Por primera vez, una investigación liderada por científicos latinoamericanos ofrece una guía concreta y al alcance de todos para cuidar la memoria y las funciones esenciales del cerebro.
Cinco hábitos —actividad física, alimentación saludable, control cardiovascular, entrenamiento cognitivo y socialización— se erigieron como las claves para mejorar significativamente la salud cognitiva.
El estudio LatAm-FINGERS, desarrollado durante dos años en 11 países de América Latina, mostró que una intervención multidominio, estructurada y adaptada a la cultura de la región, logró mejoras un 55% superiores a las observadas con recomendaciones generales de salud en adultos mayores en riesgo de deterioro cognitivo.
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La doctora Lucía Crivelli, investigadora principal de LatAm-FINGERS y jefa de Neuropsicología de FLENI, habló en exclusiva con Infobae y explicó por qué el trabajo publicado en The Lancet marca un hito científico.

—Más allá del resultado científico y la importancia de ese 55% de probabilidad de reducir el deterioro cognitivo, ¿qué cambia para América Latina contar con esta evidencia desde el punto de vista de la prevención?
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—Para América Latina, el significado es todavía más importante que para otros países, porque los factores de riesgo potencialmente modificables en nuestra región son muchísimo más altos. En el mundo, estos factores representan el 45% para la demencia; en América Latina alcanzan el 54% y, en Argentina, llegan al 60%. Eso quiere decir que tenemos lo que se llama más lugar para el cambio o una oportunidad excepcional de mejora. En inglés le dicen 'more room for improvement. Podemos mejorar aún más, podemos prevenir más casos.
En el mundo hay alrededor de 52 millones de casos de demencia; dos tercios se encuentran en países de ingresos medianos y bajos. Por lo tanto, concentramos la mayoría de los casos y necesitamos herramientas para prevenirlos.
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Este estudio logró unir a la región de Latinoamérica y realizar un estudio ideado por investigadores de 11 países y llevado adelante por ellos. Si bien el estudio tuvo financiación de Estados Unidos, cada investigador lideró su país, lo que es algo inaudito y nuevo. Y también lo inaudito y nuevo es la colaboración entre los países.
Si bien sabemos que todos nos decimos latinoamericanos y nos referimos a lo latinoamericano, Latinoamérica no existe como una unión política real, no es una localización; es una unión cultural que tenemos ciertos países que compartimos cultura, en algunos casos lenguaje, y una forma de ser muy especial. Y, lamentablemente, también compartimos estos factores de riesgo.
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—¿Y por qué es tan importante que el estudio haya sido realizado con participantes latinoamericanos, y no solo extrapolar los datos de Europa o Estados Unidos para tratar o intentar prevenir el deterioro cognitivo?
—El estudio es un giro paradigmático en el sentido de, a partir de ahora, quien está haciendo las preguntas y quien está encontrando las respuestas. Somos los latinoamericanos quienes nos preguntamos por esto, y las respuestas de los finlandeses, en el caso de FINGER original, o de los estadounidenses, en el caso de US POINTER, no nos alcanzan para responder nuestras preguntas, que son distintas.
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¿Por qué? Porque esta configuración de factores de riesgo es diferente. Por ejemplo, en nuestra región la baja educación tiene una alta incidencia, o la hipertensión tiene mayor incidencia que en países de altos ingresos. En cambio, cosas como el aislamiento social no son cuestiones tan preocupantes en nuestra región como lo son en otros países.
Entonces, la configuración del riesgo es distinta, la pregunta que se hace es distinta y es importante que por eso se la hagan los investigadores de la región. Si esta investigación hubiese sido liderada por otros países, seguramente la pregunta hubiese sido otra.
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—El estudio muestra que una intervención multidominio basada en actividad física, alimentación saludable, control cardiovascular, entrenamiento cognitivo y socialización puede mejorar la salud cognitiva. Para las personas de a pie, ¿qué tan accesible resulta incorporar esto en la vida cotidiana?
—Bueno, ese es el próximo paso que tiene LatAm-FINGERS por delante: empezar a pensar en políticas públicas y en la implementación de esto en los diferentes países de Latinoamérica, no solo en los que participaron, sino en Latinoamérica en general.
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La idea es que esta es una receta no farmacológica y de bajo costo. Se puede realizar en la casa de uno, solamente tenés que saber qué es lo que tenés que hacer. De hecho, si uno revisa el ensayo clínico y los resultados, se ve que ambos grupos mejoraron. Uno mejoró mucho más que el otro. El grupo al que le dimos un tratamiento sistemático mejoró un 55% más que el otro grupo, que también mejoró.
Ya brindar información sobre los factores que protegen nuestro cerebro hace que la gente cambie su estilo de vida y mejore. Entonces, para el ciudadano de a pie, para la persona común, saber qué es lo que tiene que hacer ya es suficiente como para generar una mejora cognitiva.
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Si queremos que esa mejora cognitiva sea aún más significativa, como la que tuvo el grupo sistemático, tenemos que llevar algún tipo de control sobre esto: que la frecuencia sea la indicada, que los ejercicios sean los correctos, que la dieta sea la correcta. Pero todo eso está al alcance de la mano, y eso es lo bueno de esta intervención.
Hasta el 54% de los casos de demencia en Latinoamérica podrían prevenirse si operamos sobre factores de riesgo modificables a bajo costo, en la casa de uno.

