
Las últimas investigaciones realizadas por la prestigiosa Universidad de Pensilvania han revelado que las espumas, comúnmente presentes en productos cotidianos, exhiben un comportamiento dinámico cuya organización interna se asemeja al aprendizaje profundo utilizado en la inteligencia artificial. Este hallazgo cuestiona décadas de supuestos científicos y abre nuevas posibilidades para la comprensión de los materiales adaptativos y los sistemas vivos, según el informe publicado recientemente y citado por la revista tecnológica Wired.
A diferencia de la interpretación tradicional que consideraba a las burbujas de las espumas como estructuras estables, el equipo liderado por John C. Crocker, profesor de ingeniería química y biomolecular, demostró mediante simulaciones por computadora que las burbujas mantienen su apariencia externa pero no permanecen fijas a nivel microestructural.
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Las partículas se reorganizan constantemente en su interior y se desplazan a través de una enorme variedad de configuraciones posibles, un fenómeno muy cercano al que ocurre durante el entrenamiento de herramientas de inteligencia artificial. Según el estudio, “la espuma se reorganiza constantemente”, lo que sugiere propiedades hasta ahora no consideradas.
Crocker señaló a la revista tecnológica: “Es un descubrimiento que las burbujas y los sistemas de IA modernos parezcan seguir los mismos principios matemáticos. No sabemos por qué, pero esto podría cambiar de manera significativa nuestra forma de pensar acerca de los materiales adaptativos y los sistemas vivos”.
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Similitudes matemáticas entre espumas y aprendizaje profundo en IA
Desde hace aproximadamente 20 años, existían indicios de que la descripción tradicional de las espumas no coincidía con los datos empíricos. Faltaban herramientas matemáticas para abordar el comportamiento de sistemas en cambio constante y sin una configuración estable. El avance se produjo cuando los investigadores aplicaron técnicas inspiradas en la inteligencia artificial, particularmente en el aprendizaje profundo.
Los sistemas modernos de IA aprenden ajustando de forma continua valores numéricos durante el entrenamiento, un proceso guiado por el descenso de gradiente, un algoritmo de optimización que dirige el sistema para minimizar errores. Según Robert Riggleman, investigador de la universidad, la clave del rendimiento de los modelos de IA reside en “permanecer en una región plana donde muchas soluciones funcionan igual de bien”, lo que evita el sobreajuste y aumenta la robustez frente a información nueva o condiciones variables.
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Tras analizar el movimiento de las burbujas bajo esta perspectiva matemática, el grupo identificó que, similar al trayecto de la inteligencia artificial, las estructuras de las espumas nunca se fijan en posiciones profundas y estables.
Más bien, “las partículas de la burbuja se movieron a través de una amplia gama de configuraciones igualmente posibles”, reveló Riggleman. Esta dinámica constante replica, a escala microscópica, el mismo tipo de optimización y adaptabilidad que caracteriza al aprendizaje automático.
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Implicancias para nuevos materiales y biología celular
El hallazgo no solo redefine el conocimiento sobre la espuma, sino que sugiere la existencia de un principio matemático organizador común entre sistemas físicos, biológicos e informáticos. La facilidad para generar y observar burbujas las posiciona como modelos ideales para el estudio de materiales densos y complejos, como el interior de las células vivas.
El equipo investigador ahora retoma el estudio del citoesqueleto, la red de soporte interna de las células, cuya estabilidad superficial esconde una reorganización perpetua a nivel molecular. Este paralelismo podría permitir el diseño de nuevos materiales capaces de adaptarse a su entorno mediante principios matemáticos tomados de la inteligencia artificial.
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La pregunta central, reconocida por los propios científicos, radica en entender por qué los conceptos del aprendizaje profundo aplican con tanta precisión para describir el comportamiento de las espumas, lo que invita a repensar los límites de la inteligencia artificial y su conexión con fenómenos físicos y biológicos. Según la conclusión compartida en Wired, estas técnicas de aprendizaje automático podrían abrir nuevas vías de investigación interdisciplinaria.
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