El TDAH en tiempos de hiperconectividad: atención, soledad y el desafío de escuchar

La mente humana enfrenta una presión constante de notificaciones, plataformas y estímulos. Comprender este escenario invita a repensar cómo priorizamos el contacto profundo y la presencia en un mundo saturado de conexiones superficiales

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Primer plano de una mujer con auriculares grandes y oscuros, mirando fijamente por la ventana de un vehículo en movimiento, con el fondo exterior borroso.
El TDAH plantea desafíos en la regulación de la atención, en un contexto donde las plataformas digitales diseñan estrategias para captar el foco mental (Imagen Ilustrativa Infobae)

El Día Mundial del Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) suele llevarnos a hablar de diagnósticos, síntomas y tratamientos. Se ha escrito mucho sobre este tema, incluso respecto a si está sobrediagnosticado o subdiagnosticado. Pero quizá un aspecto que pasa desapercibido, por resultar obvio, es el de tomar conciencia de una función psíquica esencial: la atención, tal vez una de las más complejas y menos valoradas.

Al igual que otras funciones, como la memoria, que durante mucho tiempo recibieron una mirada limitada incluso desde la neurología y la psiquiatría (hipo o hiperprosexia), entendidas casi como la capacidad mecánica de prestar o no atención, hoy sabemos que el terreno conceptual es mucho más amplio.

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También sabemos que no se trata de funciones mentales aisladas, sino que están determinadas por el entorno en el que se vive, así como por los tiempos y modalidades que predominan en una sociedad en un momento dado. El espectro de “reclames” —término que antes se usaba para la publicidad— hoy resulta casi infinito. Una imagen utilizada hace décadas, junto con la conciencia, era la de una lámpara que se dirigía voluntariamente hacia donde queríamos o nos interesaba.

Hoy sabemos que la atención es mucho más amplia y compleja: constituye un sistema dinámico en el que intervienen la emoción, la motivación, la memoria, la expectativa, la recompensa y el significado que se le asigna.

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Amplio espectro de condiciones caracterizadas por dificultades con las habilidades sociales, el habla y la comunicación no verbal, sinestesia - (Imagen Ilustrativa Infobae)
El TDAH no implica solo incapacidad para atender, sino dificultad para regular un sistema influido por factores biológicos y emocionales (Imagen Ilustrativa Infobae)

En otras palabras, antes de que decidamos conscientemente a qué prestar atención, nuestro cerebro ya ha comenzado a jerarquizar el mundo. Por eso, una condición como el TDAH puede invitarnos a reflexionar y enseñarnos algo que va mucho más allá del propio trastorno: el lugar de la atención en un mundo en el que, paradójicamente, la desatención se ha vuelto la norma. En este contexto, la atención es el recurso más disputado, como se observa en las redes sociales o en la publicidad.

Prestar atención no depende solo de la voluntad, sino también de la forma en que el cerebro organiza las prioridades. Hasta hace poco, una persona con TDAH debía adaptarse a un sistema educativo que no lograba estimularla para sostener la atención.

Hoy la situación adquiere otra dimensión: la atención compite con plataformas diseñadas específicamente, asesoradas por las ciencias del comportamiento, para captar y retener el foco atencional mediante notificaciones constantes, videos breves, algoritmos que anticipan nuestros intereses y, cada vez más, sistemas de inteligencia artificial capaces de personalizar la estimulación en tiempo real. Es una especie de perros de Pavlov 3.0. Nunca antes el cerebro humano enfrentó una competencia semejante por su atención.

En este marco, sumado a la efeméride, otro elemento útil para analizar el fenómeno de la atención es el Mundial de Fútbol y cómo los cambios atencionales impactan en otras áreas de nuestro psiquismo y en nuestro cuerpo.

Cuatro personas de espaldas sentadas en una oficina con monitores, observan un partido de fútbol en una televisión. Se ve una bandera argentina y guirnaldas.
Durante partidos decisivos, millones de personas logran sostener la atención colectiva por más de dos horas, inhibiendo distracciones habituales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Al igual que ocurrió, en otra escala, con la cuarentena durante el COVID-19, se trata de una situación de psicología experimental de masas: escenarios que permiten observar cómo reaccionamos colectivamente.

Durante un partido decisivo, millones de personas realizan de manera espontánea uno de los ejercicios atencionales más intensos: permanecer concentradas durante casi dos horas, recordar jugadas, anticipar estrategias, detectar movimientos mínimos.

Para lograrlo, se inhiben las distracciones y, de manera sorprendente, disminuye el uso del teléfono celular. Es como si, por un momento, el cerebro recuperara una capacidad de concentración que parecía perdida. Surge la pregunta: ¿es una capacidad realmente perdida o intervienen las variables motivacionales?

En cifras, el partido entre Egipto y Argentina alcanzó, solo en televisión abierta, un pico de 36,4 puntos de rating y un 90,4% de share; es decir, nueve de cada diez televisores encendidos estaban sintonizando el partido.

Una cabeza translúcida de perfil muestra un cerebro brillante con actividad neuronal mientras líneas de luz conectan formas geométricas flotantes a los ojos.
El cerebro humano nunca antes enfrentó una competencia tan intensa por su atención, impulsada por notificaciones y algoritmos personalizados (Imagen Ilustrativa Infobae)

La final de Qatar habría sido vista por 1.500 millones de espectadores acumulados. Todas estas cifras probablemente serán superadas. ¿En qué otro momento millones de personas realizan simultáneamente el mismo ejercicio cognitivo de sostener la atención durante más de dos horas en un solo acontecimiento?