—En relación con los costos y el hecho de que no se requiere un medicamento, un fármaco caro o una tecnología costosa, ¿podemos decir que este hallazgo tiene un componente democratizador, ya que depende principalmente de hábitos y de ese acompañamiento sostenido al que hacías referencia?
—Absolutamente, porque si te fijás incluso, los diferentes centros del estudio implementaron la intervención de diferentes maneras según los recursos de base que tenían.
Nosotros en Argentina hicimos un convenio con un gimnasio. Pero, por ejemplo, en México el ejercicio físico se hizo en las plazas públicas; están acostumbrados a hacer el ejercicio al aire libre. En Brasil lo hicieron dentro del hospital. En cada lugar lo hicieron de la manera que podían y de una manera distinta, y sin embargo los resultados fueron contundentes en todos los países. La receta es una, pero la forma de implementarla, de llevarla adelante, es flexible. Eso es lo que nos viene a mostrar también esta intervención.
Nosotros respetamos a rajatabla los principios de los protocolos de FINGER de Finlandia y de Estados Unidos, pero los implementamos de una manera latinoamericana, uniendo cultura, dieta y baile latinoamericano. Nosotros no podíamos hacer la caminata finlandesa o la dieta mediterránea. Entonces, fuimos adaptando esas cosas cumpliendo los principios básicos.
Eso nos llevó a resultados aún más contundentes que los que se lograron en Finlandia o Estados Unidos. Somos el primer estudio en encontrar resultados en la memoria, en las funciones ejecutivas y en la atención. Los otros estudios no encontraron las tres funciones, ninguno de los otros dos. El finlandés encontró en atención y en funciones ejecutivas. El de Estados Unidos encontró en funciones ejecutivas y nada más. Y nosotros encontramos en los tres dominios. Y también hubo otros estudios como el realizado en Japón (JMIND) y Francia (AgeWell) que tuvieron resultados negativos, no encontraron cambios.

—A partir de la publicación de este estudio, ¿cuál debería ser ahora el rol de la salud pública para que este conocimiento no quede solo en el ámbito científico, sino que llegue efectivamente a la población?
—Creo que la salud pública tiene un rol y que este será mediado por la comunicación. Por eso es tan importante que divulguemos los resultados de esta investigación, porque en algún punto se tiene que acercar la ciencia a la práctica real, a la vida de la gente.
Y sabemos que es una preocupación muy importante para la población que está envejeciendo: cómo envejecer, cómo vivir sus últimos años de vida.
Y si con un estudio científico podemos comprobar que la información sobre el estilo de vida saludable puede modificar este último tramo de la vida de las personas, creo que es una obligación de las autoridades de salud pública de cada país y de nosotros como investigadores de tratar de acercarnos y buscar la manera de dialogar para implementar la ciencia al servicio de la comunidad.
—Al conversar con otros investigadores, muchos coincidían en el foco en la prevención y en que, muchas veces, se llegaba tarde al diagnóstico. ¿Qué podrían hacer los sistemas de salud de la región para incorporar estrategias de prevención en la atención primaria, especialmente?
—Nunca es demasiado temprano para intervenir y nunca es demasiado tarde. Este estudio se llevó a cabo en personas de 60 o más años. Pero la realidad es que si empezamos antes es aún mejor.
Entonces, podrían comunicar desde temprano, desde la escuela primaria, que la salud es integral, que hay una falacia, que esta dicotomía entre la salud cerebral y la salud física, la salud mental y la salud física, no es real; que somos una entidad integral y que todo lo que hagamos por nuestra salud en general mejora también la salud de nuestro cerebro y la forma en que envejecemos.
La gente suele preguntarse qué puede hacer específicamente para cuidar el cerebro y muchas veces la consulta se orienta a “¿hago crucigramas, sudoku, hago cuentas? ¿Cómo ejercito mi cerebro?”. No: mi cerebro lo empiezo ejercitando cuando me levanto y hago ejercicio físico, cuando como bien, cuando hablo con otras personas. También cuando hago cuentas matemáticas y me exijo, cuando socializo, cuando controlo todo lo que tiene que ver con lo cardiovascular. De ese modo se cuida el cerebro, porque se cuida el cuerpo en su conjunto, ya que somos una integridad.

