
Hubo un tiempo en el que los estereotipos de belleza dejaron de presentar cuerpos delgados como hegemónicos y se dio lugar a lo que conocimos como la aceptación de los “cuerpos reales”.
“De los cuerpos ajenos no se opina”, debieron aprender los adultos, y así empezaron a ser educadas las nuevas generaciones. Sin embargo, bajo el disfraz de estilos de vida saludables, el culto del ejercicio físico, y la búsqueda del bienestar, los especialistas alertan que hoy se esconden nuevas formas de obsesión corporal.
El fenómeno, que atraviesa redes sociales, la industria de la moda y la medicalización de la obesidad, suscita preocupación en consultorios, donde cada vez más, los especialistas dan cuenta de cómo el discurso cambió de “quiero ser flaca” a “quiero desinflamarme”, “optimizar mi metabolismo” o “comer limpio”.
¿Un regreso del culto a la delgadez disfrazado de salud?

Para la médica pediatra, especialista en nutrición infantil y adolescente y miembro de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN) Marisa Armeno (MN 108.583), “hoy la delgadez extrema ya no se presenta como un ideal estético explícito, sino como un supuesto objetivo de salud”.
Consultada por Infobae, la especialista contó lo que observa en su práctica diaria: “Restricciones innecesarias de grupos de alimentos, miedo irracional a carbohidratos, ayunos prolongados sin indicación médica, o listas cada vez más largas de ‘alimentos prohibidos’”. Todo, según ella, “se legitima con lenguaje pseudo-científico. El problema no es la búsqueda de salud, sino cuando esa búsqueda se vuelve rígida, obsesiva y desconectada de la evidencia”.
Desde la perspectiva de la médica psiquiatra y miembro de la Academia de Trastornos Alimentarios Juana Poulisis (MN 97.898), “hay una reconfiguración del culto a la delgadez, y la forma en que se presenta es bajo el discurso de bienestar, estilo de vida saludable”. Poulisis señaló que en la práctica clínica “todo está hiperfocalizado en composición corporal, si tiene suficiente porcentaje de grasa, masa muscular, conductas muy rígidas, como eliminar grupos de alimentos como hidratos de carbono. Se idealizan los cuerpos tremendamente delgados, pero fit”.
Por su parte, la médica pediatra especialista en Nutrición miembro de la SAN y directora médica del Instituto de Nutrición y Metabolismo Infantojuvenil Irina Kovalskys (MN 80.503) sostuvo que “el culto a la delgadez se mantuvo, especialmente en ámbitos como la moda, la publicidad y ciertos entornos sociales”, aunque reconoció que también hay mayor conciencia sobre la diversidad corporal y el reconocimiento de los trastornos alimentarios.
Conductas y señales de alerta: ¿dónde está el límite?

El auge del estilo de vida “fitness” puede funcionar como una máscara socialmente validada para los trastornos de la conducta alimentaria (TCA). Armeno advirtió: “El estilo de vida fitness puede ser una máscara perfecta para un trastorno de la conducta alimentaria. Porque socialmente está validado. Nadie cuestiona a alguien que entrena todos los días, pesa su comida o evita ciertos alimentos, incluso cuando esas conductas son extremas”. La especialista distingue: “Comer saludable no es lo mismo que tener miedo a comer. Entrenar no es lo mismo que sentir culpa si no entreno”.
Kovalskys señaló en el mismo sentido que “las obsesiones pueden expresarse de múltiples formas, pero en el caso de la alimentación existe una línea clara entre conductas de autocuidado y patrones rígidos y extremos”. Y precisó: “Esto deja de ser saludable cuando aparecen conductas como evitar sistemáticamente situaciones sociales por no poder controlar la comida, sentir culpa intensa al no cumplir con el plan, o dedicar una cantidad excesiva de tiempo y pensamiento a la alimentación y al ejercicio”.
Con ellas coincidió Poulisis, para quien “el estilo de vida fitness está totalmente validado y no es criticado, pero el límite está en el grado de rigidez, cuánta angustia, cuánta disconformidad hay, cuánto tiempo le toma a la persona este tipo de vida saludable, cuánto impacta en su vida social y emocional”.
Fármacos para la obesidad: el límite entre ser herramienta médica y refuerzo del ideal estético

