La longevidad humana ha sido una preocupación constante a lo largo de la historia, y con ella, surge la pregunta sobre qué factores determinan realmente cuántos años viviremos: ¿son nuestros genes o, por el contrario, las decisiones que tomamos a lo largo de nuestra vida?
Mientras que algunos estudios sugieren que la genética juega un papel crucial, otros insisten en que un estilo de vida saludable tiene un impacto mucho mayor en la extensión de nuestra vida. La respuesta no es tan sencilla, ya que ambos factores se interrelacionan de maneras complejas.
El caso de Helen Reichert: un ejemplo de longevidad inesperada
La historia de Helen Reichert, una mujer que alcanzó los 100 años, ilustra perfectamente la compleja relación entre genes y estilo de vida. En su encuentro con el Dr. Nir Barzilai, director del Instituto para la Investigación del Envejecimiento en el Albert Einstein College of Medicine, Helen estaba fumando un cigarro. Cuando se le sugirió dejarlo, ella respondió que los médicos que se lo habían aconsejado ya habían muerto, pero ella seguía con sus hábitos.

Helen vivió casi una década más después de ese encuentro, demostrando que, en algunos casos, los hábitos poco saludables no necesariamente determinan un desenlace prematuro. Sin embargo, estas excepciones son menos comunes, y la investigación científica sugiere que los hábitos saludables juegan un papel crucial en la longevidad de la mayoría de las personas.
La clave para llegar a los 80 y 90: un estilo de vida saludable
Investigaciones como las realizadas por la Universidad de Harvard y otros centros de estudio han demostrado que, para la mayoría de la población, alcanzar los 80 o 90 años es posible a través de elecciones de estilo de vida saludables.

Sofiya Milman, profesora de medicina y genética en el Albert Einstein College of Medicine, explicó al NYT que “existe evidencia clara de que para la población general, vivir un estilo de vida saludable sí extiende la esperanza de vida”. De hecho, un estudio realizado con más de 276,000 veteranos de los EE.UU. reveló que seguir ocho comportamientos saludables podría añadir hasta 24 años a la vida de una persona.
Estos comportamientos incluyen una dieta saludable, ejercicio regular, descanso adecuado, manejo del estrés, mantener relaciones sólidas, y evitar fumar, abusar de medicamentos o consumir alcohol en exceso.
Este estudio arrojó que quienes seguían todas estas pautas podían esperar vivir hasta los 87 años, lo cual es una expectativa notablemente superior a la media nacional de vida en EE.UU., que ronda los 78 años. Sin embargo, como señala Milman, alcanzar los 100 años de vida no depende únicamente de los hábitos saludables; los genes también juegan un papel importante.
A medida que las personas se acercan al siglo de vida, los genes parecen jugar un papel cada vez más relevante. Según afirmó al medio orteamericano Thomas Perls, profesor de medicina en la Escuela de Medicina Chobanian y Avedisian en la Universidad de Boston, la esperanza de vida de las personas mayores de 100 años podría ser más atribuible a su genética que a sus hábitos de vida.
Los científicos estiman que el 75% de nuestra longevidad depende de factores ambientales y de estilo de vida, mientras que el 25% restante está determinado por nuestra genética. Sin embargo, a medida que las personas alcanzan edades avanzadas, como los 100 años, la influencia de los genes comienza a predominar sobre el estilo de vida.

Uno de los estudios más interesantes en este campo es el Long Life Family Study, que investiga familias con miembros que han alcanzado edades excepcionales. Los resultados muestran que muchas de estas familias tienen hábitos de vida menos estrictos que los recomendados, como fumar o no hacer ejercicio regularmente. Sin embargo, tienen variantes genéticas raras que los protegen de enfermedades relacionadas con la edad, como las enfermedades cardíacas, el cáncer y la demencia.
En estas familias, la prevalencia de ciertos genes protectores, como el gen APOE2, es más alta que en la población promedio.Además del APOE, los científicos han identificado otros genes, como el FOXO3, que parece estar asociado con una mayor probabilidad de alcanzar una vida longeva. Este gen está involucrado en muchos procesos biológicos fundamentales para la salud celular, y parece tener la capacidad de proteger a las personas de diversas enfermedades relacionadas con la edad.
Milman sugiere que la combinación de estos genes protectores puede ser un factor importante en la prevención de enfermedades comunes en las personas mayores.
La importancia de la combinación genética y el estilo de vida
Si bien la genética tiene un papel importante en la longevidad, los expertos coinciden en que no debemos depender exclusivamente de la suerte genética. Perls subraya que tener genes favorables para la longevidad es como “ganar la lotería”.

A pesar de que algunas personas puedan haber heredado genes excepcionales, no hay garantía de vivir una vida larga y saludable sin el apoyo de buenos hábitos de vida. El consejo es claro: incluso si tienes antecedentes familiares de longevidad, lo mejor es mantener un estilo de vida saludable para maximizar las probabilidades de vivir muchos años.
Si bien la genética puede dar un impulso a aquellos que tienen suerte con sus genes de longevidad, los hábitos saludables siguen siendo fundamentales para mantener una vida larga y saludable. La combinación de estos dos factores —la genética y el estilo de vida— es lo que realmente puede marcar la diferencia entre una vida longeva y una más corta.
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