A través de un ajuste sencillo y personalizado en la forma de caminar se logra aliviar el dolor causado por la artrosis de rodilla con una eficacia similar a los analgésicos de venta libre, según un reciente estudio publicado por The Lancet y difundido por The Washington Post.

Investigadores de Estados Unidos comprobaron que entrenar a personas para modificar de manera leve la orientación de los pies al caminar puede reducir el dolor y retrasar el deterioro del cartílago, lo que amplía las opciones para quienes buscan alternativas no farmacológicas a tratamientos convencionales.
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El hallazgo principal, publicado durante este mes, mostró que la intervención basada en el entrenamiento de la marcha proporciona resultados comparables a los medicamentos antiinflamatorios no esteroides (AINEs) en la reducción del dolor de rodilla. Los participantes aprendieron a orientar sus pies algunos grados hacia dentro o hacia fuera, lo que redistribuyó la carga articular y desvió el peso hacia zonas donde existe más cartílago sano.
Según los autores, esta modificación no reduce la fuerza total que soporta la rodilla, sino que la dirige hacia áreas menos dañadas, lo que implica menos molestias y una potencial ralentización del daño articular.
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Intervención personalizada y resultados del abordaje
Lejos de ser una recomendación genérica, la intervención fue completamente individualizada. La investigación, desarrollada en laboratorios de la Universidad de Utah, NYU Langone Health y Stanford University, consistió en instruir a cada participante para caminar con los pies orientados entre 5 y 10 grados hacia dentro o hacia fuera, mientras los investigadores evaluaban el impacto de cada ángulo en la carga de la rodilla.
Solo se incluyó a quienes mostraron una mejora objetiva con el ajuste de marcha, lo que refuerza la necesidad de adaptar la intervención a cada caso. Además, de las 1.582 personas evaluadas, 68 adultos con artrosis de rodilla leve a moderada y dolor en la parte interna de la articulación formaron parte del estudio.
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En la observación se dividieron en dos grupos: uno recibió entrenamiento personalizado para caminar con la orientación de pies óptima, mientras el grupo de control (“sham”) mantuvo su patrón habitual de marcha. Ambos grupos recibieron la misma atención y seguimiento en el laboratorio.

Durante seis semanas, caminaron semanalmente sobre una cinta sensible a la presión, y un dispositivo vibratorio, colocado en el cuerpo, les avisaba si se desviaban de la postura prescrita. El seguimiento continuó durante un año, con revisiones trimestrales para asegurar la adherencia al nuevo patrón.
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Los resultados, recogidos por The Washington Post, señalaron que el grupo de intervención reportó una disminución del dolor de rodilla equivalente a la obtenida con analgésicos de venta libre, de acuerdo con las escalas de dolor empleadas. Resonancias magnéticas efectuadas al inicio y al final del ensayo sugieren que el deterioro del cartílago fue más lento en quienes modificaron su marcha.
Este efecto, comparable al de ortesis o rodilleras, se consiguió sin las incomodidades de los dispositivos de uso prolongado. Los autores remarcaron que esta técnica no supone riesgos para el aparato digestivo ni requiere intervenciones quirúrgicas, como prótesis de rodilla, que pueden fallar con el tiempo y demandar operaciones más complejas.
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Opiniones de expertos y límites del estudio
Scott Uhlrich, director del Movement Bioengineering Laboratory en la Universidad de Utah y autor principal, señaló en The Washington Post: “Este estudio ofrece esperanza a quienes padecen artrosis de rodilla. Hay nuevos tratamientos en desarrollo que podrían mejorar su dolor”. Además, enfatizó que la intervención no reduce la fuerza sobre la rodilla, sino que redistribuye la carga hacia zonas más saludables del cartílago.
Por su parte, Julie Kolesar, autora sénior e investigadora en Stanford, explicó: “No todos se benefician del mismo cambio en la marcha. Ojalá pudiera decirle a todo el mundo que lo hiciera de una manera y funcionara para todos, pero no es así”.
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Aunque los resultados son alentadores, los investigadores advirtieron que esta estrategia no debe intentarse sin supervisión profesional. Uhlrich remarcó que alterar la marcha sin orientación puede incrementar la presión en áreas ya lesionadas. Además, la técnica requiere equipamiento específico y un análisis individualizado, por lo que aún no está disponible en clínicas de fisioterapia convencionales.
Expertos externos al estudio reconocieron el mérito del estudio y también sus limitaciones. Devyani Misra, geriatra y reumatóloga en Harvard Medical School, afirmó que los resultados son prometedores, aunque solo aplicables a un subconjunto de pacientes, porque los participantes fueron seleccionados específicamente por su respuesta positiva.
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Songning Zhang, profesor de biomecánica en la Universidad de Tennessee, destacó como fortaleza la inclusión de un grupo control “sham” que recibió la misma atención, un elemento poco frecuente en ensayos de este tipo. Zhang relató que, tras dejar de jugar tenis por dolor de rodilla, experimentó mejoría al caminar con los pies hacia dentro durante algunos días.

Perspectiva tecnológica para el futuro
Hacia el futuro, los investigadores trabajan en tecnologías que permitan trasladar este entrenamiento fuera del laboratorio. Uhlrich, quien también lidera una empresa emergente en el área, comentó que se están desarrollando zapatos inteligentes y sistemas apoyados en teléfonos inteligentes para analizar y corregir la marcha de los pacientes en su día a día.
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De este modo, se espera que próximamente una persona pueda acudir a una clínica, grabar su marcha con un dispositivo móvil y obtener una recomendación personalizada para proteger sus rodillas.
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