
Un estudio masivo publicado en el European Heart Journal demostró que la intensidad del ejercicio físico, más que el volumen total de actividad, es el factor decisivo para reducir el riesgo de ocho enfermedades crónicas y la mortalidad por todas las causas.
La investigación, que analizó datos de 96.000 personas, fue destacada por el reconocido cardiólogo Eric Topol en su cuenta de X, amplificando su relevancia internacional.
Según los resultados del trabajo, las personas que dedicaron al menos un 4% de su actividad semanal a ejercicios vigorosos registraron entre un 29% y un 61% menos riesgo de desarrollar enfermedades como diabetes tipo 2, demencia, eventos cardiovasculares adversos mayores y enfermedad renal crónica, en comparación con quienes solo realizaron actividad moderada, independientemente del tiempo total invertido.
La investigación, realizada sobre la base del Biobanco del Reino Unido, incluyó a participantes con edades promedio de 62 años, de los cuales más de la mitad eran mujeres.
Para medir la actividad física, los científicos utilizaron acelerómetros de muñeca y cuestionarios internacionales validados. El objetivo fue determinar si la proporción de ejercicio intenso respecto al total de actividad física tenía una correlación directa con la incidencia de enfermedades crónicas y la mortalidad en el largo plazo.

¿Por qué la intensidad del ejercicio marca la diferencia en la prevención de enfermedades?
El estudio identificó que la actividad física vigorosa —como correr, nadar con esfuerzo o practicar deportes de alta exigencia— mostró un efecto preventivo mucho mayor que el ejercicio moderado como caminar a paso ligero o andar en bicicleta. En el caso de las enfermedades inflamatorias mediadas por el sistema inmunitario, la intensidad explicó el 20% del efecto protector, mientras que el volumen total de ejercicio solo aportó un 1%. Para eventos cardiovasculares adversos mayores, la fibrilación auricular, la enfermedad renal crónica y la demencia, el predominio del impacto de la intensidad fue igualmente contundente.
En enfermedades como la diabetes tipo 2 y la enfermedad hepática metabólica, ambos factores —intensidad y volumen— contribuyeron, pero la intensidad continuó mostrando mayor peso.
Estos hallazgos sugieren que el simple aumento de la cantidad de ejercicio no sustituye el efecto protector de incorporar episodios de alta intensidad en la rutina semanal.
Qué revelan los datos sobre intensidad y volumen de ejercicio

La asociación entre la proporción de ejercicio vigoroso y la reducción de riesgos fue inversa y no lineal: cada incremento en el porcentaje de ejercicio intenso redujo el riesgo de forma significativa para las ocho enfermedades crónicas analizadas y para la mortalidad por todas las causas. Los modelos multivariables, ajustados por edad, sexo, antecedentes de salud y volumen total de actividad, confirmaron que el beneficio se mantiene incluso cuando la cantidad de ejercicio semanal es similar entre los grupos.
Así, dedicar apenas unos minutos al día a la actividad intensa (por ejemplo, correr o realizar intervalos de alta exigencia) puede generar un impacto preventivo comparable o superior al de largas sesiones de actividad moderada. Este resultado se comprobó tanto en los datos obtenidos mediante dispositivos objetivos como en los informes autodeclarados por los participantes.
Recomendaciones internacionales y hallazgos previos sobre cantidad e intensidad de ejercicio

Las principales guías internacionales, como las de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos (HHS), recomiendan para adultos al menos 150 minutos de actividad física moderada o 75 minutos de actividad vigorosa por semana. No obstante, los autores del nuevo estudio subrayan que la intensidad adquiere un papel prioritario, siempre que sea posible, en estrategias de prevención de enfermedades no transmisibles.
Estudios previos, realizados por universidades como la de Sídney y publicados en la revista Nature, ya habían advertido sobre la eficacia superior de la actividad intensa: por cada minuto de ejercicio vigoroso, se requieren hasta seis minutos de actividad moderada para obtener beneficios equivalentes en la salud cardiovascular. Además, el ejercicio intenso resultó hasta nueve veces más efectivo en la prevención de la diabetes tipo 2, según investigaciones anteriores recogidas por Infobae.
El valor del movimiento en cualquier nivel sigue siendo fundamental, especialmente en personas mayores o con poca actividad física previa. Sin embargo, la evidencia más actual indica que, cuando es posible, sumar episodios de mayor exigencia física potencia los efectos protectores.
Estrategias para incorporar mayor intensidad en la rutina diaria

No es necesario realizar largas sesiones en el gimnasio para alcanzar estos beneficios. Acciones cotidianas como subir escaleras, caminar o correr cuesta arriba, o realizar intervalos breves de esfuerzo alto pueden incrementar la proporción de actividad vigorosa en la semana. Para quienes disponen de poco tiempo, dividir la rutina en cortos bloques de alta intensidad y distribuirlos a lo largo del día resulta una alternativa eficiente y accesible.
Los expertos insisten en adaptar la intensidad del ejercicio a la edad, la condición física y las preferencias de cada persona, evitando imponer metas poco realistas. Incluso en quienes no pueden realizar actividad vigorosa, aumentar el tiempo de ejercicio moderado sigue aportando beneficios sustanciales para la salud general.
La conclusión del equipo investigador del European Heart Journal es clara: dar prioridad a la intensidad, aunque sea en pequeñas dosis, es clave para reducir el riesgo de enfermedades crónicas y prolongar la vida. Esta recomendación, resaltada por figuras internacionales como Eric Topol, refuerza la tendencia hacia intervenciones personalizadas y sostenibles en salud pública.
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