
La cadena del girasol atraviesa uno de sus mejores momentos en décadas. A la cosecha récord de la campaña 2025/26 se sumó en marzo un hito industrial: la molienda nacional alcanzó las 564.630 toneladas, el mayor volumen procesado para ese mes desde 2009. El dato, informado por la Secretaría de Agricultura de la Nación, refleja no solo la abundancia de materia prima, sino también la plena utilización de la capacidad instalada de la industria aceitera, impulsada por una sostenida demanda internacional de aceite y harina de girasol argentinos.
Detrás de ese desempeño industrial aparece un fenómeno que gana fuerza en los campos: el crecimiento sostenido del cultivo. La campaña nacional de girasol 2025/26 superó los 3 millones de hectáreas sembradas, con una producción estimada en 7,2 millones de toneladas, un 28,6% más que en el ciclo anterior. La expansión también se hizo sentir en Santa Fe, donde la superficie implantada trepó hasta las 500 mil hectáreas, consolidando a la provincia como una de las protagonistas del nuevo mapa girasolero.
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“El crecimiento del girasol en el norte de Santa Fe se enmarca en un escenario más amplio de revalorización del cultivo a nivel nacional, impulsado tanto por su desempeño agronómico como por la creciente demanda de la industria aceitera”, explicó Gonzalo Scarpín, investigador del INTA. Según detalló, la expansión responde a una combinación de factores productivos, ambientales y económicos, entre los que sobresale la notable adaptación del cultivo a ambientes con limitaciones hídricas, una característica que lo vuelve estratégico en regiones afectadas por la variabilidad climática.

Dentro de Santa Fe, el avance más fuerte se observa en los departamentos del centro-norte. “Dentro de la provincia, el crecimiento del cultivo se observa con mayor intensidad en los departamentos del centro-norte”, precisó Scarpín. El caso más emblemático es el del departamento 9 de Julio, donde la superficie sembrada prácticamente se triplicó en apenas un año: pasó de 48.500 hectáreas en la campaña 2024/25 a más de 152 mil hectáreas en el ciclo actual. También Vera y San Javier registraron importantes incrementos, reforzando el peso del girasol en la producción provincial.
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El buen momento del cultivo también se explica por mejoras tecnológicas y de manejo. Según detalló Scarpín, “las evaluaciones realizadas en la red de ensayos de ASAGIR, en conjunto con el INTA Reconquista, permitieron analizar el comportamiento de distintos híbridos bajo dos fechas de siembra contrastantes”. Los resultados mostraron que las siembras tempranas, realizadas en agosto, lograron rindes significativamente superiores respecto de las implantadas en octubre, además de mayores porcentajes de aceite en grano, un factor determinante para la rentabilidad industrial.
Con mejores rendimientos, mayor estabilidad frente al déficit hídrico y un fuerte tirón de la industria aceitera —que en marzo marcó un récord de molienda de los últimos 17 años—, el girasol se consolida como una alternativa estratégica para diversificar sistemas productivos, mejorar rotaciones agrícolas y potenciar el agregado de valor en origen. Los ensayos, además, dejaron una conclusión clave para el futuro: la correcta selección del material genético según fecha de siembra y ambiente puede marcar la diferencia en un cultivo que vuelve a posicionarse como una de las grandes apuestas del agro argentino.
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