
“Hablar de lactancia es urgente. En nuestra tradición familiar, suele haber poca información sobre la misma: hace varias generaciones que la medicalización de los actos humanos se llevó puestas nuestras tradiciones para alimentar”.
Sabrina Critzmann es médica pediatra (MN 148279), puericultora y consultora de porteo. Y en la Semana Mundial de la Lactancia Materna hizo hincapié en el hecho de que así como mucha gente de su edad aprendió educación sexual “leyendo el diccionario y tratando de enganchar una imagen borrosa en un canal codificado”, muchas también escucharon hablar de lactancia por primera vez “en un curso preparto o cuando trataban angustiadas de meterle la teta en la boca a un recién nacido que no paraba de llorar”.
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Para ella, “la lactancia no es un acto meramente natural, sencillo y fisiológico”. “Requiere de deseo, de un entorno que acompañe, de empezar a comprender a esa persona pequeñita que recién estamos conociendo”, destacó la especialista, para quien las mujeres tampoco tienen muy en claro cómo se debería comportar un bebé. ¿Está bien que llore así? ¿Está bien que regurgite? ¿Está bien que tenga gases? Son algunas de las dudas que surgen en esos primeros días. Y, “lamentablemente”, según Critzmann, “el entorno no suele acompañar”. “Desde el hospital que separa a la mamá y el bebé ‘por protocolo’, hasta la tía abuela que pregunta ‘¿estás segura de que tenés leche? Se lo ve flaquito’, parecería que hay una enorme concatenación de esfuerzos para que la lactancia no continúe”, opinó la autora de Hoy no es siempre, guía pediátrica para una crianza respetuosa.
Párrafo aparte merecen para ella los empleadores y las licencias de maternidad y paternidad. “No hay documento que no deje en claro la importancia de la lactancia sobre todo en los primeros seis meses de vida, pero las licencias de maternidad rasguñan los tres meses con suerte, y las de paternidad se terminan en dos días -apuntó-. Si se trabaja en forma autónoma, pensar en tomarse licencia genera terror”.
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Además, “los lactarios en la mayor parte de los lugares de trabajo son una utopía y más de una pensó alguna vez que era normal sacarse leche en el baño”.

En este contexto, para la pediatra, “hablar de lactancia es urgente, en los hogares, en las escuelas y en las universidades. No se habla de lactancia en la primaria, a los niños que van al jardín de infantes y toman pecho se los mira con horror, la teta pasa a ser un eslabón perdido hasta que en la adolescencia genera risas y misterio, mucho misterio”. “Poca biología estudiamos de base, poco sabemos de nuestro cuerpo y sus procesos biológicos: mucho menos de cómo se alimentan los lactantes”, agregó.
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“Si la lactancia estuviera en horario central en la tele, en los diarios, en la radio, tendríamos más dudas, y no creeríamos que la lactancia es solo poner al bebé en la teta -consideró Critzmann-. Hablaríamos de la demanda, del agotamiento, del puerperio, de la relevancia de tener una red de sostén, de que el que viene a visitarnos post nacimiento traiga comida y lave los platos, y no espere ser servido. Hablaríamos de que existen las puericultoras y asesoras en lactancia, y que deberían ser parte del sistema de salud público. Hablaríamos más de deseo, de posibilidades, de elecciones, y menos de culpas y mandatos”.
Y tras asegurar que “lo que no se nombra, no existe, y si no existe, le conviene mucho a los que vienen a vender soluciones enlatadas”, concluyó: “Empecemos a nombrar a la lactancia, a darle el lugar que corresponde y que necesitamos como sociedad. Es urgente”.
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Problemas y soluciones
Ahora bien, ¿cuáles son son los escollos más frecuentes con que una díada de “madre hijo” puede encontrarse durante las primeras semanas después del nacimiento? Aquí la solución a cada uno.
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1- Dolor en los pezones. Muchas mujeres piensan –erróneamente– que es normal que les duelan los pechos. Las causas más frecuentes son infecciones de la piel del pezón y la aréola y las grietas o fisuras producto del mal acoplamiento boca-pecho (por presión o tracción exagerada del pezón o por el roce de la lengua cuando el bebé succiona en forma disfuncional).
Solución: si la grieta es leve o reciente, se corrige cuidando que la cabeza del niño esté de frente al pecho y que el pezón y la aréola queden dentro de la boca del niño. Después de cada mamada, cubrí la areola y el pezón con leche materna y dejá secar al aire. De ser posible, ayuda exponerlo al sol unos minutos.
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Empezar el amamantamiento por el pecho menos dolorido. Habitualmente en 24 horas la situación se supera. Si la grieta es extensa y dolorosa, colocar al bebé con los labios paralelos a la grieta de modo que los bordes entren juntos a la boca. Si el dolor es demasiado, suspender una o dos tomas, realizar extracción manual cada tres o cuatro horas y darle la leche con cucharita, jeringa o gotero. No es recomendable usar crema de caléndula ya que mantiene más húmedo el tejido y demora más la cicatrización. Es importante saber que el dolor interfiere con el mecanismo de eyección de la leche y hace que el bebé no reciba suficiente y llore; esto genera angustia lo que inhibe aún más la eyección e inicia un círculo vicioso.
2- Congestión por ingurgitación mamaria. Se da durante la bajada de leche y puede deberse a un aumento de la presión de los vasos sanguíneos o a la acumulación de leche. Las mamas suelen estar sensibles, grandes y duras pero puede extraerse leche.
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Solución: si la congestión compromete la areola, el bebé no será capaz de introducirla en su boca y habrá que extraer la leche manualmente hasta ablandar la zona.
La congestión por acumulación de leche puede acompañarse de edema (acumulación de líquido) que en casos extremos impide la salida de leche. Las mamas se ven muy duras, dolorosas, calientes y, en algunos casos, enrojecidas.
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El tratamiento incluye masajes para favorecer el vaciamiento, extracción manual frecuente y aplicación de frío local (no más de 15 minutos por aplicación) para disminuir la congestión.
El cuadro cede aproximadamente a los dos o tres días de iniciado el tratamiento.
3- Reflejo de eyección excesivo. Al iniciarse la mamada se descarga mucha leche y el bebé se atraganta o le produce distensión gástrica dolorosa. El bebé ingiere mayor volumen de la primera leche, que contiene más cantidad de lactosa y menos grasa, y le provoca cólicos, regurgitaciones, deposiciones frecuentes y líquidas.
Solución: estar atenta a esta situación para retirar al bebé del pecho y darle de mamar en otra posición: sentarlo en posición vertical o a caballito.
También se puede extraer un poco de leche antes de iniciar la mamada y asegurarse que reciba también la segunda leche (con más grasa y más calorías).
4- Mamas supernumerarias. Es el tejido mamario en una ubicación no habitual como, por ejemplo, la axila. Hay dos posibilidades: que tenga conducto de salida y que segregue leche como cualquier mama o que se trate sólo de tejido glandular y genere dolor al tercer día después del parto, pero luego se torne improductiva.
Solución: para aliviar las molestias se recomienda el uso de analgésicos y frío local.
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