
La depresión es uno de los trastornos mentales más comunes y debilitantes a nivel mundial. Se caracteriza por una persistente sensación de tristeza, desesperanza, incapacidad para experimentar placer o interés en actividades que normalmente solían resultar gratificantes, cambios en los patrones de sueño y apetito; fatiga, dificultades para concentrarse y, en algunos casos, pensamientos de muerte o suicidio.
Los síntomas suelen persistir la mayor parte del día, casi todos los días, y afectan de forma significativa el funcionamiento.
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Dentro del tratamiento para este trastorno, está cobrando una especial relevancia uno de dichos síntomas: la anhedonia. Quienes la experimentan, pueden sentirse desconectados de las emociones positivas, incluso en situaciones que solían disfrutar. Para su abordaje se hace énfasis en la construcción del bienestar, esto es, en la generación de situaciones y momentos de placer, significado y conexión social.
“El objetivo del tratamiento para la depresión, el cual llevamos a cabo desde INECO, no es únicamente disminuir el malestar, sino también incrementar el bienestar y construir una vida plena, guiada por los valores propios”, menciona la licenciada Delfina Ailán, integrante del departamento de Psicoterapia Cognitiva de INECO.
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Dicho tratamiento se desglosa en 3 fases, las cuales se detallarán a continuación. A su vez, la profesional de INECO brindará diversas herramientas y sugerencias, que forman parte de cada fase, para lograr detectar la anhedonia y promover el bienestar.
En línea con ello, la licenciada Ailán, expresa: “Si bien dar a conocer estas recomendaciones puede ser de utilidad para los lectores, es importante aclarar que, dado que forman parte justamente de un tratamiento psicológico, no son un sustituto del mismo. En caso de que se esté lidiando con la depresión o se conozca a alguien que se encuentre en dicha situación, es fundamental buscar la orientación de un profesional de salud mental calificado”.
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Se valora el bienestar general del paciente, se analiza el funcionamiento actual en diferentes ámbitos, se identifican los valores personales, se establecen objetivos terapéuticos y se seleccionan pasos de acción iniciales.
El concepto fundamental de esta fase es el de valores. Estos actúan como una brújula personal, ayudando a orientar las acciones hacia lo que realmente importa y da sentido a la vida del individuo.
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La diferencia entre los valores y las metas radica en que los primeros implican acción continua. Los valores podrían representarse como la dirección en la cual se avanza, mientras que las metas son aquello que se busca alcanzar en el camino. Por ejemplo, una meta podría ser conseguir un trabajo mejor: una vez que se lo consigue, la meta ha sido alcanzada. Pero si se busca aplicar completamente al trabajo, contribuir con lo mejor de uno mismo/a e involucrarse plenamente en lo que se está haciendo, se está frente a un valor.
La depresión puede emerger de no vivir una vida intrínsecamente motivante y de perseguir las metas erróneas; de ahí la importancia de identificar los valores propios en dominios clave en la vida: trabajo, relaciones, salud, y esparcimiento.
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Otras preguntas pueden ser: ¿Cómo quiero ser en la relación con mis clientes, colegas, empleadores, compañeros de trabajo?; ¿qué cualidades personales quiero expresar y plasmar en mi trabajo/estudio? ¿Qué habilidades quisiera desarrollar?

Aquí uno se puede preguntar: ¿Cómo quiero ser en esas relaciones?; ¿qué cualidades personales quisiera desarrollar?
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Otra pregunta es: ¿qué aspectos valoro en mi desarrollo como ser humano?

Otro interrogante puede ser: ¿cómo me gustaría que fuese mi relación con el descanso, la diversión y la creatividad?
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Una vez definidos los valores, es posible establecer metas consistentes con los mismos. Por ejemplo, si como padre se valora estar involucrado en la crianza de los hijos, una meta puede ser ayudarlos con los deberes.

La idea es fomentar la participación activa en actividades que promuevan el bienestar, identificando y modificando los factores que obstaculizan el progreso.
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A medida que se comienza a hacer modificaciones en los hábitos, se comienza a experimentar cambios en el bienestar.

Esto ayuda a fortalecer el recuerdo de lo positivo, y a capturar momentos de resiliencia y prosperidad.

Se trata de esas cosas que generen significado o conexión social. Este ejercicio busca cultivar la apreciación por las pequeñas alegrías diarias, contribuyendo a construir una perspectiva más positiva y gratificante.
La clave es participar en estas actividades completamente en el presente, sin juzgar y consciente de las sensaciones corporales.

Aquí también se formula un plan de recaídas, y se crea un plan de bienestar, que permite continuar trabajando hacia metas basadas en valores en el largo plazo.
En ese sentido, es importante que el paciente comprenda que, si bien el tratamiento pudo haber finalizado, se debe continuar trabajando en la construcción del bienestar para mantener el mismo y promoverlo.
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