
Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), casi 50 millones de personas en todo el mundo tienen epilepsia, lo que la convierte en una de las enfermedades neurológicas más comunes a nivel mundial.
Esta enfermedad, caracterizada por convulsiones recurrentes y episodios de pérdida de conciencia, es una de las enfermedades neurológicas más antiguas y extendidas del mundo.
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Un reciente estudio realizado en la Washington University School of Medicine reveló cómo la dieta cetogénica—caracterizada por un alto contenido de grasas y una restricción de carbohidratos— logra reducir las convulsiones en la epilepsia no solo a través de cambios metabólicos, sino también mediante modificaciones físicas en las células cerebrales, las cuales alteran de manera directa la comunicación neuronal.
El impacto del cambio metabólico

En la mayoría de los niños con epilepsia resistente a medicamentos, la dieta cetogénica solo es efectiva cuando hasta el 90% de las calorías diarias provienen de fuentes ricas en grasa, siempre según expertos. Cuando la adherencia es estricta, se ha comprobado que esta dieta puede disminuir las crisis epilépticas aproximadamente en un 50% de los casos.
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Según Ghazaleh Ashrafi, profesora asociada en el Departamento de Biología Celular y Fisiología de la Washington University School of Medicine, muchos pacientes no consiguen mantener este régimen debido a la dificultad que implica, y cualquier desviación puede comprometer la eficacia del tratamiento.
El fundamento metabólico de la dieta se basa en que el hígado genera cetonas como alternativa a la glucosa habitual derivada de carbohidratos. Así, las neuronas emplean estas cetonas como fuente de energía ante la escasez de glucosa, lo que se ha vinculado con la reducción de episodios epilépticos. Sin embargo, hasta este estudio, no se conocían con detalle las alteraciones celulares específicas detrás de este efecto.
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Hacia nuevas terapias para la epilepsia

El equipo dirigido por Ashrafi, en colaboración con Gabor Egervari y Vitaly A. Klyachko, estudió ratones alimentados exclusivamente con preparados ricos en grasa para analizar las consecuencias en la actividad genética del hipocampo, región cerebral clave en el origen de las convulsiones. Gracias a la observación directa, identificaron cientos de cambios en la expresión génica, especialmente en aquellos genes vinculados a la función de las sinapsis, los puntos de contacto y comunicación entre células cerebrales.
Al examinar el funcionamiento sináptico, los investigadores identificaron que las señales excitatorias —responsables de activar otras neuronas— disminuían de forma significativa, mientras que los neurotransmisores inhibitorios que atenúan la respuesta neuronal aumentaban. Esta regulación conjunta genera un entorno cerebral menos predispuesto a la hiperactividad eléctrica típica de la epilepsia.
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Utilizando microscopía de alta resolución, los científicos demostraron que los ratones bajo dieta cetogénica presentaban un número reducido de vesículas presinápticas con compuestos excitatorios en comparación con los alimentados con dieta estándar. Estas vesículas, encargadas de almacenar y liberar neurotransmisores, al disminuir en número, contribuyen a la reducción de la comunicación entre neuronas observada en el estudio.
Según Harvard Health, “la dieta cetogénica se utiliza para ayudar a reducir la frecuencia de las convulsiones epilépticas en niños. Busca obligar al cuerpo a usar un tipo diferente de combustible. En lugar de depender del azúcar (glucosa) proveniente de carbohidratos (como cereales, legumbres, verduras y frutas), se basa en cuerpos cetónicos, un tipo de combustible que el hígado produce a partir de la grasa almacenada”.
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Ashrafi indicó que este avance permite identificar los cambios celulares clave necesarios para el efecto anticonvulsivo, abriendo la puerta a replicarlos mediante fármacos u otras intervenciones sin exigir a los pacientes someterse a una dieta restrictiva.
“La clave está en imitar las modificaciones moleculares por las que las neuronas producen menos vesículas de tipo excitatorio, logrando así el mismo resultado terapéutico sin modificar radicalmente la dieta”, afirmó Ashrafi.
El estudio sugiere que replicar farmacológicamente este proceso podría abrir nuevas estrategias en el control de la epilepsia y de otras enfermedades neurológicas vinculadas a la excitabilidad neuronal.
Desde la Universidad de Harvard señalan que la dieta cetogénica exige un consumo elevado de grasas en cada comida. En un plan de 2.000 calorías diarias, esto puede equivaler a 165 gramos de grasa, 40 gramos de carbohidratos y 75 gramos de proteína, aunque las proporciones se ajustan según las necesidades individuales. Se permiten grasas insaturadas saludables, presentes en frutos secos como almendras y nueces, semillas, aguacates, tofu y aceite de oliva. También se recomienda ingerir grasas saturadas provenientes de aceites como el de palma y coco, manteca de cerdo, mantequilla y manteca de cacao en cantidades significativas.
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En cuanto a las proteínas, la dieta cetogénica no suele distinguir entre opciones magras y fuentes con alto contenido de grasas saturadas, como la carne de res, cerdo o tocino.
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