
Dormir debería ser una instancia de recuperación física, aunque para millones de personas se convierte en una fuente adicional de malestar. El dolor de espalda, en sus diversas manifestaciones, figura entre las causas más frecuentes de interrupción del sueño y afecta la calidad de vida.
En este escenario, la elección del colchón adquiere relevancia, no como solución milagrosa, sino como un factor que puede aliviar o intensificar molestias existentes.
Un análisis publicado por The Telegraph y elaborado por la fisioterapeuta musculoesquelética especializada Mindy Cairns, profesora asociada en la Universidad de Hertfordshire, expuso los criterios determinantes al elegir un colchón, especialmente ante dolor lumbar, dorsal, cervical o ciático.
The Telegraph resaltó un dato clave: las personas pasan cerca del 30 % de su vida en la cama, lo que convierte al colchón en una de las decisiones domésticas con mayor impacto sobre la salud física.
El colchón no siempre origina el dolor
Uno de los puntos destacados del informe es la aclaración de que los colchones rara vez son la causa primaria del dolor de espalda. Con mayor frecuencia, agravan afecciones preexistentes, sobre todo cuando resultan demasiado blandos, se hunden o no brindan soporte adecuado.

La rigidez matinal tras dormir en un hotel no necesariamente se debe a un colchón defectuoso, sino a factores como la edad o la falta de adaptación a una superficie distinta.
De este modo, el problema no radica únicamente en el material o el diseño, sino en la relación entre el cuerpo, la postura y el soporte que ofrece la superficie de descanso.
Espuma, látex o resortes: qué importa realmente
El mercado ofrece colchones de espuma viscoelástica, látex, resortes ensacados y combinaciones híbridas. No existe una estructura universalmente superior. La elección adecuada depende de variables como el tipo de dolor, el peso corporal y los hábitos de sueño.

El uso del término “ortopédico” tampoco garantiza beneficios específicos, ya que no existen estándares industriales que regulen esa categoría. En la práctica, suele referirse a diseños orientados a distribuir la presión y brindar soporte a la columna, aspectos relevantes, pero no exclusivos de ese rótulo comercial.
Recomendaciones según la zona afectada
El análisis de fisioterapeuta musculoesquelética para el medio británico distingue las necesidades según el tipo de dolor:
- Dolor lumbar: afecta a la mayoría de la población en algún momento. Se recomienda un colchón de firmeza media a firme, capaz de sostener la curvatura natural de la columna sin generar incomodidad. Las superficies blandas tienden a fallar en el soporte de la zona baja de la espalda.
- Dolor en la espalda media: auele relacionarse con la postura diaria, especialmente en trabajos de escritorio. Los colchones excesivamente firmes pueden crear puntos de presión y alterar la alineación de la columna torácica. Los modelos híbridos de firmeza media representan una opción equilibrada.
- Dolor cervical y espalda superior: la almohada resulta tan determinante como el colchón. Debe llenar el espacio entre el hombro y la oreja para mantener la cabeza alineada. El colchón debe ofrecer un balance entre soporte y alivio de presión.
- Ciática: este dolor irradiado, que puede incluir hormigueo o debilidad en la pierna, suele responder mejor a colchones de firmeza media o media-blanda, con buena capacidad de amortiguación. La espuma viscoelástica puede ser útil por su adaptación al cuerpo.
La postura al dormir y su impacto
La posición durante el sueño influye directamente en la columna. Dormir de lado se considera la opción más favorable para la mayoría de los cuadros de dolor lumbar y dorsal, especialmente al colocar una almohada entre las piernas para mantener la alineación.
En cambio, dormir boca abajo tiende a generar rigidez y se considera desfavorable para la espalda.

En situaciones específicas, como la irritación de una raíz nerviosa, puede recomendarse dormir boca arriba de forma transitoria para evitar compresiones adicionales.
Probar antes de decidir y cuándo reemplazarlo
Cairns resaltó la importancia de probar el colchón en una tienda física y aprovechar los períodos de prueba, que suelen extenderse por varias semanas. El cuerpo necesita tiempo para adaptarse a una nueva superficie; una evaluación apresurada puede ser engañosa.
No existe una regla fija sobre la frecuencia del reemplazo. Esta decisión suele justificarse ante hundimientos, pérdida de soporte o problemas de sueño y dolor sin causa clara. La experta advirtió que cambiar de colchón durante un episodio activo de dolor no siempre resulta conveniente, ya que la adaptación puede intensificar las molestias.
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