
Desde el comienzo de la pandemia los ciudadanos del mundo hemos estado bombardeados con información. Desde que se informó el primer caso de COVID-19, esta enfermedad ha tenido un gran impacto en todos los aspectos de la sociedad. Medidas como la cuarentena, el encierro y el distanciamiento físico, en respuesta al creciente número de casos y muertes atribuidas, afectaron negativamente la economía, el empleo y la salud pública. Y en todos los países, a los intereses políticos se le sumaron los económicos, los de los laboratorios y los de las empresas afectadas por los cierres.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) acuñó en el pasado mes de mayo el término “infodemia” para describir la propagación de la desinformación sobre el virus que hace difícil que la gente encuentre recursos fiables para obtener noticias claras por los medios de comunicación tradicionales, ya que el público se encuentra con material relacionado con el coronavirus en las redes sociales.
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“Todo recae en forma más pesada sobre los ciudadanos del pueblo: los temores, la crisis económica, no saber qué creer ni cómo diferenciar estadísticas reales de las distorsionadas. Todo eso y más deben soportar los ciudadanos sin poder hacer nada, sintiéndose impotentes ante los daños que esta pandemia les trajo a sus vidas”, manifestó en una entrevista con este medio el sociólogo y psicólogo argentino Naum Kliksberg.
En este contexto de desinformación y paranoia, el ex consultor de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de proyectos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), remarcó: “Solo hay una cosa que sabemos con certeza y esta es que la gente que se está vacunando y se va a vacunar aun más. Por eso es que debemos tener acceso a una información que no deje lugar a dudas sobre cuál será realmente el resultado de la vacunación que se está realizando, en la cual todos pusimos todas nuestras esperanzas”.
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Para el especialista, quien además integró los equipos de asesores de gobiernos de diferentes países y es coordinador del blog Coronavirus: como cuidar a los mayores, “cada día o semana el gobierno debe informar: cuántos de los ya vacunados fallecen, qué vacuna se les aplicó, si el fallecido recibió una o las dos dosis, y a los cuantos días de aplicarse la vacuna falleció”.
“Con esta información, van a poder exigir su derecho a que los gobiernos les apliquen las mejores vacunas. No se trata de vacunar por vacunar. La vacunación es un camino hacia la salud. La enfermedad no está paralizando al mundo, el mundo se paraliza ante las muertes. Por eso, la información cierta es vital. Hasta ahora, los resultados que hay son teóricos. Recién ahora que las personas se están vacunando se va a saber la verdad del rendimiento de cada vacuna. No va a haber más espacio para la especulación”, aseveró el experto.
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En los últimos días se ha hablado bastante de los coágulos sanguíneos, especialmente después de conocer una alerta de Alemania sobre personas que han sufrido trombosis en las venas cerebrales –un coágulo sanguíneo en el cerebro– después de recibir la vacuna de AstraZeneca. “Supongamos que se ve que el 80% de los fallecidos entre los vacunados fallecen luego de darse una determinada vacuna y ya hay millones de personas que se la dieron. Teniendo esta información, esas personas van a poder comenzar a hacer tratamientos preventivos con sus médicos”, añadió Kliksberg.

Cuando las enfermedades atacan, dicen los expertos, proyectan una pandemia de lesiones psicológicas y sociales, y en esto Kliksberg coincide. Esta “sombra” a menudo es persistente a la pandemia por el virus y continúa atacando por semanas, meses e incluso años. Y recibe poca atención en comparación con la enfermedad, a pesar de que también devasta familias, daña y mata.
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“Las pandemias producen varios efectos estructurales en la psiquis de los seres humanos. Los sentimientos de estrés, temor e incertidumbre afectan a la mayor parte de la población y si a esa carga le sumamos la duda sobre a quién o a qué vacuna le confiamos nuestra vida, las emociones se tornan insoportables”, explicó.
Y concluyó: “La información puede salvar miles de vidas al evitar fallecimientos que se pueden evitar, porque permitirá rápidamente saber qué vacunas no funcionan como se esperaba y reemplazarlas por otras que demuestran ser más eficientes. Supongamos que todo va bien y que las vacunas hacen que desciendan el número de casos y de fallecimientos. Eso no quiere decir que hayamos ganado la guerra contra el virus, sino una batalla”.
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