Germán Tripa Tripel forjó su identidad en la escena musical argentina como uno de los integrantes destacados de Mambrú, el grupo pop surgido del reality Popstars en 2002. Su infancia transcurrió en Chilavert, provincia de Buenos Aires, donde desde pequeño se vinculó con la música integrando bandas barriales y el Coro Alemán de su localidad. Antes de saltar a la popularidad, obtuvo el título de profesor de Educación Física y trabajó como entrenador personal.
La oportunidad que modificó su trayectoria llegó con el certamen televisivo Popstars, empieza tu show, donde Tripa superó a más de cuatro mil aspirantes y conformó el quinteto Mambrú junto a Milton Amadeo, Pablo Silberberg, Gerónimo Rauch y Emanuel Ntaka. En su debut, reunieron más de 70 mil personas en el Gran Rex, y llegaron a editar tres discos: Mambrú (2002), Creciendo (2003) y Mambrú 3 (2004), además de recibir reconocimientos como el Martín Fierro y Premios Gardel.
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Con la disolución del grupo, Tripel diversificó su carrera hacia el teatro musical y la televisión. Integró el elenco de No hay dos sin tres y más adelante se volcó a proyectos solistas y experiencias escénicas. En 2026, lidera Killer Queen, una propuesta inmersiva que combina música en vivo, ópera y memorabilia de Queen, que él define como una “banda sonora de su vida”.
Está en pareja desde hace 18 años con la actriz y cantante Florencia Otero y tienen una hija, Nina, de once años.
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Acá, los momentos más destacados de una nueva edición de Casino Deluxe:
—Qué placer que estés acá, Tripa, amigo de toda la vida, bienvenido a Casino Deluxe.
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—Igualmente. Gracias por invitarme. Un placer estar acá, feliz. Estoy esperando que me preguntes cosas.
—Hemos madurado, hemos tenido hijos, hicimos muchas cosas y después la vida nos fue cruzando por otras cosas.
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—Sí, nunca te cruzaste conmigo en Mis amigos de siempre, por ejemplo. No teníamos escenas, pero Suar me hizo engordar para el personaje, ¿sabías?
—¿Te hizo engordar? Contame esa historia.
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—Fue así: yo estaba haciendo Solamente vos y me dice: “Che, mirá, el próximo proyecto es Mis amigos de siempre” y ya estabas vos, Nico Vázquez, estaban todos medio elegidos y estaban eligiendo como al elenco que acompañaba. Me dice: “¿Te animás? Es un arquero de fútbol, pero tiene que ser gordo”. Y le digo: “Qué sé yo, si querés engordo”. En esa época hablar de los cuerpos era más normal. Fui, hice muy buena audición y me dice “che, quedaste, ¿te animás a engordar?” Bueno, y engordé como diez kilos.
—¿Cómo engordaste?
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—Comiendo y comiendo.
—¿Pero comiendo grasas, tipo proteína o subís rápido?
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—No, no...
—¿Comiendo medialunas?
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—Sí, sí. Y me acuerdo que yo estaba reorgulloso porque estaba haciendo un trabajo actoral.
—Bueno, escuchame, acá estás en muy buenas manos. Vos venís a pedirme este millón de dólares que te tenés que ganar en base a las verdades que me tires sobre la mesa.
—¿Verdades? ¿Estás lista? ¿Vos me vas a preguntar cosas?
—Tengo un montón de preguntas que te voy a hacer a través de los juegos, más las que surjan. Pero vamos a ir de a poco. ¿Qué harías vos con este millón de dólares?
—Primero le compraría a mi hija Nina... últimamente está con que quiere vivir en otra casa.
—¿Cuántos años tiene?
—Once. Quiere que todos vivamos en otra casa, pero que la casa tenga cuartos secretos. Invertiría en eso y después regalaría plata.
—¿A qué tipo de personas?
—Primero a los más cercanos que lo necesiten. Siempre quise ser multimillonario para ir por la calle y ayudar a gente, ¿entendés? Tipo darle plata a alguien que veo en la calle. Porque viste que estructuralmente para un país, para una sociedad, es necesario, lamentablemente, que haya gente pobre, porque el capitalismo nos maneja de esa manera.
—O por ahí poder invertir en algún proyecto que los puedas hacer trabajar o enseñarles oficios... Acá va tu primer cien mil.
—El primero es para mí. No es de egoísta, sino porque yo tengo que armar una base para poder ayudar.
—Sí, obvio. Y además también necesitás armar la casa para tu hija, que es la que tiene sueño de esa casa.
—Primero lo primero.
—Mirá, vamos a empezar por este primer juego que se llama “Por plata o nada”. Son preguntas y vos tenés que decirme cifras que vos pienses por las cuales harías o no harías la pregunta que yo te voy a hacer.
—Okey.
—La primera dice: ¿por cuánta plata hacés una gira de un año con Mambrú?