La explicación no reside únicamente en el fútbol ni en un estudio de marketing aislado, sino que apunta a cómo funciona la atención. Aunque pueda parecer extraño, los eventos sociales masivos —en este caso, quizás el más grande del mundo, como es el Mundial 2026— reúnen numerosas variables que permiten estudiar la mente: incertidumbre, emoción, recompensa, pertenencia, el impacto de la narrativa, las expectativas.

Esto revela algo: no prestamos atención solo por una decisión voluntaria, sino porque ciertos estímulos adquieren un significado excepcional para nosotros.

Esta observación ayuda a comprender no solo el funcionamiento normal de la atención, sino también su disfunción, como ocurre en el TDAH.

El problema no radica simplemente en una incapacidad para atender, sino en la dificultad para regular un sistema influido por múltiples variables, entre ellas las biológicas y las emocionales.

Una mujer aburrida lee un libro que parece no entretenerle - (Imagen Ilustrativa Infobae)
La dispersión se presenta hoy como un modo de existencia, mientras disminuyen los espacios para la contemplación y la lectura prolongada (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por eso, muchas personas con TDAH pueden mostrar una concentración extraordinaria cuando encuentran una actividad cargada de significado. Esa aparente paradoja, que suele confundir e incluso molestar a muchos (“puede prestar atención en esto, pero no en esto otro”, imaginando que depende de la voluntad), constituye una de las claves del funcionamiento de la atención humana.

Al mismo tiempo, esto obliga a revisar el contexto en el que vivimos. Un concepto de gran actualidad e impacto en la vida cotidiana es el de economía atencional: la competencia por captar un bien escaso, que es nuestra atención, nuestra mente, nuestro tiempo mental. Ese tiempo se convierte en poder y en dinero; la clave reside en quién captura nuestra atención y qué hace con ella.

La propaganda siempre se basó en este principio, aunque ahora la dinámica está potenciada exponencialmente. Surge también el concepto de ecología de la atención, que cuestiona en qué ambiente puede desarrollarse una atención saludable. Una, la economía, se enfoca en el mercado; la otra, en las condiciones de vida de una mente sana. El interrogante es si ambas pueden coexistir o si están en conflicto.

En ese conflicto, la dispersión ya no parece una distracción ocasional, sino un modo de existencia, incluso idealizado, como ocurre con el multitasking. Vivimos rodeados de estímulos que exigen una respuesta inmediata, y quizá lo más relevante no es el reclamo en sí, sino el hecho de que respondemos. Paralelamente, disminuyen los espacios para la contemplación, la lectura prolongada, la conversación sin interrupciones o, incluso, algo que ya resulta casi un lujo exótico: hacer silencio.

Elementos visuales de la Semana Azul, incluyendo material educativo y pulseras de concienciación sobre el autismo - (Imagen Ilustrativa Infobae)
Muchas personas con TDAH logran concentración extraordinaria cuando una actividad tiene significado personal, desafiando los prejuicios (Imagen Ilustrativa Infobae)

La etimología de la palabra atención ofrece una pista sobre la capacidad que necesitamos recuperar: significa tender, dirigir hacia algo o alguien. Este concepto se vincula con una de las epidemias actuales, la soledad.

La atención nos revela algo que, por estar tan perdido, el filósofo Byung-Chul Han considera que escuchar se ha transformado en un gesto radical, casi revolucionario. Se asocia también a Simone Weil, quien plantea que la atención es la precondición para “vaciar” el yo y poder ver realmente al otro.

Ese puente que tendemos hacia el otro constituye una forma de encuentro, al que hacemos un lugar en nuestra ocupada mente. Atender no implica únicamente concentrarse en una tarea, sino vaciar, silenciar momentáneamente el propio ruido interior para permitir que una persona, una idea o una experiencia existan plenamente ante nosotros.

Ese ruido mental que quienes tienen TDAH describen con tanta claridad está presente en todos. En este sentido, la atención posee una dimensión ética además de una dimensión cognitiva. No es solo una función cerebral; es una forma de existencia. Por eso, una persona con esta condición sufre no solo por la dificultad para concentrarse en una tarea, sino también por la dificultad para conectarse con el otro.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La atención tiene una dimensión ética y cognitiva, pues permite no solo concentrarse sino también conectarse realmente con el otro (Imagen Ilustrativa Infobae)

En una época marcada por la hiperconectividad, el verdadero lujo ya no consiste en estar permanentemente comunicados, sino en recuperar la capacidad y los espacios de silencio. Pensar requiere suspender, aunque sea por un momento, el flujo constante de estímulos. También implica decidir no vivir anestesiados por una sucesión interminable de novedades.

Quizás esta sea la enseñanza más profunda que puede dejar el Día Mundial del TDAH, más allá del propio diagnóstico. Comprender el trastorno ayuda a entender mejor a millones de personas, tengan o no diagnóstico. Comprender la atención puede ayudarnos a entender el tipo de sociedad que estamos construyendo y, en particular, a crear el silencio necesario para escucharnos y, tal vez, entendernos y aceptarnos.

* El doctor Enrique De Rosa Alabaster se especializa en temas de salud mental. Es médico psiquiatra, neurólogo, sexólogo y médico legista

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