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Las limitaciones del fibermaxxing: por qué consumir fibra al máximo no funciona igual en todos

Estudios publicados en Cell y The Journal of Nutrition muestran que la composición bacteriana de base es el factor que determina si un aumento de este nutriente genera una respuesta favorable. Qué tener en cuenta

Ilustración del sistema digestivo humano con estómago, intestino delgado y grueso, rodeado de alimentos como frutas, verduras, granos, yogur y bacterias.
La tendencia del fibermaxxing se expandió en redes al presentar más fibra como una vía directa a mejorar la digestión, la saciedad y el riesgo cardiometabólico (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La moda de llevar la fibra al máximo se expandió en redes con una idea simple: si este componente de los alimentos vegetales se vincula con mejor digestión, más saciedad y menor riesgo cardiometabólico, entonces consumir mucho más debería reforzar esos beneficios.

Pero estudios recientes empezaron a matizar esa lectura. La respuesta a una dieta rica en fibra no depende solo de la cantidad, sino también del tipo de microbiota intestinal y de la clase de fibra que se incorpora.

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La tendencia del “fibermaxxing” ganó relevancia porque presenta como universal una recomendación que la evidencia describe de forma más compleja. Según informó Scientific American, parte del fenómeno se apoya en productos enriquecidos con fibras de rápida fermentación, como barras, bebidas y yogures.

Silueta de intestino humano con trazos rosas, rojos y verdes, contiene formas circulares y líneas azules, naranjas, verdes y claras sobre fondo degradado.
Los estudios recientes indicaron que la respuesta a una dieta rica en fibra depende del tipo de microbiota intestinal y de la clase de fibra incorporada (Imagen Ilustrativa Infobae)

En ese contexto, un estudio publicado en la revista Cell mostró que aumentar de forma marcada la fibra no siempre deriva en una microbiota más diversa ni en una baja uniforme de señales de inflamación. El punto en discusión no es si conviene sumar fibra, sino la idea de que maximizarla produzca efectos similares en cualquier persona.

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El debate no pasa por si la fibra sirve, sino por cómo actúa

La fibra dietaria incluye compuestos de origen vegetal que el intestino delgado no descompone con las enzimas humanas. Por eso llega al colon, donde ciertas bacterias la fermentan.

De ese proceso surgen los ácidos grasos de cadena corta, moléculas producidas por la microbiota que participan en funciones ligadas a la saciedad, el metabolismo y la protección de la pared intestinal.

Detalle de dos manos limpias que sostienen y vierten semillas de psyllium de color beige claro en un cuenco de madera oscuro.
Scientific American informó que parte del fenómeno del fibermaxxing se apoya en barras, bebidas y yogures con fibras de rápida fermentación (Imagen Ilustrativa Infobae)

En ese ensayo clínico, investigadores de la Universidad de Stanford compararon en adultos sanos una dieta alta en fibra con otra rica en alimentos fermentados.

Según se detalla en el estudio, la intervención alta en fibra aumentó la actividad microbiana orientada a degradar carbohidratos complejos, pero mantuvo estable la diversidad de la microbiota. El trabajo también indicó que el puntaje principal de respuesta inflamatoria no mostró un cambio uniforme en ese grupo.

El mismo paper señaló una diferencia importante dentro de los participantes que elevaron la fibra. Según se detalla en el estudio, las trayectorias inmunológicas observadas se asociaron con la diversidad basal de la microbiota, esto es, con la variedad de microorganismos presente antes de iniciar la intervención.

Silueta frontal de un torso humano con abdomen iluminado, mostrando una colorida microbiota intestinal y un halo de luz que sugiere protección.
Un estudio publicado en Cell mostró que aumentar de forma marcada la fibra no siempre eleva la diversidad de la microbiota ni reduce de manera uniforme las señales de inflamación (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los datos del estudio indican que quienes partían de una mayor diversidad fueron los que registraron una respuesta más favorable dentro del grupo de alta fibra.

