
Un grupo de científicos de los Estados Unidos identificó un factor clave para que el cáncer de mama resulte más agresivo en mujeres adultas con obesidad tras la menopausia.
Los expertos detectaron la acumulación de una hormona específica llamada estrona, que el cuerpo produce principalmente en el tejido graso después de los cincuenta años.
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La investigación fue publicada en la revista Nature Reviews Endocrinology y contó con el apoyo de la Fundación de Investigación del Cáncer de Mama y el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos.
Este hallazgo abre nuevas posibilidades para entender y tratar de manera más efectiva el cáncer de mama.
Las mujeres que ya pasaron la menopausia y tienen obesidad están ante un riesgo mucho mayor de morir por cáncer de mama que aquellas que no presentan esta condición.
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Las mujeres posmenopáusicas con obesidad tienen dos o tres veces más probabilidades de morir de cáncer de mama, advirtieron los investigadores.
Este dato motiva a la comunidad científica a buscar nuevos caminos de prevención y tratamiento.
El trabajo fue realizado por Joyce Slingerland y Maiko Sho, del Centro Integral de Cáncer Lombardi de la Universidad de Georgetown, junto con Rehana Qureshi, de la Universidad de Miami.
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El problema: obesidad, menopausia y cáncer

El cáncer de mama representa una de las principales causas de muerte en mujeres adultas. Los investigadores se centraron en la forma en que la obesidad agrava la situación tras la menopausia.
El estudio se enfocó en el papel de las hormonas que produce el tejido graso cuando los ovarios dejan de funcionar como la fuente principal de estrógenos.
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El objetivo del estudio fue observar si la estrona, la hormona que fabrica la grasa corporal tras la menopausia, impulsa la inflamación y empeora el cáncer.
El equipo buscó analizar si las altas cantidades de estrona generan ambientes tumorales más agresivos.
Los científicos también querían entender por qué las mujeres adultas con obesidad enfrentan un pronóstico más desfavorable.
La estrona en la mira

El estudio utilizó análisis de trabajos anteriores, muestras de tejidos y pruebas con animales.
Se observó que en las mujeres posmenopáusicas con obesidad, la concentración de estrona puede llegar a ser cuatro veces mayor que en otras mujeres.
Los investigadores detectaron que el principal impulsor es la estrona, una forma de estrógeno que se produce en el tejido graso.
El equipo analizó la diferencia entre la estrona y otra hormona llamada 17 beta-estradiol.
Antes de la menopausia, el 17 beta-estradiol es el estrógeno más abundante en las mujeres. Después, la forma más abundante es la estrona.

El grupo científico comprobó que la estrona activa genes responsables de la inflamación y no protege al cuerpo como lo hace el estradiol. Esos dos estrógenos no son iguales entre sí.
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En los experimentos con ratones obesos, los tumores de mama expuestos a estrona crecieron con mayor rapidez y mostraron una tendencia más fuerte a la metástasis.
La investigación detectó que la inflamación producida por la estrona también puede debilitar la función del sistema inmune ante las células cancerosas.
El informe menciona que la estrona y la inflamación atenúan la capacidad del sistema inmunitario para detectar y matar las células cancerosas.
Nuevos horizontes y limitaciones
El estudio sugiere probar fármacos agonistas del receptor GLP-1, que ayudan a perder peso, como posible complemento de los tratamientos tradicionales en mujeres con obesidad y cáncer de mama.
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Destacó que las intervenciones con ejercicio y dieta muestran resultados, pero su impacto prolongado no está claro.
Entre las limitaciones figura la falta de estudios clínicos a largo plazo sobre estos medicamentos para este caso específico.

Los científicos subrayan la necesidad de repensar las estrategias para tratar el cáncer de mama en mujeres posmenopáusicas con obesidad.
La investigación concluye que la comprensión profunda del vínculo entre estrona, grasa corporal y cáncer mejorará las campañas de prevención y posibilitará terapias más precisas para millones de mujeres.
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