
Las grandes ciudades enfrentan una constante contaminación acústica, lo que ha aumentado el interés por el silencio como símbolo de bienestar y de un nuevo lujo. Ante las crecientes molestias del ruido, crecen las iniciativas ciudadanas y colectivas para recuperar la tranquilidad, según informa National Geographic.
Impacto del ruido en la salud
La exposición crónica a niveles elevados de contaminación acústica afecta la salud de millones. De acuerdo con National Geographic, sonidos que superan los 85 decibelios —el equivalente a un restaurante ruidoso— pueden causar pérdida de audición, hipertensión arterial, estrés e insomnio.
Más de 50% de la población mundial reside en áreas urbanas, donde el tráfico y la sobreestimulación sonora son parte del día a día. Organismos internacionales han reconocido esta situación como una crisis de salud pública. La Organización Mundial de la Salud señala que la contaminación acústica es el segundo factor ambiental con mayor impacto en la salud, solo detrás de la contaminación del aire.

El Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos calcula que en ese país la contaminación acústica se duplica cada 30 años y crece aún más rápido que la población.
Redefinir la relación con el silencio
Científicos y especialistas advierten sobre la necesidad de cambiar la relación social con el silencio. La psicóloga Olga Lehmann subraya que los “pequeños momentos de silencio en la vida cotidiana pueden ayudarnos a regular el estrés y a ser menos impulsivos”.
Sin embargo, también destaca el “lado oscuro del silencio”, asociado a la soledad y la desconexión, y recalca la importancia de equilibrar los momentos de tranquilidad con el contacto social.
Nuevas prácticas y tendencias
Frente a este desafío, surgen nuevas tendencias y movimientos orientados a la desconexión y a reencontrar la calma. Entre las principales prácticas se encuentran los paseos en silencio, populares entre las generaciones jóvenes gracias a plataformas como TikTok, donde muchos prefieren caminar sin música ni teléfonos.

Algunos optan por retiros de meditación o experiencias de oscuridad total, en busca de introspección lejos del bullicio. El auge de estas prácticas, en principio minoritarias, se intensificó tras la pandemia, según National Geographic.
El movimiento en favor de la tranquilidad impulsa también actividades comunitarias. Organizaciones como Peace in the Wild, con sede en Georgia, integran caminatas grupales en silencio para acercar a la población afroamericana a la naturaleza mediante experiencias meditativas.
Asimismo, los clubes de lectura silenciosos —como Silent Book Club, presente en más de 50 países— reúnen a lectores, a menudo en cafeterías, para compartir una hora de lectura sin charlas. Guinevere de la Mare, cofundadora del grupo, califica estos encuentros como la “hora feliz de los introvertidos”.
Cambios en espacios públicos y soluciones tecnológicas
No solo los individuos exigen el derecho al silencio: espacios públicos y cafeterías están cambiando sus ambientes para favorecer la serenidad. En Japón, el café Shojo, en Osaka, optó por eliminar la conversación y usar comunicación no verbal, creando un entorno gestionado principalmente por personas sordas o con dificultades auditivas.
National Geographic indica que otras redes, como Starbucks, han incorporado techos con deflectores acústicos en más de 1.000 de sus locales, logrando reducir el ruido. Al mismo tiempo, la aplicación Soundprint permite a los usuarios medir y compartir los niveles sonoros de más de 1.000 establecimientos en diferentes países, identificando lugares propicios para el bienestar.

Las ciudades enfrentan retos para contener la contaminación acústica, por lo que avanzan en regulaciones y soluciones tecnológicas. El arquitecto y experto en planificación sonora Francesco Aletta señala que los vehículos eléctricos reducen de forma notable el ruido en zonas residenciales en comparación con los automóviles tradicionales.
Para las autopistas, las autoridades promueven tecnologías de asfalto más silenciosas y la plantación de hileras de árboles, capaces de reducir hasta 12 decibelios el ruido. Un ejemplo de integración de naturalización y arquitectura es la fachada ajardinada con 30.000 plantas de un edificio en Düsseldorf, Alemania.
Estos esfuerzos se ven reforzados por tecnologías portátiles; los relojes inteligentes, por ejemplo, alertan sobre niveles acústicos perjudiciales. Según National Geographic, la tendencia global hacia el silencio anticipa un modelo de ciudad donde la tranquilidad dejará de ser un privilegio.
Especialistas consideran que la multiplicación de iniciativas y normativas es una señal positiva de transformación, lo que refleja el creciente valor que la sociedad moderna otorga al bienestar basado en la quietud.
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