—(Riendo) ¡Qué difícil! Una gira de un año de vuelta con los Mambrú como están hoy... que son cuatro viejas quisquillosas.
—¿Se hablan todavía?
—Sí, sí.
—¿Son amigos, se juntan cada tanto?
—No, amigos no, pero nos hablamos. Gero está ahora de gira con una versión de Los Miserables que están haciendo ahí en Estados Unidos, son cinco funciones y después se va a España; está re activo con eso. Manu también está muy activo con todo lo que es el intercambio afrocultural. Milton está trabajando mucho en Bahía y Pablo está con su hermano, van a Brasil y México, creo. Así que todos están muy bien. Nos quisimos juntar para hacer algo este año y se pusieron quisquillosas: yo no puedo por esto, yo no puedo por lo otro.
—Pero estaría buenísimo, sabés que hay un montón de gente que les encantaría volverlos a ver.
—Sí, yo lo haría primero para cerrar el círculo o el ciclo. Y para la gente, porque realmente fueron tres años nada más, ¿me entendés? Tres años. Ya pasaron veinticinco de eso.
—Es un montón.
—Claro, para nosotros es surreal que la gente te siga acordando de Mambrú. Pero volviendo a eso, si yo tuviera que cobrar plata por un año de fumarme a las viejas de Mambrú, te cobro en una bolsa en efectivo diez palos verdes, mínimo.
—Voy por la segunda. ¿Por cuánta plata volverías a ser profesor de Educación Física?
—Ah, gratis. Me encantaba. Mi hija hace deporte, patina. Yo veo la morfología de los otros cuerpos y digo: «Ella estaría bien en vóley». Ella es más de jugadora...
—¿Por qué? Porque la ves estilizada, con los brazos largos...
—Claro, la veo más alta, más grandota, ¿viste? Y me encanta esa morfología del cuerpo, ¿viste? Eso lo haría gratis.
—Tendrías que hacerlo.
—Me encantaría. Sí, estoy viejo y, perdón la palabra, pero pajero, ¿entendés? Tengo que volver a estudiar y no sé si quiero volver a estudiar.
—Claro. ¿Y te gusta hacer algún tipo de deporte?
—Entreno todos los días, sí. Es algo que ya ni siquiera lo hago por salud, lo hago porque yo me voy a correr y no me voy con auriculares, no me voy con nada que me distraiga. Voy y hablo conmigo y pienso, es todo rápido porque me gusta hacerlo tipo superserie. Hago media hora de aeróbico todos los días y después hago superserie, que son cuatro o cinco ejercicios seguidos con descanso de dos minutos, que quedo así... desmayado.

—Escuchame, ¿y hacés algún deporte que te guste?
—No, hago musculación y aeróbico de lunes a viernes. Sábado me cuesta, domingo es imposible porque la depresión nace en mi cuerpo el domingo, no sé por qué, pero cuando salgo a la mañana y veo gente correr, los aplaudo.
—Voy por la siguiente: ¿por cuánta plata contás todo lo que pasó realmente dentro de Mambrú?
—Es que ya conté muchas cosas repicantes y gratis. Y me arrepiento de haberlo hecho porque estaba muy enojado.
—¿Por qué estabas enojado?
—Me enojó que de un día para el otro dejamos de existir para la gente que nos acompañó todo el tiempo... No necesito que me des plata o que me des nuevos trabajos, pero un “¿Cómo andás? ¿Está todo bien?“, en ese momento me hubiera ayudado un montón y no estuvo.
—Fue un momento medio picante para vos...
—Repicante, sí. Y además yo venía de una familia de clase media, normal. Nadie me colocó en ese lugar, lo busqué, lo logré y de repente, de firmar pechos de mujeres hasta que rompan un cerca en Paraguay con miles de fans corriendo a arrancarnos la ropa, ¿entendés? Era mucho y todo en tres años, ¿entendés?
—Claro, un shock.
—Y a mí me pegó primero para el ego, después para abajo, para querer matarme... se va a poner medio de depresión esta nota. Salir a tomar hasta quedar casi inconsciente, agarrar el auto y querer matarme. Ese fue mi momento de querer llamar la atención. Y de hecho el pensamiento que me afloraba es: “Pero si te matás no vas a llamar la atención”. Además decía: “Vas a quedar cuadripléjico, ni siquiera te vas a morir”, y abría los ojos, pero era Lugones a todo lo que da, a ponérsela. Pero bueno, mágicamente, empecé a escuchar a mi familia y a levantar con proyectos que iban surgiendo cada vez más. Empecé a darme cuenta de que tenía que estudiar. Entonces me puse a estudiar teatro y canto profesionalmente, empecé a trabajar el cuerpo y a renovar la energía. Son momentos que hay que buscar ayuda. Yo no la busqué. Y mi familia estaba ahí para ayudarme... Mi mamá ya buscaba herramientas, tipo me compraba perros. ¡Yo deprimí a un perro! No sé si todas las personas que vos entrevistaste pueden decir eso. Un perro que era alegre, cachorrito. Yo estaba tan deprimido que el perro terminó igual que yo.
