
El cáncer puede reaparecer años después de un tratamiento exitoso debido a la presencia de células tumorales dormidas, un fenómeno que atrae la atención de la comunidad científica. Hasta un tercio de los pacientes podría experimentar una recaída causada por estas células ocultas, según datos difundidos por Nature.
Actualmente, las investigaciones y ensayos clínicos están centrados en encontrar métodos para detectar y eliminar este riesgo. En ese sentido, diversos estudios apuntan a las células tumorales dormidas —también llamadas células cancerosas diseminadas— como responsables de la reaparición del cáncer después del tratamiento inicial. Estas células pueden esconderse en la médula ósea o en los ganglios linfáticos, y permanecer inactivas durante largos períodos.
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Durante su estado de latencia, no forman tumores ni se multiplican, lo que les permite evadir tanto el sistema inmunológico como los tratamientos convencionales. Sin embargo, pueden activarse posteriormente y provocar que el cáncer reaparezca en el mismo órgano o en otros.

Este fenómeno afecta a diferentes tipos de cáncer, incluyendo mama, próstata, pulmón y colon. Las últimas observaciones sugieren que hasta 30% de los pacientes que superaron la enfermedad podrían albergar estas células dormidas.
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¿Cómo se identifican y qué las hace tan resistentes?
Detectar células tumorales dormidas supone un desafío considerable. Para ello, los científicos utilizan marcadores celulares que permiten distinguir si las células están replicándose y determinar cuál es su origen.
Las células alcanzan la latencia mediante la suspensión de la división celular y alterando su entorno biológico, lo que les proporciona protección frente a la quimioterapia. Este tratamiento actúa sobre células en proceso activo de división, pero no sobre aquellas en estado de reposo.
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Algunas investigaciones destacaron que el microambiente corporal es fundamental en este proceso. Intervienen células como los macrófagos y los linfocitos, que influyen en el mantenimiento de las células tumorales inactivas. “La latencia es una forma de persistir en un entorno adverso”, subrayó Judith Agudo, inmunóloga del Dana-Farber Cancer Institute.
Factores que pueden desencadenar la reactivación
Múltiples factores pueden alterar el equilibrio del organismo y reactivar las células tumorales dormidas. Entre ellos destacan el envejecimiento, infecciones virales como COVID-19 o gripe, el estrés y la fibrosis.
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El entorno corporal cambia con el tiempo, lo que puede facilitar la activación de estas células. Estudios recientes asocian tanto lesiones como enfermedades infecciosas con la posibilidad de que las células salgan del estado de latencia y comiencen a dividirse de nuevo.

La pérdida de densidad ósea debida a la osteoporosis o los cambios hormonales en mujeres sobrevivientes de cáncer de mama también podrían influir en su reactivación. “Es un juego de probabilidades”, resumió Shelly Peyton, ingeniera biomédica de la Universidad de Tufts.
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Avances en prevención y tratamiento
Durante la última década, los avances en prevención y tratamiento han dado lugar a terapias experimentales que buscan eliminar las células dormidas antes de que provoquen recaídas. Ensayos clínicos como SURMOUNT y CLEVER abren una nueva etapa en la investigación oncológica.
El estudio SURMOUNT monitoriza a personas para detectar células cancerosas diseminadas, mientras que el ensayo CLEVER prueba la eliminación de estas células mediante fármacos innovadores.
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Entre las estrategias exploradas se encuentran la inmunoterapia, la inhibición de la autofagia —un mecanismo a través del cual las células reciclan sus propios componentes—, y la combinación de hidroxicloroquina y everolimus. Estos fármacos demostraron una reducción notable de células dormidas en los primeros análisis.
En el caso del estudio CLEVER, 8 de cada 10 pacientes tratados con ambas sustancias quedaron libres de células tumorales dormidas después de 6 a 12 meses de terapia, de acuerdo con los primeros resultados.
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Sin embargo, son tratamientos en fase experimental y aún no se dispone de una solución definitiva. “Parece que acabaremos con un repertorio más amplio de herramientas según el paciente”, destacó la oncóloga Angela DeMichele en diálogo con Nature.
Testimonios y perspectiva de los expertos

El temor a una nueva recaída persiste en quienes superaron el cáncer. Debido a esto, Lisa Dutton, participante de un ensayo de monitoreo, reconoció: “Siempre está en el fondo de tu mente, y eso puede ser estresante”
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Mientras que científicos como Cyrus Ghajar, especialista del Fred Hutchinson Cancer Center, remarcaron la relevancia de que distintos equipos lleguen a conclusiones similares. “Estamos viendo cómo diferentes grupos llegan a ideas parecidas, lo que siempre resulta alentador”, afirma.
La complejidad del proceso y su impacto motivan a los investigadores a buscar soluciones desde múltiples frentes. “Dormirse es una manera de sobrevivir en un entorno adverso”, sostuvo la especialista Agudo. A la vez, los pacientes que participan en los ensayos consideran su aportación como parte de un esfuerzo colectivo para evitar futuras recaídas.
Entender el funcionamiento de las células tumorales dormidas permite que tanto pacientes como especialistas puedan tomar decisiones con más información y confiar en la esperanza que aportan los recientes avances médicos.
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