“El tiempo es tirano”. Una frase que se utiliza comúnmente a la hora ejemplificar la velocidad que nos imprime la vida diaria. Sin embargo, cuando se trata de alimentación, debemos evitar que el “soberano” nos ordene y debemos ser nosotros quien impongamos nuestra realidad. Estas palabras, que pueden ser controvertidas para algunas, a la hora de nuestra salud son esenciales. Es que la rapidez con la que comemos no solo puede generar un incremento de peso, sino que también puede impulsar el surgimiento de otras enfermedades. Cómo cambiar este hábito, aquí 8 pasos imperdibles
Cuando comemos rápido, al no registrar qué es lo que ingerimos, es más probable que consumamos más alimentos de los que nuestro cuerpo realmente necesita y, consecuentemente, habrá un incremento de calorías. El resultado: un aumento de peso. Pero eso no es todo, ya que también se eleva el riesgo de varios problemas de salud, como son: la obesidad y la diabetes tipo 2.
“Comer rápido engordaría si uno come más de lo que necesita, porque podemos comer rápido nuestra porción, luego dejar de comer y no existiría tal problema. El tema es que cuando uno come rápido tiene el riesgo de comer más porque la señal del sistema digestivo al cerebro tarda 20 minutos. Si yo como en 10 minutos probablemente siga sintiendo hambre, entonces voy a comer más. Pero no es que hay algo que haga que el comer rápido engorde sino que tiene que ver con la cantidad de comida y desde cuando tengo el registro de saciedad, que es a partir de los 20 minutos”, detalló a Infobae la licenciada en Nutrición, Agustina Murcho (MN 7888/ MP 3196).

La obesidad es uno de los mayores problemas de salud a nivel mundial y una enfermedad compleja que no es causada simplemente por una mala alimentación, inactividad o falta de fuerza de voluntad. De hecho, están en juego complicados factores ambientales y de estilo de vida. Comer rápido se ha estudiado como un factor de riesgo potencial para tener sobrepeso y obesidad, según indicó un análisis realizado sobre 23 estudios. En el trabajo, los expertos advirtieron que los comedores rápidos tenían aproximadamente el doble de probabilidades de ser obesos, en comparación con los comedores lentos.
Asimismo, un estudio realizado en más de 1000 participantes en Japón, durante un período de 5 años, analizó la relación entre la velocidad de comer y la incidencia de síndrome metabólico, nombre colectivo dado a cinco factores de riesgo de enfermedades cardiometabólicas graves, como enfermedades cardíacas, diabetes y accidentes cerebrovasculares.
Según el trabajo presentado en las Sesiones Científicas de la Asociación Americana del Corazón, engullir la comida rápidamente puede dañar gravemente la salud cardiometabólica. La investigación que dirigió el doctor Takayuki Yamaji, cardiólogo de la Universidad de Hiroshima en Japón, identificó cinco factores de riesgo; como son: la presión arterial alta, los triglicéridos altos o las grasas que se encuentran en la sangre, el nivel alto de azúcar en la sangre, los niveles bajos del colesterol “bueno” y una cintura grande.

El doctor Yamaji y sus colegas resaltaron que estas personas no tenían signos de síndrome metabólico al comienzo del estudio, en 2008. Y tras acompañar a los voluntarios por un período de 5 años (mediante un cuestionario autoadministrado donde informaron sobre su estilo de vida, hábitos alimenticios, actividad física e historial médico), los expertos detectaron que los participantes habían aumentado al menos 10 kilogramos desde los 20 años, esto se calificaba como “aumento de peso” para los fines del estudio.
Para analizar de una mejor forma su evolución, los investigadores dividieron a los participantes en tres grupos, según su velocidad de alimentación: lentos, normales y rápidos. Durante el período de seguimiento, 84 personas desarrollaron síndrome metabólico y los científicos relacionaron una mayor velocidad de alimentación con un mayor aumento de peso, un mayor nivel de azúcar en la sangre, niveles más altos de lipoproteínas de baja densidad o colesterol “malo” y una cintura más grande.
Las personas que comían rápido tenían casi el doble de probabilidades de desarrollar síndrome metabólico en comparación con sus contrapartes que comían normalmente. Más específicamente, los comedores rápidos tenían un 11,6% más de posibilidades de desarrollar los factores de riesgo, en comparación con un 6,5% de probabilidades en los comedores normales. Mientras tanto, los comedores lentos tenían solo un 2,3% de posibilidades de desarrollar síndrome metabólico.

Para Yamaji, “comer más despacio puede ser un cambio de estilo de vida crucial para ayudar a prevenir el síndrome metabólico. Cuando las personas comen rápido, tienden a no sentirse llenas y es más probable que coman en exceso”. “La velocidad al comer se asoció con la obesidad y la futura prevalencia del síndrome metabólico. Por lo tanto, comer despacio puede ser un factor de estilo de vida crucial para prevenir el síndrome metabólico entre los japoneses”, concluyeron los autores del estudio.
En resumidas cuentas, si la pérdida de peso es nuestro objetivo, comer rápido puede estar obstaculizando el progreso; ya que comer más despacio puede proporcionarnos poderosos beneficios: aumentar los niveles de hormonas de saciedad, ayudar a hacernos sentir más satisfechos y disminuir nuestro consumo de calorías. También mejora la digestión y el disfrute de los alimentos.
Cuáles son las 8 claves para ralentizar la alimentación

- No comer frente a las pantallas. Comer frente a un televisor, computadora, teléfono inteligente u otro dispositivo puede hacer que comamos rápido y sin pensar. También puede hacernos perder la noción de cuánto hemos comido.
- Dejar el tenedor entre cada bocado. Esto ayuda a reducir la velocidad y disfrutar más de cada bocado.
- No tener demasiada hambre. Evitar tener mucha hambre entre comidas es clave ya que puede hacer que comamos demasiado rápido y tomemos malas decisiones alimentarias.
- Beber agua durante las comidas ayudará a hacernos sentir llenos y nos animará a reducir la velocidad.
- Masticar bien. Masticar nuestra comida con más frecuencia antes de tragarla puede ayudar. También puede ser útil contar cuántas veces masticamos cada bocado.
- Comer alimentos ricos en fibra. Los alimentos ricos en fibra, como las frutas y las verduras, no solo llenan mucho, sino que también requieren bastante tiempo para masticar.
- Tomar bocados pequeños. Tomar bocados más pequeños puede ayudarnos a disminuir nuestro ritmo de alimentación y hacer que nuestra comida dure más.
- Comer conscientemente. La alimentación consciente es una herramienta poderosa. El principio fundamental detrás de esto es prestar atención a la comida que estás comiendo. Algunos de los ejercicios anteriores se practican en alimentación consciente.
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