
Imagina una etapa de la vida donde los cambios hormonales desafían no solo el cuerpo, sino también la mente, y cuyos efectos pueden extenderse por años antes de que ocurra la menopausia. Este es el caso de la perimenopausia, un proceso natural y significativo que permaneció en gran medida en las sombras de la conciencia colectiva y médica.
A mediados de sus 40 años, Kerri Devine, una exejecutiva de marketing acostumbrada a lidiar con crisis corporativas, enfrentó un colapso que, inesperadamente, trastornó su vida personal. El episodio ocurrió en una tienda de manualidades, donde su ansiedad y agotamiento alcanzaron un punto crítico. “Fue tan grave que terminé con una conmoción cerebral leve”, confesó Kerri en Cosmopolitan UK. “Y ni siquiera pensé en consultar a un médico”.
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Como muchas mujeres en su situación, atribuyó sus síntomas al estrés, el insomnio y la ansiedad que arrastraba desde hacía años, sin imaginar que podrían estar relacionados con la perimenopausia, una etapa de transición hormonal previa a la menopausia.
Fue un amigo quien plantó la posibilidad de que aquello no fuera simplemente un exceso de responsabilidades o agotamiento crónico. Sin embargo, la experiencia de Devine es solo una de muchas que ilustran la confusión y el desconocimiento generalizados sobre esta fase vital que afecta a millones de mujeres.
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A pesar de que la perimenopausia puede prolongarse hasta por ocho años y ocasionar síntomas tanto físicos como emocionales, sigue siendo un tema poco comprendido por la sociedad y, sorprendentemente, incluso por el sistema médico.

El caso de Devine subraya una realidad común: las mujeres suelen transitar esta etapa sin saber siquiera que existe, enfrentándose a malestares que, como ella, muchas veces descartan o normalizan. “El desconocimiento perpetúa el silencio y el sufrimiento innecesario”, señala la Dra. Heather Currie, especialista en ginecología y menopausia. Esta falta de información no solo genera incertidumbre, sino que dificulta a las mujeres reconocer su situación y buscar el tratamiento adecuado.
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Aunque el término menopausia logró infiltrarse en la cultura pop, con tramas en series como Sex And The City 2 y los comentarios francos de figuras como Gwyneth Paltrow y Gillian Anderson, su etapa previa, la perimenopausia, permanece prácticamente ignorada.

Esta transición, que marca el inicio de los cambios hormonales en mujeres a partir de los 40 años o incluso antes, afecta de manera significativa el cuerpo y la mente durante años antes de la menopausia oficial. Sin embargo, un reciente estudio reveló que el 60% de las mujeres mayores de 40 años se sienten “nada informadas” sobre el tema.
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Las generaciones anteriores se enfrentaron a estos cambios en silencio, a menudo atribuyéndolos al envejecimiento, lo que perpetuó una falta de visibilidad sobre la experiencia. Incluso en el contexto actual, donde temas previamente tabúes empezaron a ganar atención, esta etapa continúa siendo una especie de misterio biológico.
“La perimenopausia fue históricamente pasada por alto porque no se percibía como un tema de salud pública importante”, explica la Dra. Samantha Dunham, codirectora del Centro para la Salud de la Mediana Edad y la Menopausia de NYU Langone Health. Como resultado, no solo las mujeres desconocen qué esperar durante este proceso, sino que, en ocasiones, también los médicos carecen de las herramientas para identificarla correctamente.
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El impacto de esta falta de conocimiento es profundo. Sin información clara, las mujeres enfrentan síntomas como sofocos, cambios de humor, insomnio o irregularidades menstruales, sin reconocer su causa. Esto no solo retrasa posibles diagnósticos, sino que también perpetúa la idea de que deben sobrellevar estos cambios solas y en silencio.
Síntomas diversos
Identificar la perimenopausia puede ser un desafío tanto para las mujeres que la experimentan como para los médicos encargados de diagnosticarla. A diferencia de la menopausia, que se reconoce claramente por la ausencia de menstruación durante un año completo, la perimenopausia es una etapa marcada por fluctuaciones hormonales que desencadenan una amplia variedad de síntomas.
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“Es un capítulo normal en la vida de una mujer”, señala la Dra. Dunham. Sin embargo, añade que esta fase puede ser “tremendamente desconcertante” debido a la variedad de señales físicas y emocionales que genera. Entre los síntomas más comunes se encuentran sofocos, sudores nocturnos, insomnio, inestabilidad emocional, irritabilidad, y una necesidad frecuente de orinar.
Por ejemplo, Kate Little, administradora de redes sociales, empezó a notar los cambios a los 45 años. “Me despertaba empapada en sudor, algo completamente inusual para mí. Además, sentía una rabia inexplicable; odiaba a mi esposo y no entendía por qué”, relata.
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El 40% de las mujeres que atraviesan esta etapa experimentan cambios drásticos en el estado de ánimo, que a menudo se presentan junto con síntomas físicos.
A pesar de que las irregularidades en el período pueden ser un indicador clave, incluso estas pueden pasar desapercibidas. Los anticonceptivos pueden enmascarar o imitar los efectos de la perimenopausia.
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La Dra. Heather Currie enfatiza que la medición de niveles hormonales tampoco es una solución confiable. “Este es un período de fluctuaciones hormonales significativas. Analizar los niveles en un momento dado no siempre refleja lo que está ocurriendo”, explica en Cosmopolitan.
Falta de educación médica y social
La perimenopausia fue ignorada en la educación médica y cultural, lo que deja a muchas mujeres sin información y sin un diagnóstico adecuado. Todavía hay una falta de conocimiento integral entre los profesionales de la salud de diversas especialidades, lo que dificulta identificar y tratar los síntomas.

Según la Dra. Heather Currie, “los síntomas pueden ser de muchos tipos diferentes”, lo que exige una conciencia más amplia en la práctica médica. Esta carencia perpetúa la confusión y el sufrimiento innecesario de las pacientes.
Opciones de tratamiento y esperanza futura
Aunque no es una enfermedad, la perimenopausia puede ser tratada para mejorar la calidad de vida. Los tratamientos disponibles incluyen:
- Anticonceptivos de baja dosis, para estabilizar los cambios de humor.
- Antidepresivos, en casos de depresión.
- Terapias hormonales, como la progesterona, que demostraron ser altamente efectivas para aliviar síntomas físicos y emocionales.
Los casos de Kerri Devine y Kate Little ilustran cómo el tratamiento adecuado puede transformar la experiencia. Ambas lograron superar síntomas debilitantes gracias a la atención médica adecuada.
Además, hay un optimismo creciente en torno a la mayor apertura de las generaciones jóvenes hacia temas de salud previamente estigmatizados, lo que podría llevar a un mejor manejo de la perimenopausia en el futuro.

Este avance en la conversación médica y cultural es esencial para garantizar que las mujeres no enfrenten estos cambios vitales en silencio y con desinformación.
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