
En sus últimos años de actividad, solía decir que estaba “más triste que enfermo”. Había sido uno de los mayores galanes de la Argentina. De esos que no se podían asomar a la vereda sin que una horda de fans lo abordara. Sin embargo, llegó un momento en el que Jorge Barreiro solo era convocado para papeles menores. Y cada vez con menos frecuencia. Su tiempo de gloria había terminado. Y, para él, era un trago muy difícil de asimilar. Finalmente, el 24 de marzo de 2009, a los 79 años, murió en su casa de Barrio Norte. Llevaba tiempo luchando contra el cáncer. Y ya estaba cansado y listo para emprender su gira final.
Había nacido el 14 de marzo de 1930 en el seno de una familia humilde de Parque Chacabuco. “Era un chico menudito pero bravo, y tan peleador que mis compañeros me llamaban spaghettis, porque me peleaba con dos o tres pibes a la vez”, recordó en una entrevista. Desde muy pequeño, se hizo habitué de las salas de su barrio, donde solían dar películas en continuado. Así descubrió su vocación. Él sabía que quería estar del otro lado de la pantalla. Aunque, por entonces, no le quedaba más remedio que hacer changas para ayudar en su casa y poder pagarse las entradas para el cine.
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Cuando terminó el colegio secundario, Jorge se inscribió en la Facultad de Ciencias Económicas donde cursó durante tres años. Pero los números, sin lugar a dudas, no eran lo suyo. Y en tiempos en los que la actuación no estaba considerada una carrera “en serio”, comenzó a estudiar teatro con Juan Francisco Giacobbe y Hedy Crilla. “A los dos años, ya era suplente en el elenco estable del teatro Caminito”, contaba en las entrevistas. Su debut profesional, en tanto, tuvo lugar recién en 1962, cuando reemplazó a Guillermo Hebling en la obra de teatro Las del Barranco, de Gregorio de Laferrere.
Desde ese momento, Barreiro no dejó de trabajar. Tenía un physique du rôle que le permitía enamorar al público. Y los directores cinematográficos se encargaron de aprovecharlo. Su debut en cine fue al año siguiente con la película Lucía, que hizo junto a Fernanda Mistral. Y, en 1965, fue dirigido por Fernando Ayala en Con gusto a rabia. Pero sería gracias a la televisión que Jorge conocería, de verdad, las mieles de la fama.
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En 1966, formó parte de la recordada telenovela El amor tiene cara de mujer, de Nené Cascallar. Y, al año siguiente, protagonizó Cuatro hombres para Eva, de la misma autora, junto a Rodolfo Bebán, José María Langlais y Eduardo Rudy, lo que lo catapultó al estrellato. “Hay que saber disfrutar el éxito, porque no está garantizado que sea para siempre. Yo tuve muchas carencias, por eso sé valorar lo que tengo. Mi familia era muy humilde, tanto que con mis padres y mis dos hermanos vivíamos todos juntos en una habitación. Y uno de los mejores paseos era salir al patio a tomar fresco”, recordaba por aquellos tiempos.
Poco y nada se sabía de su vida personal. Era hincha de Huracán. Le gustaba coleccionar ceniceros. Y era un muy buen compañero, según declararon quienes tuvieron la oportunidad de compartir algún trabajo con él. Pero nunca se le conoció una pareja. Ni se lo vio involucrado en ningún escándalo, ya que siempre mantuvo cerrada la puerta de su privacidad.
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Hizo teatro en Las amorosas, Los días felices, Mi querida parentela, El cumpleaños de la tortuga, ¿Quién soy yo?, Los giles y Ha llegado el inspector, entre otras obras. Y trabajó en más de 40 películas, como Castigo al traidor, Juan Manuel de Rosas, Psexoanálisis, Joven viuda y estanciera, Los gauchos judíos, Los hijos de López, La mamá de la novia, Había una vez un circo y En una playa junto al mar. Además, fue el coequiper de Isabel Sarli en varios films eróticos de su amigo Armando Bo, como Furia infernal, Intimidades de una cualquiera, El sexo y el amor, El último amor en Tierra del Fuego, Una viuda descocada e Insaciable. Su último trabajo en la pantalla grande tuvo lugar en el 2000, cuando hizo Solo y conmigo junto a Marta González, bajo la dirección de Carlos Lozano Dana.
En televisión, en tanto, se lució en varios ciclos como Stefanía, Señorita Maestra, Rolando Rivas taxista, Papá corazón, Pinina, No es un juego vivir, Los hermanos Torterolo, Dos para una mentira, Esos que dicen amarse, El precio del poder, Quiero morir mañana, Amor prohibido, Amándote, Zíngara y Rebelde Way. Su última aparición fue en Sin código, en 2005.
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La fama de Barreiro, además, trascendió las fronteras y así llegó a trabajar principalmente en México y en España. Sin embargo, pese a sus múltiples logros, partió de este mundo frustrado por no haber podido conseguir el rol que él hubiera deseado. “Siempre esperé el papel dramático que nunca llegó”, reconoció en el ocaso de su vida. Es que el medio artístico lo había encasillado desde joven. Y nunca pudo hacer que los productores confiaran en él para mostrar esa otra versión de sí.
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