
“Todo lo que es bueno para el cuerpo, es bueno para el cerebro”, afirma la neuróloga Suzanne O’Sullivan, y con esa premisa, un grupo de especialistas de renombre internacional compartió 17 recomendaciones sencillas y respaldadas por la ciencia para mantener la salud cerebral y retrasar el deterioro cognitivo.
Según The Guardian, estos consejos, basados en la experiencia clínica y la investigación, demuestran que pequeños cambios en el estilo de vida pueden marcar una diferencia significativa en la protección de la mente a medida que se envejece.
El aumento de la esperanza de vida trajo consigo una mayor preocupación por el deterioro cognitivo. Los neurólogos consultados por The Guardian coinciden en que la salud cerebral está estrechamente ligada al bienestar físico y mental general.
La doctora O’Sullivan, del National Hospital for Neurology and Neurosurgery de Londres, subraya que “con cada año que pasa, mi estilo de vida se vuelve más saludable”. Explica que, aunque muchas enfermedades cerebrales degenerativas no se originan en los hábitos cotidianos, sí pueden verse atenuadas por una vida activa, una alimentación equilibrada y un sueño reparador.
El profesor Tom Solomon, de la Universidad de Liverpool, añade que “las cosas que son buenas para los vasos sanguíneos también lo son para el cerebro”, ya que una parte importante de los casos de demencia se relaciona con daños vasculares. Por ello, mantener la presión arterial bajo control y cuidar la salud cardiovascular resulta fundamental para preservar la función cerebral.

Los 17 hábitos que recomiendan los neurólogos
1. Dormir bien y a horario
El sueño permite al cerebro hacer “limpieza” de proteínas tóxicas asociadas a enfermedades neurodegenerativas. Dormir mal, en cambio, acelera el deterioro.
2. Hacer ejercicio físico tres veces por semana
La actividad física favorece el flujo sanguíneo cerebral, reduce la presión arterial y estimula la liberación de factores neurotróficos que fortalecen las neuronas.
3. Evitar el alcohol diario
Incluso en cantidades pequeñas, el consumo regular de alcohol puede afectar la memoria y aumentar el riesgo de demencia. Solo se recomienda en ocasiones especiales.
4. No fumar
El tabaco daña los vasos sanguíneos del cerebro y acelera procesos degenerativos. Fumar es uno de los factores de riesgo más claros en enfermedades neurológicas.

5. Comer con base en la dieta mediterránea
Abundante en vegetales, legumbres, pescado, granos integrales y aceite de oliva, este patrón alimentario protege la función cognitiva y reduce el riesgo de Alzheimer.
6. Sustituir la manteca por aceite de oliva
La grasa saturada de la manteca es inflamatoria. El aceite de oliva extra virgen, rico en antioxidantes, favorece la salud vascular y neuronal.
7. Mantenerse hidratado
Tomar al menos dos litros de agua al día ayuda a prevenir dolores de cabeza y mejora el rendimiento mental. La deshidratación afecta directamente la concentración.
8. Evitar el café en exceso
El consumo excesivo de cafeína puede alterar el sueño y desencadenar cefaleas. Para personas propensas, se sugiere reducirlo al mínimo.

9. Mantener el equilibrio físico (como estar en una pierna)
Este tipo de ejercicios mejora la coordinación y activa regiones cerebrales relacionadas con la movilidad y la cognición, especialmente útiles en adultos mayores.
10. Reducir el estrés crónico
El estrés mantenido en el tiempo eleva el cortisol, una hormona que daña el hipocampo, zona clave para la memoria. Relajarse también es parte de cuidarse.
11. Aprender cosas nuevas (idiomas, instrumentos)
El aprendizaje desafía al cerebro, activa múltiples regiones y favorece la neuroplasticidad. Cuanto más se aprende, más conexiones se fortalecen.
12. Cultivar una “obsesión positiva”
Tener una afición intensa (como el ajedrez, la lectura o la música) mantiene la mente estimulada y mejora la motivación y el enfoque mental.
13. Establecer límites con el celular
Usar el teléfono de forma compulsiva genera distracción crónica. Limitar notificaciones y fijar horarios de uso permite que el cerebro recupere su capacidad de atención.

14. Usar la tecnología para conectarse con otros
En especial para personas mayores o con movilidad reducida, la tecnología puede reducir el aislamiento y favorecer la socialización, un factor protector contra la demencia.
15. Cuidar la audición y la visión
La pérdida sensorial reduce el contacto con el entorno y puede acelerar el deterioro. Usar audífonos o anteojos ayuda a mantenerse activo y socialmente integrado.
16. Usar casco al andar en bici
Proteger la cabeza reduce el riesgo de lesiones cerebrales traumáticas, asociadas a mayor incidencia de enfermedades neurodegenerativas.
17. Aceptar olvidos leves como parte del envejecimiento
Olvidarse de cosas puntuales no indica demencia. Saber distinguir entre olvidos normales y síntomas de alerta ayuda a reducir la ansiedad y a consultar a tiempo.

Normalización de la pérdida de memoria leve con la edad
Finalmente, los neurólogos consultados por The Guardian recuerdan que cierta pérdida de memoria es parte natural del envejecimiento. O’Sullivan indica que el declive comienza en la tercera década de vida, y Solomon tranquiliza a quienes olvidan detalles cotidianos, como el motivo por el que subieron a una habitación. “Eso no es motivo para consultar al médico”, aclara.
La diferencia entre el olvido común y los síntomas de demencia suele ser evidente para los especialistas, quienes observan que los pacientes con demencia no recuerdan ni siquiera el motivo de su consulta.
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