
Cada vez existe mayor evidencia del efecto protector del ejercicio en la salud cerebral.
“Más allá de sus beneficios cognitivos, la actividad física moderada también contribuye a una mayor esperanza de vida y a mejores resultados generales de salud. Incluso caminar regularmente ha demostrado tener un gran impacto en la estructura y función cerebral", destacó el doctor William A. Wallace, divulgador y creador del podcast Daily Value, según una nota anterior en Infobae.
“Las personas que caminan unos 4.000 pasos diarios logran aumentos notorios tanto en la materia gris como en la materia blanca del cerebro”, apuntó el doctor Wallace en referencia a los resultados de un estudio liderado por la Universidad de Washington en St. Louis, publicado en Journal of Alzheimer’s Disease.
Pero ¿cómo se produce esa relación entre músculos más fuertes y cerebro saludable?

“Tus músculos hacen más que moverte: también se comunican con el resto del cuerpo”, expresó William A. Wallace, divulgador y creador del podcast Daily Value. Y explicó en sus redes sociales cómo se produce el diálogo entre los músculos y el cerebro, en 5 pasos:
1. Los músculos liberan mioquinas durante la actividad física. “Cada vez que un músculo se contrae —al caminar, levantar peso o andar en bicicleta—, el organismo libera mioquinas en el torrente sanguíneo. Estas moléculas llegan al cerebro, al corazón, al hígado y a otros órganos, donde modulan el metabolismo, influyen en la función inmunológica y contribuyen a la reparación tisular", describió Wallace.
Y realizó una comparación: “Las mioquinas actúan como los ‘mensajes de texto’ moleculares de los músculos hacia otros órganos”.

2. Las mioquinas protegen y estimulan el cerebro. Según el investigador, varias mioquinas cumplen funciones especializadas. Enumeró las siguientes:
- BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro): favorece la formación de nuevas neuronas y refuerza las conexiones existentes, fundamentales para el aprendizaje y la memoria.
- IGF-1 (factor de crecimiento similar a la insulina 1): contribuye a la supervivencia de las neuronas y a la plasticidad cerebral.
- VEGF (factor de crecimiento endotelial vascular): promueve la formación de vasos sanguíneos necesarios para transportar oxígeno y nutrientes.
- Irisina: regula el metabolismo cerebral y disminuye la inflamación.
- IL-6: interviene en el equilibrio energético y modula la respuesta inmunológica.

A modo de ejemplo, afirmó que el entrenamiento aeróbico regular eleva los niveles de BDNF, lo que se asocia con mejoras en la memoria y en la función cognitiva.
3. El tipo de ejercicio determina el perfil de mioquinas. La actividad física realizada influye en la liberación de distintas mioquinas, señaló Wallace:
- El entrenamiento aeróbico —como correr o andar en bicicleta— incrementa el BDNF, el VEGF y el CATB, promoviendo la neuroplasticidad y el flujo sanguíneo.
- El entrenamiento de resistencia aumenta el IGF-1 y la IL-6, lo que favorece la fuerza muscular, la sensibilidad a la insulina y la regulación energética.

- El entrenamiento combinado o HIIT reúne ambos efectos y estimula la resistencia, la función cognitiva y la salud metabólica. El HIIT (High-Intensity Interval Training) es un método que alterna ráfagas cortas de ejercicio muy intenso con períodos breves de descanso o baja intensidad.
“Doce semanas de entrenamiento mixto —aeróbico y de resistencia— resultaron en mejoras de la memoria y del metabolismo energético en adultos mayores", destacó.
4. Las mioquinas enlentecen el envejecimiento desde el interior. “Con la edad, la liberación de mioquinas disminuye, lo que contribuye a la debilidad muscular y a la ralentización de la función cerebral. El ejercicio restaura la comunicación molecular, favorece la salud mitocondrial, reduce el estrés oxidativo y protege contra enfermedades neurodegenerativas”, afirmó.
Y añadió: “Estudios recientes indican que la actividad física sostenida puede retrasar alteraciones relacionadas con el Alzheimer y el Parkinson mediante la acción de las mioquinas”.
5.La evidencia científica redefine el músculo: “Más que un tejido de movimiento, es un órgano endocrino que establece comunicación con el cerebro. Gracias a mioquinas como el BDNF, el IGF-1 y la irisina, cada sesión de ejercicio desencadena señales que favorecen el crecimiento, la reparación y la longevidad”, resaltó el experto.

Y completó: “En términos simples: cuando mueves tu cuerpo, literalmente alimentas tu cerebro".
El ejercicio es mucho más que fuerza: es un canal de comunicación interna. “Los músculos liberan mensajeros moleculares que protegen tu cerebro, equilibran tu metabolismo y ralentizan el reloj biológico. El movimiento no es solo medicina: es un mensaje para la longevidad”, concluyó Wallace.
Ejercicios para fortalecer el cerebro

Las siguientes son actividades físicas que protegen el cerebro:
- Ejercicio aeróbico regular: incrementa el flujo de sangre al cerebro y también aumenta el tamaño del hipocampo, la zona del cerebro que participa en la memoria verbal y el aprendizaje. Los ejercicios aeróbicos son: caminata, running, remo, andar en bicicleta, esquiar, etc.
- Entrenamiento de resistencia. Un estudio comparó los efectos de dos tipos diferentes de ejercicio —equilibrio y tonificación versus resistencia— realizados dos veces por semana durante 12 meses en mujeres de entre 65 y 75 años, y halló que el entrenamiento de resistencia favoreció la memoria y otras métricas cognitivas.
- Taichí. Según investigaciones patrocinadas por el National Center for Complementary and Integrative Health, el taichí puede ayudar a mejorar el razonamiento, la planificación, la resolución de problemas y la memoria en los adultos mayores que no presentan signos de deterioro cognitivo importante.
- Baile. Un estudio de referencia, que llevó a cabo el New England Journal of Medicine, realizó el seguimiento de adultos mayores durante más de 20 años y halló que bailar regularmente redujo el riesgo de demencia.
- Yoga. Un estudio de Universidad de California (UCLA) publicado en Journal of Alzheimer’s Disease encontró que las personas de 55 años o más que se inscribieron en un programa de 12 semanas que consistía en una hora semanal de un tipo de yoga meditativo, junto con 12 minutos de meditación en casa, mostraron mejoras tanto en la memoria verbal como en la visual espacial.
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