La salud cerebral está estrechamente vinculada a una circulación sanguínea adecuada. Cuando esta se ve afectada, pueden aparecer trastornos como el deterioro cognitivo vascular y la demencia vascular. Según Mayo Clinic, estas afecciones impactan la memoria, el pensamiento y otras funciones cognitivas, y suelen asociarse a accidentes cerebrovasculares, enfermedades de los vasos sanguíneos y factores de riesgo cardiovascular.
Identificar los síntomas y comprender los factores que aumentan la probabilidad de desarrollar estos trastornos es esencial para la prevención de demencia y su manejo oportuno.
El deterioro cognitivo vascular y la demencia vascular forman parte de un espectro de trastornos que afectan la función cerebral debido a alteraciones en el flujo sanguíneo. El primero, también denominado deterioro cognitivo vascular leve, se manifiesta con síntomas sutiles que no interfieren de manera significativa en la vida diaria, como dificultades en la memoria, la concentración, el lenguaje y la toma de decisiones.

Por su parte, la demencia vascular, o deterioro cognitivo vascular mayor, se caracteriza por síntomas más graves que afectan la autonomía y pueden asemejarse a los de la enfermedad de Alzheimer. Mayo Clinic señala que ambos términos se emplean actualmente para describir diferentes grados de severidad dentro de este espectro, y que distinguirlos es clave para el diagnóstico y el tratamiento.
Tipos principales de deterioro cognitivo vascular
Existen varios tipos principales de deterioro cognitivo vascular, cada uno con características particulares. La demencia multiinfarto se produce tras varios accidentes cerebrovasculares que dañan distintas áreas del cerebro, lo que con el tiempo afecta la memoria y el pensamiento. La demencia posterior a un accidente cerebrovascular aparece cuando los síntomas de demencia se manifiestan en los seis meses siguientes a un evento de este tipo y no remiten.
Otro tipo relevante es la demencia vascular subcortical isquémica, asociada con daño en los pequeños vasos sanguíneos y fibras nerviosas de la sustancia blanca cerebral, siendo más frecuente en personas con hipertensión o antecedentes de enfermedad vascular. Además, la demencia mixta, que combina características de la enfermedad de Alzheimer y de la demencia vascular, es común en adultos mayores, según la información de Mayo Clinic.

Síntomas y manifestaciones clínicas
Los síntomas del deterioro cognitivo vascular varían según la zona cerebral afectada y pueden coincidir con los de otras demencias. A diferencia del Alzheimer, donde la pérdida de memoria suele ser el síntoma inicial, en el deterioro cognitivo vascular los primeros signos suelen estar relacionados con la velocidad de procesamiento mental y la resolución de problemas.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran la confusión, dificultades para encontrar palabras, problemas de atención, desorganización del pensamiento, lentitud mental, incertidumbre sobre los pasos a seguir y alteraciones en la memoria.
También pueden presentarse cambios en el comportamiento y el estado de ánimo, como inquietud, depresión o apatía, así como alteraciones físicas, como marcha inestable, problemas de equilibrio y urgencia urinaria. Mayo Clinic indica que estos síntomas pueden aparecer de forma repentina tras un accidente cerebrovascular o desarrollarse gradualmente debido a daños acumulativos en los vasos sanguíneos cerebrales. En ocasiones, los síntomas evolucionan en escalones, especialmente cuando se producen varios accidentes cerebrovasculares o ataques isquémicos transitorios, a diferencia del declive progresivo típico del Alzheimer.
Causas y factores de riesgo
Las causas del deterioro cognitivo vascular y la demencia vascular están directamente relacionadas con el daño en los vasos sanguíneos cerebrales. Un accidente cerebrovascular que bloquea una arteria cerebral puede desencadenar estos trastornos, aunque no todos los accidentes cerebrovasculares provocan deterioro cognitivo. La gravedad y la localización del daño determinan el impacto en las funciones mentales.

Además, hemorragias cerebrales, a menudo causadas por hipertensión o por el debilitamiento de los vasos debido a la acumulación de proteínas asociada al envejecimiento, pueden originar lesiones que afectan la cognición. Otras condiciones, como la aterosclerosis —acumulación de colesterol y otras sustancias en las arterias—, la diabetes y el desgaste natural de los vasos sanguíneos con la edad, también contribuyen al desarrollo de estos trastornos.
En cuanto a los factores de riesgo, Mayo Clinic identifica tanto elementos modificables como no modificables. Entre los que no se pueden cambiar figuran la edad avanzada —el riesgo aumenta considerablemente después de los 65 años— y los antecedentes familiares de enfermedades cardiovasculares, hipertensión o diabetes.
Entre los factores modificables destacan los antecedentes de infartos cardíacos, accidentes cerebrovasculares o ataques isquémicos transitorios, la presencia de aterosclerosis, niveles elevados de colesterol LDL, hipertensión arterial, diabetes y fibrilación auricular, que incrementa el riesgo de formación de coágulos y accidentes cerebrovasculares. Además, el tabaquismo y la obesidad son factores de riesgo significativos, ya que dañan los vasos sanguíneos y favorecen la aparición de enfermedades circulatorias.
Estrategias de prevención
La prevención del deterioro cognitivo vascular y la demencia vascular se basa en el control de los factores de riesgo cardiovascular. Mantener la presión arterial dentro de los valores recomendados ayuda a proteger los vasos sanguíneos cerebrales y a reducir el riesgo de accidentes cerebrovasculares y deterioro cognitivo.

Prevenir o controlar la diabetes mediante una alimentación equilibrada y ejercicio regular contribuye a preservar la salud vascular. Abandonar el tabaco es fundamental, ya que fumar perjudica los vasos sanguíneos en todo el organismo, incluido el cerebro. La actividad física regular mejora la salud cardíaca, la circulación y la función cerebral, y puede disminuir la probabilidad de desarrollar deterioro cognitivo vascular en etapas posteriores de la vida.
Asimismo, mantener el colesterol bajo control, a través de una dieta saludable y, si es necesario, medicación, reduce el riesgo de formación de placas en las arterias cerebrales, lo que a su vez disminuye la posibilidad de sufrir accidentes cerebrovasculares y deterioro cognitivo, según las recomendaciones de Mayo Clinic.
El cuidado de los vasos sanguíneos cerebrales está estrechamente ligado a la salud cardiovascular general, por lo que adoptar hábitos que beneficien al corazón también contribuye a preservar la función cognitiva a largo plazo, como subraya Mayo Clinic.
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