
En los pasillos iluminados de cualquier supermercado, las opciones parecen infinitas. Entre envases coloridos y ofertas tentadoras, los productos ultraprocesados ocupan gran parte de los carritos y las mesas familiares. Lejos de tratarse solo de una tendencia de consumo, esta escena cotidiana acaba de recibir un nuevo llamado de atención por parte de la ciencia. Un reciente estudio advierte que el consumo elevado de estos alimentos está vinculado a un riesgo considerablemente mayor de desarrollar demencia y deterioro cognitivo.
El hallazgo, publicado recientemente por la revista American Journal of Public Health, recibió el respaldo del doctor Eric Topol, referente internacional en temas de envejecimiento saludable. “Una avalancha de nuevos artículos sobre alimentos ultraprocesados, comparando a las empresas alimentarias con la industria del tabaco, y enfatizando el vínculo con la demencia”, posteó el experto en X.
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El estudio analizó a más de 5.300 adultos estadounidenses de 50 años o más durante casi una década. Los resultados muestran que quienes consumieron la mayor cantidad de alimentos ultraprocesados presentaron un riesgo 58% mayor de desarrollar demencia y un 46% más de probabilidades de experimentar deterioro cognitivo en comparación con quienes ingirieron la menor cantidad.
El riesgo no se limita a grandes cantidades
La investigación remarca que el riesgo no se limita a quienes consumen grandes cantidades. Incluso las personas con ingestas moderadas de ultraprocesados presentaron un aumento en la probabilidad de padecer demencia, en comparación con quienes casi no los incluyen en su dieta.

Cindy W. Leung, autora del trabajo y profesora asociada de nutrición en Harvard, explicó: “El simple hecho de decir: ‘Bueno, no consumo todas mis calorías de alimentos ultraprocesados, así que estoy a salvo’, demuestra que quizás no exista un nivel seguro”.
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Los alimentos ultraprocesados incluyen productos ampliamente presentes en la ingesta diaria: galletitas, papas fritas envasadas, embutidos, salchichas y comidas listas para calentar. Según los investigadores de la Escuela de Salud Pública TH Chan de Harvard, estos alimentos contienen ingredientes poco habituales en una cocina doméstica, como emulsionantes, jarabe de maíz de alta fructosa y conservantes. El consumo masivo de ultraprocesados se disparó en Estados Unidos: el 70% de los alimentos en las góndolas son altamente procesados, de acuerdo con el National Institutes of Health.
Entre los factores que podrían explicar la relación entre alimentos ultraprocesados y demencia, los investigadores señalan varios caminos posibles. Una parte de la explicación reside en que este tipo de dieta suele asociarse a obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares, todas condiciones que aumentan el riesgo de deterioro cognitivo.
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Sin embargo, estudios recientes apuntan a mecanismos más directos: ciertos aditivos como emulsionantes y nitritos pueden alterar la microbiota intestinal y desencadenar inflamación, un proceso relacionado con trastornos neurológicos.

El doctor Dariush Mozaffarian, director del Instituto Food Is Medicine de la Universidad de Tufts, explicó que ciertos aditivos comunes en los alimentos ultraprocesados, como los emulsionantes, pueden alterar la microbiota intestinal y provocar inflamación: “La inflamación se ha relacionado con numerosos problemas de salud, incluida la demencia”. Además, el consumo frecuente de carnes procesadas (como panceta y jamón en lonchas) se asoció a los mayores riesgos dentro del grupo de ultraprocesados.
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Otra línea de investigación explora el impacto de edulcorantes artificiales como el aspartamo. Estudios en animales han demostrado que su consumo puede afectar negativamente la memoria y el aprendizaje.
¿Qué opciones reducen el riesgo?
El estudio también arroja una luz sobre las alternativas beneficiosas. Las personas que consumieron más alimentos mínimamente procesados —frutas frescas, verduras, cereales integrales, pescado y carnes sin procesar— mostraron un 41% menos de riesgo de demencia respecto al grupo de menor ingesta. “Hay cosas que se pueden modificar”, afirmó Brenda Davy, profesora de nutrición en la Universidad de Virginia Tech. La especialista sostuvo que es posible reducir el riesgo al reemplazar ultraprocesados por opciones frescas y naturales.
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La magnitud del fenómeno ha dado lugar a una creciente presión social y política. Según una encuesta publicada en el American Journal of Public Health, el 77% de los estadounidenses apoya advertencias obligatorias en las etiquetas de los ultraprocesados, mientras que el 87% pide pruebas de seguridad para los aditivos alimentarios antes de su uso. El movimiento “Fed UP!” reúne a expertos y organizaciones de salud pública que reclaman mayor regulación y transparencia en la industria.
El avance de los alimentos ultraprocesados en la dieta global plantea interrogantes urgentes para la salud pública. El estudio publicado por el American Journal of Public Health no solo vincula el consumo de estos productos con la demencia, sino que también refuerza la necesidad de políticas efectivas para reducir su presencia en la alimentación cotidiana. Como reclamó el movimiento “Fed UP!”, “las familias están pidiendo respuestas sobre cómo se fabrican, comercializan y regulan los alimentos, y cómo pueden ser parte del cambio”.
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