
El hallazgo de una rata polizón en un vuelo internacional entre Miami y Berlín en 2017 desencadenó una investigación científica que puso de manifiesto la facilidad con la que los patógenos pueden cruzar fronteras a través del transporte aéreo. El animal, capturado tras el aterrizaje y entregado a los especialistas del Instituto Friedrich-Loeffler (FLI), fue sometido a un exhaustivo análisis por parte de expertos del Centro Alemán de Investigación de Infecciones (DZIF), cuyos resultados fueron publicados días pasados en la revista Scientific Reports.
El incidente, que comenzó con un conato de pánico en un vuelo internacional cuando los pasajeros vieron que un roedor era uno de sus compañeros a bordo, se transformó en una oportunidad para examinar el potencial de estos animales como vectores de enfermedades que pueden viajar a lugares distantes, justamente, a la velocidad de un avión. Vale adelantar en este punto que este ejemplar en particular no era portador de ningún mal peligroso, aunque sí de un patógeno poco habitual para la especie.
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Aunque las ratas, especialmente las especies Rattus rattus y Rattus norvegicus, han acompañado a la humanidad durante siglos en barcos, trenes y camiones, el auge de los vuelos internacionales ha incrementado la probabilidad de que estos animales crucen continentes inadvertidamente. Según el profesor Rainer Ulrich, científico del DZIF en el FLI y autor principal del estudio, “las ratas son auténticos trotamundos. Dondequiera que la gente viaje o transporte mercancías, las ratas pueden seguirlas y llevar consigo sus microbios”.

El equipo científico aplicó un enfoque integral para la detección de patógenos, que incluyó cultivos bacterianos, secuenciación de alto rendimiento, PCR, RT-PCR y serología multiplex. Este protocolo permitió analizar muestras de diversos tejidos y sangre de la rata, tanto en el FLI como en laboratorios asociados de la red NaÜPa-net. El análisis filogenético confirmó que el animal pertenecía al linaje 1 de Rattus rattus, de distribución mundial, aunque no fue posible determinar si su origen exacto, estimaron que tal vez era Dubái o posiblemente Miami.
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Los resultados del cribado fueron, en palabras de los investigadores, tranquilizadores y esclarecedores. No se detectaron los patógenos zoonóticos más temidos asociados a ratas, como hantavirus, Leptospira o el virus de la hepatitis E de la rata, lo que indica que el riesgo de infección para los pasajeros y la tripulación fue muy bajo.
Sin embargo, el hallazgo más relevante fue la presencia de una cepa de Staphylococcus aureus sensible a la meticilina (SAMS) en la nariz y los intestinos del animal. La secuenciación del genoma completo reveló que esta cepa era casi idéntica a variantes humanas presentes en Europa y América del Norte, y portaba genes de evasión inmunitaria específicos de humanos.
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Este dato sugiere una transmisión reciente de personas a ratas y, potencialmente, la posibilidad de transmisión inversa. El profesor Ulrich destacó que “lo sorprendente no fue lo que no encontramos, sino lo que encontramos: una cepa de Staphylococcus aureus casi idéntica a las variantes humanas. Esto demuestra que las ratas pueden contraer patógenos de nosotros y potencialmente transmitirlos”.
Los científicos determinaron que en particular esta rata era un animal bastante saludable, ya que, a pesar de que portaba el S. aureus, se identificaron otros géneros bacterianos y fúngicos que en su mayoría eran comensales inofensivos, como Lactobacillus y Ligilactobacillus, así como patógenos oportunistas como Enterobacter cloacae y Klebsiella aerogenes. El análisis metagenómico permitió también la detección de cuatro nuevos segmentos del genoma viral de la familia Picobirnaviridae, poco estudiada hasta la fecha, por lo que resultó ser un roedor que hizo un importante aporte a la investigación científica.
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El estudio subraya que el hecho dejó otra lección: Que el riesgo no solo reside en los patógenos detectados, sino en la capacidad de las ratas para transportar microorganismos a través de rutas globales en tiempos muy reducidos. Mientras que en el pasado estos roedores viajaban principalmente en barcos, hoy pueden cruzar tres continentes en menos de 24 horas gracias a la aviación comercial. “Nuestros hallazgos demuestran que las ratas no son solo plagas urbanas. Deben considerarse actores activos en la red global de propagación de patógenos”, enfatizó el profesor Ulrich, según un comunicado de prensa del DZIF.

Como resultado de esta investigación, los autores propusieron un protocolo estandarizado para la gestión de animales polizones en aeronaves, que incluye la captura y contención inmediata conforme a las normas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA, por sus siglas en inglés), así como un flujo de trabajo de laboratorio para la detección exhaustiva de patógenos. En caso de identificar agentes de alto riesgo, como hantavirus, se recomienda activar de inmediato el rastreo de contactos y la desinfección del avión.
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El análisis genético de la rata, según el estudio, permitió clasificarla dentro de un linaje global, pero no fue posible precisar su punto de embarque. Los investigadores consideran que estos animales pueden servir como indicadores de la salud del ecosistema y planean rastrear su origen en futuros casos mediante técnicas genéticas avanzadas.
“Esto fue una llamada de atención”, concluyó el profesor Ulrich. “Mostró lo vulnerable que es nuestro mundo interconectado a la propagación de patógenos ocultos. Pero también demostró que la ciencia puede aportar soluciones prácticas”.
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El trabajo fue realizado por un consorcio que incluyó al FLI, el Instituto Robert Koch, la Universidad de Medicina de Greifswald, la Universidad de Leipzig, la Universitätsmedizin Göttingen y otros socios, con el apoyo del DZIF, todos en Alemania.
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