
En la búsqueda constante por mejorar la calidad del sueño, una nueva línea de investigación empieza a consolidarse con fuerza en el ámbito médico-científico, el vínculo entre la microbiota intestinal y el descanso nocturno.
Aunque durante años se priorizaron factores como la higiene del sueño, el estrés o los hábitos tecnológicos, cada vez más estudios y especialistas coinciden en que el equilibrio bacteriano en el intestino desempeña un papel fundamental en la regulación del ciclo sueño-vigilia.
El doctor Miguel Ignacio López Ramiro, médico especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y asesor de Schwabe Farma Ibérica, le dijo a Hola! que una mayor diversidad de microorganismos en el intestino se relaciona con una mejor calidad del sueño.
Según el especialista, el equilibrio de la flora intestinal influye directamente en la producción de melatonina al modular el metabolismo del triptófano y la serotonina, dos compuestos claves para inducir un sueño profundo.
Cuando el intestino habla: qué pasa si la microbiota está desequilibrada
Los efectos de una microbiota alterada no se limitan al sistema digestivo. Estudios recientes vinculan la baja diversidad bacteriana con una peor calidad del sueño.

“Sabemos que una microbiota diversa y equilibrada participa en la producción de neurotransmisores clave como la serotonina, que regulan el ciclo sueño-vigilia”, explicó López Ramiro. En caso contrario, su disminución se asocia con alteraciones tanto en la calidad como en la duración del descanso.
Esta asociación está respaldada por evidencia científica. Investigaciones como las de Li y colaboradores (2020) en Nature and Science of Sleep observaron que los pacientes con insomnio presentan perfiles microbianos menos diversos y mayor inflamación sistémica, lo que refuerza la hipótesis de que una flora intestinal disfuncional puede incidir directamente en los trastornos del sueño.
El estrés también se digiere
El impacto del estrés en la microbiota y, por ende, en el sueño, es otro eje central del fenómeno. “Puede alterar el equilibrio de la microbiota intestinal, lo que a su vez repercute negativamente en la calidad del descanso”, detalla el especialista. Bajo tensión prolongada, el organismo libera cortisol y otras hormonas que disminuyen la diversidad bacteriana y afectan la producción de neurotransmisores.

Un trabajo publicado en Cell Metabolism por Tofani et al. (2025) demuestra que el estrés crónico modifica el eje intestino-cerebro a través del sistema circadiano, alterando así los mecanismos que controlan el sueño. Esta interacción pone en evidencia que la conexión entre cerebro e intestino no solo es anatómica sino funcional y bidireccional.
Relojes internos y bacterias: el juego de los ritmos circadianos
El reloj biológico del cerebro, conocido como ritmo circadiano, no funciona de manera aislada. “Cuando llevamos una rutina estable, la microbiota sigue ciclos regulares que ayudan a producir sustancias importantes para dormir bien”, indicó López Ramiro. Pero si ese sistema se desajusta por cambios de horario, jet lag o falta de regularidad en los hábitos, también se altera la flora intestinal.
Los ritmos circadianos afectan la composición bacteriana y su actividad metabólica. Esto significa que no solo el sueño impacta en el intestino, sino que la calidad del equilibrio microbiano también puede condicionar cómo se duerme. El ciclo es bidireccional y se retroalimenta continuamente.

Hábitos cotidianos que desestabilizan la flora
Más allá del estrés, las rutinas diarias irregulares pueden alterar tanto el reloj interno como la microbiota. Comer a diferentes horas, saltarse comidas o acostarse muy tarde modifica el entorno intestinal. “Esto puede disminuir la diversidad de bacterias beneficiosas y aumentar el riesgo de trastornos como intestino irritable, digestiones pesadas, hinchazón o estreñimiento”, señala el médico.
Un artículo reciente en Cureus (2024) detalla cómo los horarios de alimentación y sueño afectan la estructura del microbioma intestinal, con consecuencias que trascienden la esfera digestiva y alcanzan también al bienestar mental y al descanso.
Los pacientes con insomnio crónico presentan diferencias concretas en su microbiota respecto a quienes tienen un sueño saludable. “Tienen menos diversidad microbiana, menos bacterias que producen ácidos grasos de cadena corta y más microorganismos potencialmente patógenos”, afirmó López Ramiro.

Estos desequilibrios están relacionados con mayor inflamación y con sintomatología más intensa del insomnio. Algunos estudios, como el de Li, Deng y Liu (2023) en Frontiers in Cellular and Infection Microbiology, incluso sugieren una relación causal bidireccional entre microbiota e insomnio, abriendo nuevas posibilidades para tratamientos personalizados a partir de la restauración del ecosistema intestinal.
Probióticos y sueño: ¿una nueva vía terapéutica?
Como cierre, el artículo planteó si los probióticos podrían mejorar el sueño. “Pueden favorecer un equilibrio saludable de las bacterias intestinales, que se comunican con el cerebro a través del eje intestino-cerebro” afirmó López Ramiro.
Las cepas más prometedoras son las de Lactobacillus y Bifidobacterium, que no solo fortalecen la barrera intestinal y facilitan la digestión, sino que también ayudan a reducir molestias como hinchazón, estreñimiento y diarrea.
El ensayo clínico realizado por Lan et al. (2023) y publicado en Nutrients muestra que la cepa Bifidobacterium breve CCFM1025 mejora la calidad del sueño mediante la regulación del eje HPA, encargado de la respuesta al estrés.
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