—Los médicos clínicos, geriatras, neurólogos, cardiólogos por el tema vascular y otros profesionales de la salud, ¿deberían o pueden tener un rol más activo en la educación de los pacientes sobre prevención cognitiva?
—Sí, pero si hay algo que aprendimos en este estudio es que también tenemos que informar a la comunidad médica sobre estos resultados.
Muchas veces la consulta llega, la pregunta llega y el médico no responde con la respuesta más informada. Por eso es tan importante que divulguemos estos resultados en la comunidad médica, en la comunidad en general, y también en el ambiente de las políticas públicas. Creo que es una deuda que tenemos pendiente en América Latina.
—¿Qué desafíos existen actualmente para transformar este tipo de evidencia en una política pública sostenible en América Latina?
—La demencia y el envejecimiento son cuestiones que, si trabajamos en prevención, van a tener resultados en el mediano y largo plazo, y es más difícil que sea prioridad. Esto es algo que se repite en los distintos países latinoamericanos: es difícil implementar políticas públicas que tengan efectos a largo plazo, que no va a ver el mismo gobierno que estaba gobernando en ese momento.
Por eso hay que pensar en estados y no en gobiernos, y hay que pensar en que esto tiene un efecto positivo en la gente en corto plazo. Lo que comprobamos en la investigación es que en dos años mejoran el 55% de su rendimiento cognitivo. Entonces, este mito de que se va a ver a muy largo plazo no es tan así.
También genera un bienestar inmediato en las personas y se puede implementar desde la juventud, no solamente en la edad donde la demencia empieza a ser un factor de riesgo real por la edad.
A mí me parece que las dificultades tienen que ver con esto: con los cambios políticos, la inestabilidad, y también con un prejuicio o una idea de que esto tiene un alto costo. Y esto no tiene un alto costo porque con información ya la gente mejora. Entonces, se puede buscar una manera de articularlo y de implementarlo que involucre una buena campaña de información y algunas facilidades o descuentos para acceder a alimentos o ejercicios.

—Se trata de una intervención que no requiere una solución farmacológica, sino cambios sostenidos en varios aspectos de la vida cotidiana. ¿Qué tipo de acompañamiento sería necesario para poder mantener estos cambios a lo largo del tiempo?
—Lo que es muy importante y que nos dimos cuenta que diferencia un grupo del otro en el estudio es la frecuencia: la frecuencia del ejercicio físico, que es cuatro veces por semana; la frecuencia del ejercicio cognitivo, también cuatro veces por semana; el sostenimiento de la dieta; el sostenimiento del contacto grupal, que lo armamos nosotros mismos en grupos de socialización; y el control de los factores de riesgo cardiovasculares médico, que se hace cada seis meses.
Entonces, lo más difícil es esto: mantener, sostener la frecuencia y la intensidad, lo máximo posible.
Yo pienso que la receta tiene que ser la receta que es: la que dio resultado en Finlandia, en Estados Unidos y en Latinoamérica: son cinco pilares, no uno, dos ni tres combinados; son cinco pilares, son de alta frecuencia y ese es el mensaje que nosotros tenemos que transmitir.
Después, hasta dónde cada persona lo implemente va a tener mejoras graduales según cuánto haga de cada cosa. Pero es importante siempre transmitir con claridad que son los cinco y con frecuencia alta.
—En estos tiempos de redes sociales, inmediatez y contenidos breves, ¿cómo evitamos que todo el proyecto y el mensaje se reduzcan a “cinco consejos saludables” y cómo explicamos que, en realidad, existe un protocolo científico estructurado y probado durante dos años de trabajo?
—La publicación en The Lancet nos ayuda mucho. Esto no es algo improvisado. The Lancet es el journal científico más prestigioso, más citado y con un factor de impacto más alto en el mundo.
Que un latinoamericano publique un artículo ahí tiene mucho significado, va a generar mucho movimiento, incluso internacional; en la comunidad latinoamericana y por fuera de Latinoamérica. Y pienso que es conocimiento duro, rígido, científico, con mediciones precisas. No creo que podamos reducirlo a consejos, que se reduzca a consejos con semejante evidencia por detrás.

