
Durante mucho tiempo, la grasa abdominal fue vista solo como una reserva de energía. Sin embargo, un estudio internacional liderado por el Karolinska Institutet, en Suecia, sugiere que parte de este tejido cumple funciones más activas, especialmente la grasa ubicada cerca del colon, una sección del intestino grueso.
Los resultados, publicados en la revista científica Cell Metabolism, muestran que esta grasa contiene una gran cantidad de células del sistema inmunológico, es decir, las encargadas de defender al cuerpo frente a infecciones. Esto indica que no se trata solo de un tejido pasivo, sino de una zona que podría participar en los mecanismos de defensa del intestino.
Qué tiene de especial la grasa que rodea al colon
La investigación se realizó en personas con obesidad y comparó cinco tipos distintos de depósitos abdominales. Se analizaron tanto la grasa que está debajo de la piel como la grasa que rodea a los órganos internos, conocida como grasa visceral.
Entre todos los tejidos estudiados, la región próxima al colon se destacó por tener más células relacionadas con la inflamación y con la respuesta inmunológica. Esto sugiere que este tejido estaría preparado para reaccionar ante señales que provienen del intestino, donde conviven millones de bacterias que forman la llamada microbiota intestinal.

En otras palabras, esta grasa estaría ubicada en una especie de “zona de contacto” entre el sistema digestivo y el sistema de defensas del cuerpo.
Cómo se activa la respuesta defensiva
Los científicos observaron que ciertas señales bacterianas pueden estimular a las células grasas para que produzcan proteínas que activan a otras células del sistema inmunológico. Una de estas proteínas es la amiloide sérica A, que actúa como una especie de mensajero que pone en alerta a las defensas locales.
Esto significa que, ante determinados estímulos, la grasa cercana al colon puede ayudar a coordinar una respuesta inmunológica, algo que antes no se asociaba directamente con el tejido graso.
“El tejido graso no solo almacena energía, también funciona como un órgano activo que envía señales al resto del cuerpo”, explicó Jiawei Zhong, coautor del estudio. Además, aclaró que no toda la grasa abdominal es igual: existen distintos tipos con funciones específicas según su ubicación.

El equipo también comparó la grasa subcutánea con diferentes tipos de grasa visceral. La que rodea al colon mostró una mayor cantidad de glóbulos blancos, que son las células encargadas de detectar y combatir amenazas.
Esto sugiere que este tejido está especialmente adaptado para convivir cerca del intestino, donde el contacto con bacterias es permanente. Cuando ese equilibrio se altera, el sistema inmunológico debe responder para evitar infecciones o inflamación excesiva.
El estudio también mostró que sustancias vinculadas a procesos inflamatorios pueden activar este sistema de señales entre la grasa y las defensas, reforzando la idea de que existe una comunicación constante entre ambos.
Qué significa esto para la salud
Los autores aclararon que, por ahora, los resultados solo se observaron en personas con obesidad y que no se pueden aplicar directamente al resto de la población. Tampoco hay implicancias médicas inmediatas ni cambios en tratamientos.
Sin embargo, el hallazgo abre nuevas preguntas sobre el posible rol de este tejido en enfermedades inflamatorias del intestino, como la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa, donde el sistema inmunológico reacciona de manera desmedida y daña el propio tejido intestinal.

La investigadora Jutta Jalkanen explicó que los próximos estudios buscarán determinar si esta grasa contribuye a sostener o intensificar los procesos inflamatorios y cómo podría influir en la evolución de estas enfermedades.
La investigación refuerza una idea cada vez más presente en la ciencia: no toda la grasa cumple la misma función y algunos tipos de tejido graso participan activamente en procesos biológicos importantes.
Aunque todavía falta mucho por investigar, estos resultados sugieren que la grasa que rodea al colon podría formar parte de los mecanismos de defensa del intestino, lo que cambia la forma tradicional de entender su rol en el organismo.
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