
Los trastornos alimenticios afectan a millones de personas en el mundo, pero no siempre presentan signos visibles. Para el Eating Disorder Awareness Week, la revista Women’s Health conversó con la psicoterapeuta Kerrie Jones, experta en el tratamiento de estos trastornos, quien advierte que la detección temprana es clave para una recuperación efectiva.
Existe una idea errónea de que los trastornos de la alimentación solo afectan a personas extremadamente delgadas.
Sin embargo, estos problemas no siempre se manifiestan a través de cambios físicos evidentes. Según la organización benéfica Beat, en el Reino Unido al menos 1.25 millones de personas padecen algún tipo de trastorno alimentario, aunque estimaciones más amplias sugieren que el número real podría llegar a los 3.4 millones.
A pesar de su gravedad, el tiempo promedio que tarda una persona en buscar ayuda es de tres años, lo que demuestra la necesidad de reconocer señales de alerta antes de que el problema se agrave.
“Los trastornos alimentarios no discriminan”, adviertió Kerrie Jones. “Afectan a personas de cualquier edad o género, pero hay momentos en la vida, como la menopausia en las mujeres, donde los cambios hormonales y la presión social pueden incrementar la vulnerabilidad”.

Jones enfatiza que limitar la imagen de los trastornos alimentarios a “chicas jóvenes y delgadas” impide ver la diversidad de quienes los padecen y retrasa el acceso a tratamientos adecuados.
Cinco signos de advertencia poco evidentes
1. Obsesión por la comida disfrazada de “bienestar”
Un excesivo interés en la alimentación saludable puede convertirse en una trampa. Etiquetar los alimentos como “buenos” o “malos”, eliminar grupos alimenticios enteros o seguir dietas extremadamente rígidas son comportamientos que pueden esconder una relación conflictiva con la comida.

El seguimiento compulsivo de calorías, macronutrientes y ejercicio puede generar dependencia emocional y afectar la vida cotidiana.
“Si alguien evita salir a cenar con amigos o pasa demasiado tiempo planificando sus comidas, podría estar desarrollando un problema”, señala Jones.
2. Ejercicio compulsivo para “ganarse” la comida
Si el ejercicio deja de ser una actividad placentera y se convierte en una obligación para compensar la ingesta de alimentos, es una señal de alarma.
No tomar días de descanso, sentir ansiedad si se pierde una sesión o entrenar incluso estando enfermo son indicadores de un trastorno.

Según Jones, “el ejercicio excesivo es una conducta compensatoria común en personas con anorexia o bulimia y puede ser difícil de detectar, sobre todo en atletas o entusiastas del fitness”.
3. Problemas digestivos persistentes
La relación entre los trastornos alimentarios y la salud digestiva es estrecha. Restricciones alimenticias prolongadas pueden ralentizar el metabolismo y provocar estreñimiento, hinchazón y malestar estomacal.
La eliminación innecesaria de alimentos como el gluten o los lácteos puede alterar el microbioma intestinal y generar intolerancias que antes no existían. Por otro lado, los episodios de atracones pueden desestabilizar el sistema digestivo, causando dolores y problemas de absorción.
4. Cambios emocionales: irritabilidad, ansiedad o aislamiento
Los trastornos alimentarios no solo afectan el cuerpo, sino también la mente. Muchas veces surgen como mecanismos de afrontamiento ante experiencias traumáticas, proporcionando una falsa sensación de control.

“El estrés y la ansiedad pueden manifestarse en una obsesión por el cuerpo o la comida”, explicó Jones. “Si alguien se vuelve más retraído, irritable o angustiado ante situaciones relacionadas con la alimentación, es importante prestar atención”.
5. Conductas secretas con la comida
Esconder comida, evitar comer en público o inventar excusas para saltarse las comidas son señales de alerta.
Algunas personas con trastornos alimentarios prefieren comer en privado para evitar juicios o para mantener el control de su ingesta sin ser observadas.

Jones señala que “la culpa y la vergüenza pueden llevar a estos comportamientos. Si una persona empieza a evitar las comidas familiares o a dar explicaciones confusas sobre lo que ha comido, es importante abordarlo con sensibilidad”.
Frases que pueden indicar un problema
Ciertas expresiones pueden revelar una relación conflictiva con la comida y la autoimagen:
- “Fui malo hoy, comí [X alimento]”
- “No merezco comer ahora”
- “Tengo que quemar esto después”
- “Eliminé [grupo de alimentos] porque es malo para la salud”
Si estos comentarios se vuelven recurrentes, es posible que haya un trastorno alimentario subyacente.
Cómo actuar si identificas estos signos
Si te reconoces en estos comportamientos o notas que alguien cercano los presenta, es fundamental buscar ayuda profesional. Aunque la recuperación puede parecer intimidante, iniciar la conversación es el primer paso.
Jones recomienda abordar el tema con empatía: “Un simple ‘Me preocupa que no te veo bien’ puede abrir la puerta a una conversación significativa. Las personas con trastornos alimentarios pueden ser expertas en ocultar su sufrimiento, por lo que confiar en la intuición y actuar a tiempo es clave”.

Los trastornos alimentarios pueden afectar a cualquier persona, sin importar su edad, género o apariencia. Reconocer las señales de advertencia y brindar apoyo sin juicio puede marcar la diferencia en el proceso de recuperación.
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