
Ese “crack” inconfundible que algunos aman y otros detestan. Un simple gesto, repetido a cualquier hora y sin importar el contexto, hace tiempo que se convirtió en un hábito. ¿Chasquear los dedos hace mal? ¿Rompe los huesos? La ciencia tiene una respuesta clara.
El crujido de los dedos y otras articulaciones dejó de ser solo un gesto cotidiano para convertirse en un fenómeno viral, impulsado por millones de visualizaciones en redes sociales y una larga tradición de mitos sobre sus supuestos riesgos. Sin embargo, la ciencia demostró que este hábito, lejos de ser perjudicial, responde a un proceso físico inofensivo. Tanto The Conversation como National Geographic desmontaron creencias populares y explicaron el auténtico origen del característico “crack”.
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Un interés que atraviesa siglos y plataformas digitales
El crujido de las articulaciones, conocido técnicamente como cavitación articular, cautiva a médicos y público desde el siglo XIX. En aquel entonces, los médicos británicos ya documentaban “ruidos espontáneos”, pero fue con el auge de la quiropraxia cuando se asoció el sonido a una supuesta restauración del equilibrio corporal.

Hoy, plataformas como TikTok, YouTube e Instagram amplificaron el fenómeno, presentando videos de ajustes articulares en los que el crujido se convierte en un espectáculo digital gracias a micrófonos estratégicamente ubicados. Este contenido, que fusiona estética clínica y entretenimiento, generó un verdadero furor por el “chasquido” en internet, según The Conversation.
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El origen del sonido articular explicado por la ciencia
La explicación científica es clara: el crujido no proviene de los huesos, sino de las articulaciones sinoviales, que están cubiertas por una cápsula de líquido sinovial. Cuando la articulación se mueve de forma rápida o forzada, la presión interna disminuye bruscamente, provocando la formación de burbujas de gas. Este fenómeno, llamado cavitación, genera el característico “crack”.
Estudios de resonancia magnética han demostrado que el sonido se produce durante la formación de la burbuja, y no cuando colapsa, como antes se creía, según detalla The Conversation.
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Desde una perspectiva médica, chasquear los dedos no hace ni bien ni mal, siempre que se haga de forma ocasional, sin dolor y sin compulsión. No tiene beneficios terapéuticos demostrados, pero tampoco causa daño estructural en las articulaciones.
De forma puntual, se observó que puede aumentar levemente el rango de movimiento, aunque este efecto es transitorio. No hay pruebas científicas de que el hábito fortalezca, dañe o modifique las articulaciones a largo plazo.
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Por tanto, no es un hábito que beneficie la salud articular, pero tampoco es perjudicial en personas sanas. Como todo movimiento corporal, debe realizarse con conciencia y sin excesos.
Seguridad del hábito: mito versus evidencia médica
Renata Gregorio Paulos, médica traumatóloga del Instituto de Ortopedia y Traumatología del Hospital das Clínicas de la Universidad de São Paulo, aclara en National Geographic que el chasquido de los dedos es una reacción normal del organismo. “Hasta ahora, no hay pruebas científicas de que el hábito pueda causar daños a la salud de las manos o engrosar las articulaciones”, afirma la especialista.
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El estallido de las burbujas de aire en el líquido sinovial, originado por el cambio de presión, es el único responsable del sonido y no implica ningún daño estructural.
La artrosis, uno de los mitos más difundidos
Durante décadas, la creencia de que chasquear los dedos provoca artrosis o artritis se ha repetido en consultas médicas, medios y charlas familiares. Sin embargo, la evidencia científica lo contradice.
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Un estudio publicado en The Journal of the American Board of Family Medicine, que analizó a más de 200 personas mayores, no halló ninguna relación entre el hábito y la presencia de artrosis en las manos, según el medio.

El caso más famoso es el del médico estadounidense Donald Unger, quien durante 50 años chasqueó solo los dedos de su mano izquierda dos veces al día, mientras dejaba la mano derecha intacta como control. Luego de más de 36.000 crujidos, ninguna mano mostró signos de artritis ni diferencias articulares, como relata National Geographic.
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Precauciones y advertencias: cuándo consultar a un especialista
Aunque el hábito no causa daño estructural ni genera artrosis, hacerlo de forma compulsiva o violenta puede irritar los tejidos blandos que rodean la articulación, como ligamentos o tendones.
Además, si el crujido se acompaña de dolor, bloqueo articular, debilidad o inestabilidad, puede ser señal de una condición patológica que requiere evaluación médica, advierte The Conversation. En esos casos, es recomendable consultar a un profesional.
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También es importante considerar el entorno: el chasquido repetido puede resultar molesto para otras personas y generar incomodidad social.
El crujido en técnicas manuales: ¿éxito o ilusión terapéutica?
En fisioterapia, osteopatía y quiropraxia, es habitual que ciertas maniobras manuales generen sonidos articulares. Sin embargo, la evidencia indica que el sonido no garantiza eficacia terapéutica ni implica una corrección biomecánica.
La manipulación puede ser útil incluso si no hay sonido, y viceversa. Los beneficios parecen depender más de mecanismos neurofisiológicos, como la relajación muscular, que del “crack” audible, según The Conversation.
El auge de los videos de crujidos articulares en redes sociales popularizó la idea de que el sonido es sinónimo de éxito terapéutico o de “arreglo instantáneo”. Pero consumir este contenido sin respaldo profesional puede generar expectativas irreales y promover enfoques simplistas ante problemas musculoesqueléticos complejos.
Además, los especialistas advierten que puede fomentar una dependencia a técnicas pasivas, restando valor a la educación, el movimiento activo y la autonomía en el cuidado del cuerpo.

Beneficios transitorios y recomendaciones principales
Según National Geographic, se ha observado que el rango de movimiento articular puede aumentar levemente tras chasquear los dedos, pero este beneficio es temporal. La articulación vuelve pronto a su estado basal y no hay efectos positivos acumulativos.
Por lo tanto, el hábito no mejora ni perjudica la salud articular, siempre que se practique de forma moderada y sin dolor.
La salud articular no depende de ruidos, mitos o tendencias virales. Se fortalece a través del movimiento activo, la musculación adecuada, la postura consciente y el conocimiento corporal.
Buscar el bienestar del sistema musculoesquelético implica información, prevención y autonomía, no solo estímulos sonoros o manipulaciones externas. Como recuerda The Conversation, el sonido no es salud. La verdadera clave está en el equilibrio funcional y el movimiento con propósito.
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