Un medicamento para el asma mostró efectos positivos en el tratamiento del hígado graso: cómo funciona

Científicos de Carolina del Sur identificaron, en modelos animales, que el fármaco estimula la generación de nuevas mitocondrias en las células hepáticas, mejora la capacidad para metabolizar lípidos y reduce el daño estructural del órgano

Guardar
Google icon
Modelo 3D translúcido de un hígado humano con inflamación, rodeado de moléculas de colores brillantes dentro de un marco de luz en un laboratorio.
Un medicamento clásico para el asma, como el formoterol, muestra capacidad para revertir el daño hepático en modelos animales de MASH (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un medicamento ampliamente utilizado para tratar el asma podría abrir una nueva vía terapéutica contra una de las enfermedades hepáticas más frecuentes y preocupantes del mundo.

Investigadores de la Medical University of South Carolina descubrieron que el formoterol —un fármaco empleado desde hace años en patologías respiratorias— logró revertir daño hepático en modelos animales con esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica (MASH), una enfermedad vinculada con obesidad y diabetes.

PUBLICIDAD

El hallazgo, publicado en la revista científica npj Metabolic Health and Disease, despierta interés porque el formoterol ya cuenta con un largo historial de uso clínico y seguridad en humanos. Eso podría acelerar futuros ensayos y facilitar, eventualmente, una alternativa más económica frente a tratamientos actuales todavía limitados.

La MASH —antes conocida como NASH— representa una forma avanzada de hígado graso. Ocurre cuando la acumulación excesiva de grasa en el órgano desencadena inflamación y lesiones celulares persistentes. Con el tiempo, el tejido hepático comienza a endurecerse, un proceso llamado fibrosis, que puede evolucionar hacia cirrosis, insuficiencia hepática e incluso cáncer.

PUBLICIDAD

Infografía sobre el Formoterol y el daño hepático, mostrando ilustraciones de hígados sanos y dañados, diagramas celulares, investigación en animales y gráficos estadísticos.
Investigadores de la Medical University of South Carolina descubren que el formoterol, usado en patologías respiratorias, reduce grasa y fibrosis hepática (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según especialistas, el aumento global de la obesidad, la diabetes tipo 2 y el síndrome metabólico convirtió a esta enfermedad en una de las principales causas de trasplante hepático en numerosos países.

El hígado funciona como una gran planta de procesamiento químico del organismo: filtra sustancias, regula el metabolismo y almacena energía. Cuando la grasa empieza a acumularse dentro de sus células, el sistema continúa funcionando durante años casi sin síntomas. El problema aparece cuando esa acumulación deja de ser “pasiva” y comienza a generar inflamación crónica y daño estructural.

Hasta hace poco, no existían tratamientos farmacológicos específicos para la MASH. Actualmente, algunos medicamentos recientes —como Semaglutida y Resmetirom— mostraron beneficios parciales, aunque todavía presentan limitaciones de eficacia, costos elevados y posibles efectos adversos.

Un hallazgo inesperado durante otra investigación

El descubrimiento surgió de manera accidental. El equipo liderado por Joshua Lipschutz estudiaba el efecto del formoterol sobre la enfermedad renal diabética en ratones cuando observó algo llamativo: los animales tratados también tenían menos grasa acumulada en el hígado.

“De manera inesperada, vimos que el daño hepático también se revertía”, explicó Lipschutz en un comunicado difundido por la universidad. A partir de esa observación, los investigadores iniciaron una nueva línea de trabajo junto a Jessica Hartman y Don Rockey para analizar específicamente el impacto hepático del medicamento.

Tres científicos en batas blancas y guantes azules trabajan en un laboratorio. Una mujer examina una placa de Petri, un hombre observa a través de un microscopio.
La esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica (MASH) avanza por el auge global de la obesidad, la diabetes tipo 2 y el síndrome metabólico (Imagen Ilustrativa Infobae)

En los experimentos, los científicos alimentaron a los ratones con dietas hipercalóricas destinadas a inducir MASH. Después administraron formoterol y evaluaron cambios microscópicos, metabólicos y estructurales en el hígado. Los resultados mostraron disminución de la acumulación de grasa, reducción de fibrosis y mejora funcional del tejido hepático.

Cómo podría ayudar el medicamento al hígado

El mecanismo identificado por los investigadores se relaciona con las mitocondrias, estructuras celulares encargadas de producir energía. Podrían compararse con pequeñas “centrales energéticas” dentro de cada célula.

En personas con MASH, esas centrales funcionan mal: producen menos energía y favorecen procesos inflamatorios y daño celular sostenido.

El estudio observó que el formoterol estimula la generación de nuevas mitocondrias y mejora su funcionamiento. Según Lipschutz, el medicamento “reactiva la función mitocondrial, permitiendo al hígado recuperarse”.

Ilustración hiperrealista de un hígado humano aislado sobre fondo oscuro con zonas amarillentas visibles.
El hígado humano se muestra en una imagen hiperrealista que resalta texturas y áreas de acumulación de grasa. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esa restauración energética ayudaría a que las células hepáticas vuelvan a procesar grasas y nutrientes de manera más eficiente, reduciendo progresivamente el daño.

Los investigadores también analizaron registros médicos de personas que ya utilizaban agonistas beta 2 —la familia de medicamentos a la que pertenece el formoterol— para enfermedades respiratorias como el asma o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

Aunque los datos son únicamente observacionales y no prueban causalidad, encontraron una asociación llamativa: quienes recibían estos tratamientos presentaban menor incidencia de cirrosis y menor mortalidad vinculada a complicaciones hepáticas.

Un posible camino más rápido y accesible

Uno de los aspectos que más entusiasma a los científicos es que el formoterol no es un compuesto experimental desconocido. Se trata de un medicamento utilizado desde hace décadas en millones de pacientes con enfermedades respiratorias.

En investigación médica, reutilizar fármacos ya aprobados puede acelerar enormemente el desarrollo de tratamientos. Es una estrategia conocida como “drug repurposing” o reutilización terapéutica.

Modelo anatómico de hígado humano con esferas brillantes y líneas de energía azules. Junto a él, un blíster de pastillas blancas y una píldora suelta.
El formoterol favorece la generación de nuevas mitocondrias en las células hepáticas, restaurando la función energética y el procesamiento de grasas (Imagen Ilustrativa Infobae)

La lógica es sencilla: si un medicamento ya demostró seguridad en humanos para otra enfermedad, gran parte de las etapas iniciales del desarrollo farmacológico ya están resueltas. Eso puede reducir tiempos, costos y riesgos.

Sin embargo, los especialistas remarcan que todavía falta mucho camino antes de confirmar si el beneficio observado en animales también ocurrirá en personas con MASH.

“No todo lo que funciona en ratones lo hace en humanos”, advirtió Lipschutz. Entre los principales desafíos aparecen cuestiones clave como definir la dosis adecuada, cuánto tiempo debería administrarse el tratamiento y qué pacientes podrían beneficiarse más.

Actualmente, el primer ensayo clínico impulsado por el equipo de la Medical University of South Carolina se centra en pacientes con enfermedad renal diabética. Más del 60% de ellos también presentan MASH, por lo que el estudio permitirá observar potenciales efectos sobre ambas patologías simultáneamente.

“El estudio nos da la oportunidad de abordar dos enfermedades graves de una sola vez”, sostuvo el investigador. Si los ensayos clínicos futuros confirman estos resultados, el formoterol podría convertirse en una alternativa terapéutica relativamente accesible frente a una enfermedad que hoy afecta a millones de personas y continúa creciendo en todo el mundo.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD