
La conexión entre la salud intestinal y el bienestar emocional es abordada con frecuencia en la investigación científica.
“El estudio de la microbiota intestinal, que podemos definir como el conjunto de microorganismos que viven en nuestro intestino, ha abierto un horizonte de conocimiento en torno a las causas naturales de la conexión conocida popularmente como eje intestino-cerebro, que ha demostrado tener una relación directa en el desarrollo de enfermedades como la depresión o la ansiedad, entre otras”, han divulgado en Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España.
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“El cerebro y el intestino se encuentran interconectados con una intensidad que nos permite afrontar los problemas asociados tradicionalmente a la ciencia psiquiátrica o psicológica desde una perspectiva completamente innovadora y complementaria", precisaron en la entidad.
Según Harvard Health, al considerar la conexión entre el cerebro y el intestino, es importante saber que muchos receptores de serotonina se encuentran en el intestino: “En el campo relativamente nuevo de la psiquiatría nutricional, ayudamos a los pacientes a comprender cómo la salud intestinal y la dieta pueden afectar positiva o negativamente su estado de ánimo”.
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La doctora María Dolores de la Puerta, referente en el estudio del microbioma, miembro de la Sociedad Española de Microbiota, Probióticos y Prebióticos y del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid, explicó en una entrevista en el pódcast La Hoguera que un intestino equilibrado no solo beneficia la digestión, sino que también impacta en la salud emocional y mental.
“Neurotransmisores significa ‘palabras del sistema nervioso’, es decir, moléculas que produce el sistema nervioso en el contexto de las emociones. Cada emoción, pensamiento o sentimiento tiene una molécula detrás, tanto los positivos como los negativos”, explicó la doctora.
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La serotonina se asocia con la alegría y la felicidad, mientras que el GABA (ácido gamma-aminobutírico) está vinculado a la sensación de calma y paz. Aunque tradicionalmente se ha considerado que estos compuestos se generan en el cerebro, la evidencia científica muestra que el intestino desempeña un papel igual de relevante en su síntesis.
Según la experta, “el 90% de la serotonina que circula por nuestro cuerpo está producida por las neuronas intestinales y solo el 10% se encuentra en la cabeza”, lo que subraya la profunda conexión entre el sistema digestivo y el bienestar emocional.
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Un proceso similar ocurre con el GABA, cuya síntesis también depende de la actividad intestinal. Mantener una microbiota sana garantiza la producción adecuada de estos neurotransmisores, lo que repercute positivamente en el estado de ánimo.
En su libro “La microbiota estresada”, la doctora señaló: “La microbiota es el puente que conecta tu vida con tu cuerpo. Es una conexión en ambas direcciones, que te ayudará a sentirte bien, pero también podría complicarte mucho la vida.”
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Y recomendó: “Hemos de relacionarnos con los billones de microorganismos que tenemos en la tripa, con amabilidad y respeto, como si se tratara de un buen amigo. Los microbios que viven en tu intestino son tus compañeros de vida.”
Qué es la microbiota y cómo se produce la relación intestino-cerebro

Según un estudio citado por los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por las siglas en inglés), “la microbiota intestinal es el conjunto de microorganismos que colonizan nuestro tracto digestivo”.
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“La microbiota se estabiliza gradualmente después del nacimiento y se considera adulta alrededor de los 3 años de edad. Puede ser modulada por numerosos factores ambientales y por la genética del huésped. Una microbiota desequilibrada (disbiosis) se observa en muchas enfermedades humanas y desempeña un papel en muchas de ellas, aunque con diferente relevancia según la enfermedad. La microbiota podría, en un futuro próximo, servir como biomarcador diagnóstico y pronóstico. Ya se la considera una posible herramienta o diana terapéutica”, escribieron en el trabajo.
Según Cleveland Clinic, “la mejor manera de cuidar tu salud intestinal a diario —y, por consiguiente, tu salud cerebral— es mantener una dieta sana y equilibrada“.
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Esta estrategia fomenta una microbiota robusta y diversa, ya que estos alimentos proporcionan nutrientes esenciales y limitan el consumo de productos ultraprocesados, aditivos, azúcares y grasas saturadas.

Una alimentación rica en fibra soluble e insoluble, presente en la mayoría de las plantas, regula el tránsito intestinal y sostiene la actividad de bacterias beneficiosas, que a su vez fortalecen la mucosa. Incorporar fuentes de prebióticos y probióticos —como yogur natural y productos fermentados— estimula el crecimiento y la actividad de la microbiota. Los antioxidantes, abundantes en frutas y verduras, combaten los radicales libres y contribuyen a controlar la inflamación sistémica.
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Elegir ingredientes de origen vegetal, con menor participación de aditivos y colesterol, favorece un entorno intestinal antiinflamatorio y, por ende, saludable. Además, las prácticas de manejo del estrés diarias también promueven el equilibrio entre aparato digestivo y función cerebral, optimizando la relación en el eje intestino-cerebro.
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