
La ganadería atraviesa una etapa de recomposición favorable, combinada con una recuperación de precios con condiciones productivas más estables, configurando un escenario que mejora las perspectivas de inversión y planificación. En ese contexto, el cierre de 2025 dejó un balance claramente positivo para el productor ganadero, según indica en su informe mensual Coninagro, al analizar la relación entre precios y costos de terneros y novillitos.
El estudio evalúa el poder de compra de estos productos frente a una canasta de insumos, gastos e inversiones habituales del sector, que abarca desde herbicidas y fletes hasta maquinaria y otros veinte factores determinantes en la estructura de costos.
Al escenario climático favorable para la actividad ganadera, se sumó un contexto macroeconómico más estable, que aportó previsibilidad para la toma de decisiones, junto con un mercado de hacienda que mostró valores destacados. En este marco, la ganadería se posicionó como una de las actividades con mejor desempeño relativo dentro del agro.

La evolución de los precios confirma esta tendencia. En los últimos 15 años, los valores de la hacienda alcanzaron niveles históricamente elevados: medidos en dólares, el precio del ternero de 160 a 180 kilos se ubicó un 65 % por encima del promedio del período 2010–2025, mientras que el novillito se colocó un 52 % por encima de ese mismo promedio. El informe puntualiza que, en la comparación interanual, los últimos doce meses a diciembre mostraron subas muy superiores a la inflación: mientras el índice general de precios de 2025 cerró en 31,5 %, la hacienda aumentó en promedio un 75 %, consolidando una mejora real para el productor.
Esa recomposición de precios -detalla el estudio de Coninagro, se trasladó de manera directa al poder de compra del novillito frente a distintos insumos y costos productivos. Un caso destacado es el de las pasturas: en diciembre de 2025 se necesitaron 34 % menos kilos de novillito para adquirir un kilo de semillas de alfalfa que un año antes, pasando de casi 4 kilos a unos 2,7 kilos por unidad de semilla.
Para el Rye Grass, la mejora fue aún mayor, con un incremento del 47 % en el poder de compra. Si la comparación se realiza contra el promedio de los últimos cinco años, hoy se requiere cerca de un 40% menos de novillito para comprar semillas de Rye Grass y alrededor de un 35 % menos para alfalfa y grano de maíz, reflejando una mejora sustancial en la relación entre precios y costos para la actividad ganadera.
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