El uso de fármacos para tratar la obesidad genera debate por el uso “off label” que de ellos se hace en el contexto de estos nuevos ideales. Poulisis subrayó que estos medicamentos “tienen un rol superlegítimo en el tratamiento de la obesidad, que es una enfermedad metabólica, y la verdad es que son maravillosos para esto cuando están bien indicados”. Sin embargo, advirtió sobre el uso fuera de indicación médica: “El problema es cuando va el paciente directamente y lo compra porque no se pide receta, o se lo inyectan en una institución de estética. Está totalmente banalizado su utilización”.
Armeno aportó que “los fármacos no son el problema en sí. Bien indicados, son una herramienta terapéutica valiosa para una enfermedad crónica como la obesidad. El problema es el uso fuera de indicación y el mensaje que se construye alrededor. Hoy se utilizan como atajo estético, no como tratamiento médico. Y eso refuerza la idea de que el cuerpo puede ser modificado rápidamente, de forma farmacológica, para cumplir con un estándar”.
En la misma línea, Kovalskys aclaró que “el problema no es el avance científico, sino su uso inapropiado. Los pacientes que utilizan estas medicaciones sin indicación clínica podrían no solo verse más delgados, sino también desnutrirse, perder masa magra y presentar complicaciones de salud innecesarias”.
Las redes sociales y cultura digital como amplificadores del ideal corporal

Las redes sociales y la industria de la moda potencian y difunden rápidamente estos modelos corporales. En la mirada de Kovalskys, “las redes sociales pueden ser especialmente nocivas en la adolescencia, una etapa de alta vulnerabilidad, debido a la exposición a ideales de belleza poco realistas que impactan en la autoestima”. Armeno sostuvo al respecto, que “los algoritmos tienden a reforzar contenidos extremos, no los matices. Dietas restrictivas, cuerpos muy delgados, rutinas intensas; eso tiene más visibilidad que un enfoque equilibrado que es lo que sostenemos los especialistas desde el consultorio”.
Poulisis definió a las redes sociales como “una cámara de eco, que amplifica el ideal corporal constantemente. Todo el tiempo nos están haciendo sentir con la autoestima pésima, nos genera comparación permanente”. Aunque reconoció que la industria de la moda muestra algunos avances en amplitud de talles, consideró que “todavía no se logró lo que, por ejemplo, se ve en Estados Unidos, que realmente hay amplitud de talles”.
¿Hubo un avance real hacia la aceptación corporal?

Sobre la aceptación de los cuerpos diversos, Poulisis recordó que “hubo realmente una gran visibilidad al respecto en las redes, pero no se logró. Este concepto de alguna manera fue reabsorbido por ideales nuevos como el cuerpo fit, ser fuerte, pero flaca.
“La realidad es que esto del alcance de la diversidad corporal se dejó de visibilizar, diría que este año especialmente”, reforzó la psiquiatra.
Armeno coincidió y señaló que “hubo un momento —sobre todo impulsado por movimientos como el ‘body positivity’— donde se amplió la representación corporal. Pero creo que fue más discursivo que estructural. Lo que estamos viendo ahora es una reacción, una cultura digital que vuelve a premiar cuerpos extremadamente delgados, pero ahora con un relato de ‘bienestar’”.
Kovalskys aportó que “el conocimiento sobre el impacto de la delgadez extrema en la salud aumentó en los últimos años, al igual que las iniciativas para reducir el estigma corporal. Estas transformaciones no son lineales y conviven con tendencias que reaparecen”.
Claves para promover una relación saludable con la comida y el cuerpo en niños y adolescentes

El rol de los adultos resulta fundamental para prevenir y abordar los trastornos de la conducta alimentaria en la infancia y la adolescencia. Kovalskys señaló que “una relación saludable con la alimentación se construye progresivamente, con los adultos como modelos y organizadores del entorno alimentario”. Sostuvo que “factores como un peso adecuado, entornos respetuosos y el disfrute del cuerpo desde su funcionalidad actúan como protección”.
Armeno enfatizó en este punto que “los chicos aprenden de lo que ven, no de lo que les decimos. Comentarios sobre el cuerpo, dietas en casa, clasificar alimentos como ‘buenos’ o ‘malos’, todo eso impacta. Los niños no nacen con prejuicios sobre la comida: los aprenden”. Entre los pilares que mencionó (para promover una relación saludable con la comida y el cuerpo desde la infancia), figuran “ofrecer una alimentación estructurada pero flexible, evitar centrar la conversación en el peso o la apariencia y fomentar el registro interno: hambre, saciedad, disfrute”.
A su turno, Poulisis recomendó que “no se hable del cuerpo del otro, no se hable del plato del otro”, ya que todos estos comentarios “son factores predisponentes a un trastorno alimentario”. La psiquiatra destacó la importancia de “ayudar a los chicos a entender las señales de hambre y de saciedad, fomentarles el movimiento como un disfrute y no como una obligación, y estar bien atentos a banderas rojas cuando se empiezan a ver conductas rígidas, restrictivas o de extremada ansiedad hacia la comida”.
Sobre el cierre, las especialistas coincidieron en que la educación crítica y la psicoeducación resultan herramientas clave para contrarrestar la influencia de redes y medios, y construir una relación sostenible y respetuosa con la alimentación y el cuerpo desde la niñez.
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