
La apnea obstructiva del sueño suele asociarse con ronquidos y somnolencia diurna. Sin embargo, sus efectos pueden ir mucho más allá del descanso nocturno: también puede favorecer el aumento de la presión arterial y someter al sistema cardiovascular a una carga constante.
Según especialistas de Cleveland Clinic, este trastorno del descanso y la hipertensión suelen presentarse al mismo tiempo y, cuando no reciben atención adecuada, pueden agravarse entre sí. Esta interacción incrementa la probabilidad de padecer enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y otras complicaciones vinculadas con el daño de distintos órganos.
PUBLICIDAD
El vínculo funciona en ambas direcciones. La apnea puede favorecer la aparición de hipertensión, mientras que una tensión arterial difícil de controlar puede agravar las alteraciones respiratorias nocturnas. Por eso, los expertos recomiendan abordar ambos problemas de manera integral.
Cómo la apnea del sueño eleva la presión arterial
Durante los episodios de apnea obstructiva del sueño, los músculos de la garganta se relajan excesivamente y bloquean temporalmente el paso del aire. Como consecuencia, la respiración se interrumpe repetidamente a lo largo de la noche.
PUBLICIDAD
Estas pausas reducen los niveles de oxígeno en sangre y obligan al organismo a activar mecanismos de defensa. “El organismo permanece en estado de alerta constante, incluso durante el sueño”, explicó la doctora Aparna Bhat, especialista en medicina del sueño de Cleveland Clinic.

En condiciones normales, la presión arterial disminuye durante el descanso nocturno. Sin embargo, las interrupciones repetidas del sueño y la falta de oxígeno favorecen la liberación de hormonas del estrés, como el cortisol, que aumentan la presión y ejercen una carga adicional sobre el sistema cardiovascular.
PUBLICIDAD
Con el tiempo, este proceso puede contribuir al desarrollo de hipertensión sostenida y aumentar el riesgo de enfermedades cardíacas.
Cuando la hipertensión empeora la apnea
La relación también puede funcionar en sentido inverso. Según Cleveland Clinic, las personas con hipertensión resistente —aquella que continúa elevada pese al tratamiento con varios medicamentos— tienen una mayor probabilidad de presentar apnea obstructiva del sueño.
PUBLICIDAD
Una de las explicaciones es la acumulación de líquidos. Durante el día, parte de ese exceso puede concentrarse en las piernas, pero al acostarse se redistribuye hacia otras zonas del cuerpo, incluido el cuello. Esto favorece la inflamación de los tejidos de la garganta y estrecha las vías respiratorias.

A su vez, los niveles elevados de aldosterona, una hormona relacionada con la retención de sodio y líquidos, pueden agravar este proceso y aumentar la dificultad para respirar durante la noche.
PUBLICIDAD
Qué tratamientos ayudan a controlar ambas afecciones
La presión positiva continua en las vías respiratorias (CPAP) sigue siendo el tratamiento de referencia para la apnea obstructiva del sueño. El dispositivo suministra aire a través de una mascarilla y evita el colapso de las vías respiratorias mientras la persona duerme.
Según la doctora Bhat, el uso constante de CPAP no solo mejora la calidad del sueño, sino que también puede contribuir a reducir la presión arterial, especialmente en personas con hipertensión.
PUBLICIDAD

La pérdida de peso constituye otra estrategia importante, ya que la obesidad es uno de los principales factores de riesgo para ambas afecciones. La actividad física regular, una alimentación saludable y el control médico periódico también forman parte de las recomendaciones habituales.
En algunos casos pueden utilizarse dispositivos orales personalizados que ayudan a mantener abiertas las vías respiratorias. Otra alternativa es la estimulación del nervio hipogloso mediante un implante quirúrgico diseñado para activar los músculos de la lengua durante el sueño.
PUBLICIDAD
Qué riesgos implica no tratar estas condiciones
La apnea obstructiva del sueño y la hipertensión son trastornos frecuentes, pero muchas veces permanecen sin diagnóstico durante años. Cuando no reciben tratamiento, aumentan el riesgo de insuficiencia cardíaca, infarto, accidente cerebrovascular y deterioro de la calidad de vida.
Por este motivo, los especialistas recomiendan consultar ante síntomas como ronquidos intensos, pausas respiratorias observadas por otra persona, somnolencia diurna excesiva o presión arterial difícil de controlar. Identificar ambas afecciones de forma temprana y tratarlas de manera coordinada puede ayudar a proteger la salud cardiovascular y reducir el riesgo de complicaciones a largo plazo.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Las 10 claves que hay que saber sobre BA.3.2, la variante de COVID que llegó a Argentina
Presenta numerosas mutaciones y capacidad de evadir parcialmente defensas previas. Qué indican los especialistas y los organismos sanitarios sobre su transmisión, gravedad y protección de las vacunas

Lactancia materna, angustia posparto y destete: lo que muchas madres viven en silencio
En una nueva edición de El Puente, la puericultora y psicóloga social Paola de los Santos recorrió cada etapa del amamantamiento y el peso hormonal, emocional y físico que implica

Más allá del dolor de cabeza: cómo se relaciona la migraña con la depresión y la ansiedad
Expertos destacan la importancia de considerar su impacto en la salud mental. Claves para detectarla a tiempo y mejorar la calidad de vida

Un estudio de Harvard halla una conexión inesperada entre el bazo y el riesgo de enfermedad coronaria
Analizaron resonancias abdominales de 42.059 personas e identificaron 10 señales asociadas con placas en las arterias que irrigan el corazón

Por qué los medicamentos para el corazón suelen combinarse y qué función cumple cada uno
La guía de Cleveland Clinic repasa los principales tratamientos utilizados para controlar la presión, el colesterol, la coagulación, el ritmo cardíaco y la acumulación de líquidos. De qué depende la elección