—Qué locura.
—Estábamos todo el día acostados. De pronto tuvo problemas y falleció. Yo creo que se llevó un poco toda mi depresión, pobrecito.
—Es que los animales sienten mucho lo que les pasa a las personas.
—Totalmente.
—Sé que tu pareja, Flor, también fue clave... ¿Cómo es la pareja de dos artistas que se acompañan en sus carreras?
—Nos entendemos un montón y... también nos desentendemos un montón. Como pareja creo que muchas veces soy Superman y ella me ve como Robin... Pero la realidad es que nos entendemos un montón. ¡Llevamos quince años juntos!
—Ahí hay tres dados, van a salir tres colores, que son las tres preguntas que el azar va a elegir por ti y son las que vos me tenés que responder.
—Bien, me gusta.
—A ver, pregunto: sacando lo de antes, ¿cuándo tocaste fondo?
—Es que toqué varios fondos, ¿eh? Uno de los fondos fue laboral, fue emborracharme tanto que no pude hacer función. Fue un fondo feo, estaba con Flor ya...
—Era un proyecto de ustedes. O sea, Flor también estaba en la situación.
—Sí. En vivo, ese fue uno. Tengo uno más escatológico. Es un asco esto, pero lo voy a decir porque te quiero mucho. Me pongo nervioso porque voy a contar algo que Flor odia. Bueno, yo estaba sentado así, Flor se agacha a buscar algo y yo... me tiré un pedo en la cara de ella.

—¿Estabas borracho?
—No, no estaba borracho, fue como: “A ver, vamos a medir la relación”.
—Pará, ¿cuántos años de relación tenían?
—Un mes.
—¡Ah, boludo, jugadísimo! ¿Por qué hiciste eso?
—No sé, me salió. Me pintó...
—Me intriga. Pero, ¿fue como ponerla a prueba a ella, a vos, a la relación?
—No sé... necesitaba ver cómo reaccionaba ella conmigo. Se enojó y me dijo: “Es la última vez que hacés eso”. Y nunca más, en quince años, escuchó un gas mío. Vamos a un corte y enseguida volvemos (ríen).
—La anécdota me parece espectacular y te agradezco este nivel de intimidad, que lo estés contando acá.
—Y le pido perdón adelante de todo el planeta Tierra, porque sé que ella odia que yo cuente estas cosas.
—Vamos a la próxima tarjeta, la azul, dice: ¿sos un marido celoso?
—Soy un poco celoso, sí. Pero creo que los celos no tienen que ver solo con lo físico, sino con lo que creo que le pasa a ella con el otro. Cuando veo que ella está mirando con admiración a alguien me pongo celoso.
—¿Y sentís que esos celos nutren la parte de la llama de la pareja?
—No, no. Me enojo, me ofusco, ¿viste? Me hago toda una película. Y después me doy cuenta de que es una idiotez. Pero no, nosotros físicamente tenemos mucha conexión. !Cada día la veo más linda!
—¡Qué lindo! Bueno, vamos a jugar al “Yo nunca nunca”. Te voy a hacer una serie de preguntas y si lo hiciste, tomás. “Yo nunca nunca tuve sexo en lugares insólitos”, dice la primera...
—Ay, sí, ¡en una Harley Davidson!
—¡Qué hot! ¿Arriba?
—Sí, en el estacionamiento vacío, con la Harley estacionada, porque en movimiento es muy difícil, ¿no? (risas)
—¿Y cómo se llegó a la Harley? ¿No tenían miedo a las cámaras del estacionamiento?
—No, era del estacionamiento de casa.
—¿Podrías decir que te gusta hacerlo en lugares prohibidos o...?
—No, ¿viste como si tuvieras un Prode? Un cartoncito que vas diciendo “acá sí”, ¡check!, “acá también”, ¡check!
—¿Qué lugar sentís que te falta en tu checklist?
—¿Con respecto a esto? En un globo aerostático.
—Medio incómodo, como medio peligroso.
—Sí, también. Pero lo primero que se me viene es un globo aerostático.
—Escuchame, y has dicho que tuviste relaciones en teatros. ¿Tenés muchos check dentro del teatro?
—Sí. Cuando trabajamos juntos, pobre Flor, yo le rompo mucho las pelotas, porque yo me aburro rápido además.

—¿Nunca los vieron?
—No, no creo, porque nos fuimos a la parte de arriba donde sabemos que no hay ningún técnico, nadie.
—Lo pueden hacer de esa manera.
—Sí.
—Bien por ustedes, me parece espectacular.
—Es divertido.
—Y con esto lo cerramos. Te agradezco que hayas venido, Tripa. ¡Me encantó tenerte, gracias!
—No, gracias a vos, ¡creo que me gané todo!
Disfrutá la entrevista completa en el video.
Foto: Jaime Olivos
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