—¿Qué responsabilidad tendrían los gobiernos, los sistemas de salud, los médicos en general y los medios de comunicación para mejorar la prevención del deterioro cognitivo a partir de ahora?
—La responsabilidad aumenta notablemente. A partir de esta publicación va a aumentar porque ahora hay evidencia. Antes había evidencia en Finlandia, en Estados Unidos... Son otras poblaciones con otras problemáticas, con otros factores de riesgo y con otras posibles soluciones.
Ahora tenemos evidencia de que en nuestra región, en nuestros países, se puede prevenir la demencia y el deterioro cognitivo. Algo que es una epidemia y que está generando mucha sobrecarga a los cuidadores de las personas con demencia, sobre todo a las mujeres.
Dos de cada tres casos de demencia ocurren en mujeres y dos de cada tres cuidadores somos mujeres. Entonces, esta es una investigación donde la mujer está en el centro como paciente, como cuidadora y, en mi caso, estoy en el centro como mujer investigadora, que es el caso de muchas de las investigadoras de esta red que somos mujeres.

—¿Cuál sería el próximo paso ideal después de este estudio para LatAm-FINGERS y para los sistemas de salud de América Latina?
—El próximo paso es la implementación. Generar evidencia era indispensable, pero no es el punto de llegada. Ahora el desafío es avanzar de la evidencia al impacto comunitario y de la innovación a la implementación en la vida real de las personas mayores. Eso implica trabajar junto a investigadores, gobiernos, autoridades sanitarias y comunidades para transformar estos hallazgos en políticas públicas y programas sostenibles.
Por eso la comunicación es una parte esencial del proceso. Nosotros investigamos preguntas que tienen relevancia clínica, profesional y poblacional, pero la investigación sólo alcanza su verdadero valor cuando ese conocimiento llega a las personas y contribuye a mejorar su vida cotidiana.
En mi caso, yo no investigo cuestiones abstractas o que no tengan correlato real. Siempre fue importante en mi carrera investigar cosas que tengan relevancia y que puedan tener impacto en la vida de las personas.
En la Argentina, con esta evidencia, surge la oportunidad de tener un impacto real en el envejecimiento saludable. Sabemos que es familiar. El envejecimiento de nuestra región es mucho más patológico que el envejecimiento de los países ricos. No podemos permitir eso porque la realidad es que la prevención no depende solamente de recursos económicos; también de los hábitos y costumbres y de la información.
Entonces, creo que el próximo paso es informar y dialogar con la comunidad política y con la población para de a poco generar cambios en cada uno de nuestros países.

—¿Considerás que estamos frente a una oportunidad para que la prevención del deterioro cognitivo deje de ser solo un tema de especialistas y pase a formar parte de una conversación pública sobre envejecimiento saludable en América Latina?
—Sí, porque la pregunta sobre el envejecimiento llega al médico generalista. La pregunta sobre el envejecimiento es una pregunta que se hace la gente en la sobremesa, es una conversación de todos los días.
Es algo con lo que convivimos todos, y la verdad es que cuando la solución no es una solución farmacológica y específica que tiene que ser prescripta o recetada por un profesional específico de la medicina y está al alcance de la mano de todos, es importante que todos colaboremos en la difusión de esto y tomemos el tema con seriedad.
—Para cerrar: si tuviera que dejar un mensaje concreto a una persona adulta o a una familia preocupada por la memoria y el envejecimiento, ¿cuál sería ese mensaje y qué podría decirle hoy que no le habría podido decir hace cinco años?
—El mensaje es que nunca es demasiado pronto para empezar, y nunca es demasiado tarde para empezar con la prevención. Y lo que le puedo decir ahora, una vez que hice la investigación, es que la prevención es posible, que hay evidencia y que vale la pena hacer el esfuerzo.
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