Ese punto desplaza el eje del debate. La pregunta ya no es solo si conviene sumar fibra, sino si una microbiota empobrecida está en condiciones de procesar del mismo modo un aumento rápido o extremo. Para una tendencia que suele presentar la cantidad como la variable decisiva, esa diferencia cambia el encuadre.

Los estudios muestran que no todas las microbiotas responden igual

La hipótesis de una respuesta personalizada aparece con más nitidez en trabajos que compararon distintos perfiles bacterianos. En un estudio publicado en Scientific Reports, los investigadores evaluaron microbiotas dominadas por Prevotella y por Bacteroides, dos grupos bacterianos asociados en la literatura a patrones dietarios diferentes.

Ilustración artística vibrante de bacterias en diversas formas y colores como espiroquetas, cocos y bacilos, sobre un fondo abstracto que sugiere un entorno biológico.
La fibra dietaria llega al colon porque el intestino delgado no la descompone, y allí ciertas bacterias la fermentan para producir ácidos grasos de cadena corta (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según se detalla en el estudio, ambas comunidades fermentaron de manera distinta tres tipos de fibra y produjeron perfiles diferentes de compuestos finales.

El dato más relevante de ese trabajo fue la producción de propionato, uno de los ácidos grasos de cadena corta. Según se detalla en el estudio, la microbiota dominada por Prevotella generó entre dos y tres veces más propionato que la dominada por Bacteroides.

Ese resultado no prueba por sí solo un beneficio clínico directo, pero sí aporta una base para entender por qué una misma dieta puede generar respuestas metabólicas desiguales.

La misma línea apareció en un estudio posterior publicado en The Journal of Nutrition. Según se detalla en el estudio, un ensayo cruzado con 23 adultos sanos evaluó durante una semana el efecto de distintas fibras en personas con predominio de Prevotella o de Bacteroides.

Ilustración de órganos internos del torso: hígado, estómago, páncreas, intestino delgado y grueso, con microorganismos azules y rojos.
El ensayo clínico de la Universidad de Stanford encontró que una dieta alta en fibra aumentó la actividad microbiana para degradar carbohidratos complejos, pero mantuvo estable la diversidad de la microbiota (Imagen Ilustrativa Infobae)

El trabajo encontró que el arabinoxilano redujo las puntuaciones de apetito en el grupo dominado por Prevotella, mientras que ese efecto no apareció en el grupo dominado por Bacteroides.

Ese mismo paper registró cambios diferentes en acetato e hidrógeno espirado, una medición usada para seguir la fermentación intestinal, según el perfil microbiano de base. El hallazgo reforzó la idea de que la fibra no actúa como una herramienta uniforme, aun cuando se trate del mismo compuesto y de personas sanas.

La tendencia viral simplifica una relación más compleja

Parte del entusiasmo actual se concentra en fibras muy fermentables, como la inulina o la raíz de achicoria, presentes en productos promocionados como prebióticos.

Fibras musculares con bandas rojizas y rosadas, y células redondas en tonos púrpura y blanco, bajo una luz intensa lateral sobre un fondo oscuro.
Los trabajos publicados en Scientific Reports y The Journal of Nutrition mostraron que microbiotas dominadas por Prevotella y por Bacteroides fermentan distinto las fibras y generan respuestas metabólicas desiguales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los estudios citados muestran que las fibras no actúan todas de la misma manera y que sus estructuras químicas exigen capacidades microbianas distintas para ser aprovechadas.

Un estudio publicado en Heliyon sumó otra señal en esa dirección. Según se detalla en el trabajo, una mayor abundancia de Prevotella se correlacionó con niveles fecales más altos de propionato y con una relación distinta entre acetato y propionato respecto de microbiotas asociadas con Bacteroides.

Bajo esa evidencia, el problema del “fibermaxxing” no está en promover más fibra, sino en presentar como regla general una respuesta que depende del tipo de comunidad bacteriana, de la clase de fibra y de cómo ese cambio se incorpora a la dieta.

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