Cada año, con la llegada de los cambios de estación, muchas personas experimentan síntomas como estornudos, congestión nasal, picazón en los ojos y problemas respiratorios.
Esto abona la creencia popular sobre la existencia de “alergia al cambio de tiempo”. Sin embargo, los expertos coinciden en que esta condición no es real en términos médicos, sino que se trata de una reacción del organismo a otros factores desencadenados por las variaciones en el clima.
Las temperaturas que suben y bajan repentinamente, el aumento del viento o la humedad pueden favorecer la presencia de ciertos alérgenos en el aire o generar una respuesta exagerada del sistema inmunológico en personas sensibles.

En otras palabras, no es el cambio de clima en sí lo que causa la alergia, sino la mayor exposición a elementos que sí pueden desencadenar una reacción alérgica.
Los estudios científicos han demostrado que fenómenos como la polinización temprana debido al cambio climático, la contaminación atmosférica y el impacto del aire frío en las vías respiratorias pueden potenciar los síntomas en quienes ya padecen rinitis alérgica, asma u otras afecciones respiratorias.
¿Por qué no existe la alergia al cambio de tiempo?
Para que una reacción del sistema inmunológico se considere una alergia, debe ser provocada por una sustancia externa, conocida como alérgeno. Estos pueden ser partículas de polen, ácaros, moho, pelos de animales o ciertos alimentos y medicamentos. El cambio de temperatura, el viento o la humedad no son alérgenos en sí mismos, por lo que no pueden causar una alergia real.

Sin embargo, estos factores meteorológicos pueden modificar el ambiente de manera que aumenten los agentes alérgenos. Por ejemplo, los días ventosos pueden esparcir grandes cantidades de polen en el aire, lo que aumenta la exposición en personas alérgicas.
El doctor Claudio Parisi, presidente de la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica (AAAeIC), explicó:“El cambio en las variantes atmosféricas precipitan los síntomas, y la alergia produce inflamación”.
Esto significa que, aunque el clima no sea la causa directa de la alergia, sí puede desencadenar o agravar los síntomas en quienes ya son sensibles a determinados alérgenos.
¿Qué provoca realmente la congestión?

Uno de los síntomas más frecuentes en personas alérgicas o sensibles a los cambios de clima es la congestión nasal. Pero, ¿qué la provoca realmente?
Cuando la temperatura baja de forma brusca, las mucosas de la nariz y los bronquios reaccionan contrayéndose y aumentando la producción de moco. Esto genera la sensación de congestión y dificulta la respiración. En personas con antecedentes de rinitis alérgica o asma, esta reacción puede ser aún más intensa, causando inflamación y dificultad para respirar.
El aire frío también puede afectar los bronquios, resecando su superficie y provocando su contracción, lo que genera molestias respiratorias, especialmente en personas asmáticas.
Por otro lado, la llegada de la primavera implica un aumento en la polinización de las plantas. Según estudios científicos, en países como España se ha observado que, debido al cambio climático, las hojas de los árboles caducifolios brotan hasta 20 días antes que hace 50 años, lo que prolonga la temporada de polinización y aumenta la exposición al polen en personas alérgicas.
Además, el viento juega un papel clave en la dispersión de alérgenos como esporas de hongos y polen. En días ventosos, estas partículas pueden viajar largas distancias y aumentar los episodios alérgicos en quienes tienen sensibilidad a ellas.
¿Qué son los alérgenos?

Los alérgenos son sustancias que pueden desencadenar una respuesta inmunológica en personas sensibles. Aunque no representan un peligro real para la mayoría de la población, en individuos alérgicos el sistema inmunológico los identifica como una amenaza y reacciona de manera exagerada.
Entre los principales alérgenos que pueden afectar a las personas durante los cambios de clima se encuentran:
- Polen: Proviene de plantas y árboles, especialmente en primavera y verano.
- Ácaros del polvo: Suelen proliferar en ambientes cálidos y húmedos.
- Esporas de hongos: Se encuentran en el aire y su concentración puede aumentar en determinadas condiciones meteorológicas.
- Caspa de animales: Partículas microscópicas de piel que desprenden los animales domésticos.
- Contaminación ambiental: El humo, los gases de escape y otras partículas en suspensión pueden agravar los síntomas alérgicos.
Cuando un alérgeno entra en contacto con una persona sensible, el sistema inmunológico libera histamina, una sustancia que provoca síntomas como picazón, congestión, lagrimeo y estornudos.
¿Cómo afectan las variables meteorológicas al organismo?

Según explicó la doctora Stella Maris Cuevas (MN 81701) Médica otorrinolaringóloga a Infobae, “el calentamiento global y el cambio climático hacen que las alergias aumenten y los cuadros sean más severos. La evidencia de los últimos años explica este fenómeno: Las temporadas de las alergias aparecen antes, se mantienen en el tiempo y los cuadros son más intensos. Por eso se convierte en un problema de salud pública que genera muchos gastos.
Si bien el cambio de clima no es un alérgeno en sí mismo, ciertas variables meteorológicas pueden influir en la aparición y severidad de los síntomas alérgicos.
Temperatura: Las bajas temperaturas pueden causar contracción de los bronquios y sequedad en las mucosas, lo que dificulta la respiración, especialmente en personas con asma. También pueden reducir las defensas naturales del sistema respiratorio, facilitando la entrada de virus y bacterias.

- Humedad y lluvias: La humedad en el aire puede favorecer la proliferación de ácaros del polvo y hongos, lo que aumenta la exposición a estos alérgenos en interiores. Sin embargo, las lluvias pueden actuar como un “filtro natural”, capturando partículas de polen y limpiando el aire, lo que puede aliviar los síntomas de algunas personas.
- Viento: El viento es un factor clave en la dispersión de polen y esporas de hongos. En días secos y ventosos, la cantidad de partículas en suspensión en el aire aumenta, lo que puede intensificar las reacciones alérgicas.
- Contaminación del aire: El cambio climático y el aumento de los niveles de CO₂ han demostrado prolongar las temporadas de polinización e incrementar la carga de polen en el aire. Además, la contaminación atmosférica puede promover la inflamación de las vías respiratorias, reduciendo el umbral de tolerancia y exacerbando los síntomas en personas alérgicas.
La “alergia al cambio de tiempo” no existe como tal, pero las variaciones meteorológicas pueden actuar como desencadenantes de síntomas en personas alérgicas o con afecciones respiratorias preexistentes.
El impacto del clima en la salud respiratoria es un campo de estudio cada vez más relevante, especialmente ante el avance del calentamiento global, que está modificando los patrones de polinización y aumentando la presencia de alérgenos en el aire.
Ante síntomas persistentes, los especialistas recomiendan consultar con un alergólogo para identificar los factores desencadenantes y definir el tratamiento más adecuado, que puede incluir antihistamínicos, corticosteroides o medidas preventivas como evitar la exposición en días de alta concentración de alérgenos.
Si bien el clima no es el enemigo, comprender su impacto en la salud puede ayudar a prevenir y aliviar las molestias causadas por las alergias estacionales.
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