 50 gramos más que hace 25 años, y todo indica que el calentamiento del planeta tuvo algo que ver.
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Lo que hace al hallazgo tan llamativo es que contradice una regla científica que predice exactamente lo opuesto: que los animales deberían adelgazar a medida que el planeta se calienta.
Es la primera vez que un estudio vincula el cambio climático con variaciones de peso en primates no humanos silvestres. Lo publicaron en la revista Proceedings of the Royal Society B.
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El hallazgo fue realizado por Jonathan Alexander Pertile, doctorando en Antropología de la Universidad de Yale; Eric Sargis, profesor de Antropología en esa misma casa de estudios; y Eduardo Fernández-Duque, nacido en Argentina, profesor en Yale y director del Proyecto Mirikiná en la Fundación ECO de Formosa.
En diálogo con Infobae, el doctor Fernández-Duque señaló: “El aumento de peso que documentamos no ocurrió en un individuo durante su propia vida. Lo que encontramos es que los mirikiná de hoy pesan más que los individuos que vivían hace 25 años”.
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Además el científico detalló: “Sabemos que la termorregulación es muy importante en esta especie, que vive en el Chaco argentino, donde a veces hace mucho más frío que en las selvas tropicales de la Amazonia. Cuando las temperaturas son más cálidas durante el primer año de vida, los monos gastan menos energía en calentarse, y esa energía sobrante podría convertirse en mayor peso corporal".
Cuando el calor engorda en vez de adelgazar

Desde 1848, la ciencia aplica la llamada regla de Bergmann para entender la relación entre temperatura y tamaño corporal en animales de sangre caliente.
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Esa regla establece que los individuos de una misma especie que viven en climas fríos tienden a ser más grandes que los de climas cálidos, porque un cuerpo voluminoso retiene mejor el calor.
Aplicada al cambio climático, esa lógica lleva a predecir que las especies deberían volverse más livianas a medida que las temperaturas suben, ya que un cuerpo más pequeño pierde calor con mayor facilidad.
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Varios estudios en aves, roedores y peces habían encontrado evidencia de ese patrón, pero los datos sobre primates salvajes eran prácticamente inexistentes.
Veinticuatro años de seguimiento

El equipo analizó 287 mediciones de peso tomadas a 180 monos mirikiná (cuyo nombre científico es Aotus azarae azarae) entre 1999 y 2023 en un establecimiento ganadero privado en Formosa.
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Los animales fueron pesados en tres etapas de su vida: como crías aún integradas a su grupo de origen, como jóvenes adultos solitarios en búsqueda de pareja, y como adultos reproductivos ya establecidos en un territorio.
El peso promedio de los adultos reproductivos se ubicó en 1.300 gramos, con variaciones entre 1.010 y 1.590 gramos, sin diferencias significativas entre machos y hembras.
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Al comparar las mediciones a lo largo de ese período, se detectó un aumento de aproximadamente 20 gramos por década, lo que se traduce en unos 50 gramos más en 2023 respecto de 1999, equivalente al 4% del peso adulto promedio.

En ese mismo lapso, la temperatura media diaria en la región subió más de 1 grado: pasó de 22,2 grados en 1999 a 23,8 grados en 2023, según datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de los Estados Unidos.
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La longitud corporal de los animales, en cambio, no mostró variaciones comparables en ese período.
El análisis evaluó varias variables que podrían explicar el aumento de peso: disponibilidad de frutos, estado reproductivo y estructura etaria de la población. Ninguna fue tan explicativa como la temperatura durante el primer año de vida.
A mayor temperatura en ese primer año, mayor peso de adulto: esa fue la correlación más robusta que encontró el equipo, por encima de la disponibilidad de alimento y del estado reproductivo de los animales.
La hipótesis más respaldada por los datos indica que el calor durante el desarrollo posnatal, es decir, los primeros meses después del nacimiento, redujo el gasto energético destinado a la termorregulación, que es la capacidad del cuerpo de mantener su temperatura interna estable.
Con menos energía gastada en calentarse, los animales habrían tenido un excedente calórico que se convirtió en masa corporal.

Ese proceso tiene nombre en biología: lo llaman “plasticidad fenotípica” y es la capacidad de un organismo de cambiar sus características físicas en respuesta al ambiente, sin que sus genes se alteren.
El estudio sugiere que ese mecanismo, y no un cambio genético, explica por qué los mirikiná de hoy son más pesados que los de hace dos décadas.
El fenómeno también explica por qué el peso subió pero la longitud no: cuando las necesidades básicas de desarrollo ya están cubiertas, las calorías extra no necesariamente producen mayor estatura, algo que también ocurre en poblaciones humanas de países con alto nivel de desarrollo económico.
La selección natural —es decir, la ventaja reproductiva de los individuos más pesados— tampoco alcanza a explicar el cambio: la simulación arrojó una respuesta de apenas 2 gramos por generación, muy por debajo del aumento registrado.
“La evidencia indica que el aumento de peso se debe a que los mirikiná tienen una respuesta plástica a la temperatura ambiental. Así como un jugador de fútbol tiene flexibilidad para adaptarse a jugar en la altura, estos monos tuvieron flexibilidad para adaptarse a temperaturas más cálidas. No tenemos pruebas de que hayan evolucionado con un aumento de peso con cambios genéticos", comentó el doctor Fernández-Duque en el diálogo con Infobae.
“Si las temperaturas siguieran subiendo, en algún momento ese margen de flexibilidad se agotaría, como por ejemplos nosotros los seres humanos podemos jugar al fútbol en La Paz, Bolivia, pero no en el Everest. Podrían aparecer cambios en la mortalidad, donde los individuos menos flexibles sean los más afectados”, advirtió.
Lo que queda por responder

Los investigadores señalaron que, pese a la solidez de los datos, persiste incertidumbre real sobre si el cambio climático es la causa directa del aumento de peso, ya que el incremento predicho por el modelo no iguala del todo el observado en campo.
Recomendaron que se debería ampliar el muestreo a otras especies de primates y animales de difícil seguimiento, para saber si este patrón se repite en otros contextos y regiones del mundo.
Entre las limitaciones, los investigadores reconocieron que no es posible descartar por completo otras variables, como cambios en la presión de depredación o en la función inmune asociada a la temperatura.
El Proyecto Mirikiná acumula más de 28 años de datos continuos sobre esta población en Formosa, una base que los propios investigadores describieron como punto de partida para entender cómo un planeta más cálido transforma también a la fauna silvestre.
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