
Las promesas de eliminar toxinas del organismo reaparecen cada año con fórmulas que incluyen jugos, tés y suplementos. Bajo el argumento de “reiniciar” el cuerpo tras excesos alimentarios, estas prácticas ganan popularidad en redes sociales y en el mercado del bienestar. Sin embargo, la evidencia científica cuestiona su eficacia y advierte sobre posibles riesgos asociados a su uso indiscriminado.
Desde el campo de la hepatología, especialistas remarcaron que el organismo cuenta con mecanismos propios para procesar y eliminar sustancias nocivas. En ese marco, la profesora de Hepatología Experimental de la Universidad de Birmingham, Trish Lalor, señaló que las llamadas dietas detox no cumplen la función que prometen y, en algunos casos, pueden resultar innecesarias o perjudiciales.
El hígado, eje del sistema de desintoxicación
El concepto de “desintoxicación” suele asociarse a la eliminación de toxinas acumuladas. No obstante, se trata de un proceso fisiológico constante que el cuerpo realiza sin intervención externa. En ese sistema, el hígado cumple un rol central, con apoyo de los riñones y el intestino.
Según explicó Lalor a The Conversation, “la mayoría de las personas sanas no lo necesitan”, en referencia a los procesos de desintoxicación promovidos comercialmente. La especialista indicó que este órgano transforma sustancias químicas en compuestos que el organismo puede utilizar o eliminar de forma segura, principalmente a través de la orina y las heces.

En ese sentido, subrayó que “la desintoxicación ocurre de forma continua, lo que contradice la idea de que puede activarse mediante productos o dietas de corta duración”. El funcionamiento del hígado depende, en cambio, de la constancia y de la reducción de factores que lo sobrecargan.
Alcohol y daño hepático progresivo
El metabolismo del alcohol ilustra el funcionamiento de este sistema biológico. Tras su consumo, el organismo lo transporta al hígado, donde las células hepáticas lo descomponen en distintas etapas. En ese proceso se genera acetaldehído, un compuesto tóxico vinculado a los síntomas de la resaca, que luego se convierte en acetato.
Cuando el consumo se vuelve excesivo o prolongado, el hígado utiliza vías metabólicas alternativas que producen mayores cantidades de sustancias nocivas y aumentan el estrés oxidativo. Esta dinámica provoca daño celular, inflamación y acumulación de tejido cicatricial, conocido como fibrosis.

Con el tiempo, la progresión de estas lesiones puede derivar en cirrosis, una afección que altera la estructura y función del órgano, y eleva el riesgo de insuficiencia hepática y cáncer. Por este motivo, la especialista destacó la importancia de moderar y espaciar la ingesta de alcohol.
Las limpiezas y la percepción de bienestar
Las dietas basadas en líquidos o alimentos específicos suelen generar una sensación de mejoría en quienes las practican. Sin embargo, esa percepción no responde a una eliminación de toxinas acumuladas en el hígado.
De acuerdo con Lalor, el bienestar asociado a estas prácticas se vincula con factores como una menor ingesta calórica, la reducción de alimentos ultraprocesados, un mayor consumo de líquidos y, en algunos casos, un incremento de fibra. Estos cambios pueden influir en el estado general, sin implicar un proceso de desintoxicación adicional.

La especialista advirtió en diálogo con The Conversation que, aunque una limpieza breve difícilmente cause efectos graves en adultos sanos, los riesgos aumentan en regímenes restrictivos o prolongados, especialmente cuando incluyen ingredientes herbales sin regulación adecuada.
Suplementos y riesgos potenciales
El mercado de productos detox incluye una amplia variedad de suplementos que se comercializan como soluciones naturales. Sin embargo, su calidad, dosis y composición pueden variar considerablemente, lo que incrementa la probabilidad de efectos adversos.
Algunos compuestos, como la vitamina D, la vitamina E o la N-acetilcisteína, cuentan con aplicaciones clínicas específicas bajo supervisión médica. No obstante, no funcionan como herramientas generales de desintoxicación ni compensan conductas perjudiciales sostenidas.
En ciertos casos, incluso productos considerados “naturales” pueden generar daño. Lalor señaló que estudios sobre extractos concentrados, como el de té verde, se vinculan con inflamación hepática y elevación de enzimas en sangre, indicadores de estrés o lesión celular.
Cardo mariano, cúrcuma y carbón activado
Según Lalor, entre los productos más difundidos se encuentran el cardo mariano y la cúrcuma, conocidos por sus propiedades antioxidantes. Aunque existen estudios sobre su uso en enfermedades hepáticas, los resultados resultan inconsistentes y no justifican su empleo generalizado.

En particular, los suplementos de cúrcuma suelen contener concentraciones elevadas de curcumina para mejorar su absorción, lo que implica un mayor riesgo de efectos secundarios e interacciones. Autoridades sanitarias del Reino Unido advirtieron sobre posibles riesgos asociados a estos productos.
El carbón activado, por su parte, se utiliza en contextos médicos para tratar intoxicaciones específicas. Su capacidad de unirse a distintas sustancias lo vuelve útil en emergencias, pero inapropiado para el consumo cotidiano, ya que también puede interferir con la absorción de medicamentos.
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