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Un monumental archivo inédito hallado tras la muerte de Pessoa transforma su biografía literaria

La recuperación de manuscritos y cartas ocultas en el baúl del poeta permitió a Richard Zenith reconstruir una cronología precisa e inédita de su desarrollo intelectual y personal

Fernando Pessoa
(Foto: Wikipedia / Dominio público)
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El reconocimiento internacional de Fernando Pessoa se consolidó solo muchos años después de su muerte en 1935, a partir del descubrimiento póstumo de una vasta cantidad de documentos literarios resguardados en un baúl. Este hallazgo permitió a la crítica reconstruir con una precisión casi microscópica la vida y la obra de uno de los mayores poetas del siglo XX, como demuestra la biografía monumental de 1.400 páginas que Richard Zenith publicó gracias a ese inagotable archivo, y que expone una cronología inédita de sus avatares personales e intelectuales.

La obra de Pessoa revela la existencia de un sentimiento de aislamiento extremo, documentado en las numerosas notas confesionales que se han conservado. En ellas, define su soledad como “tan solo como un barco que naufraga en el mar”, según la traducción de Ignacio Vidal-Folch. Este aislamiento, lejos de excluirlo del mundo literario, le permitió frecuentar desde muy joven los círculos innovadores de la nueva literatura portuguesa, como su cercanía a Mário de Sá-Carneiro y la distancia con Almada-Negreiros (“no es un genio”, señalaba en sus escritos).

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Además, fue protagonista en revistas clave como Orpheu y Presença, a pesar de los frecuentes descalabros que experimentó tras malgastar una cuantiosa herencia familiar en proyectos editoriales fallidos.

Fernando Pessoa
"Pessoa. Una biografía" (Acantilado), de Richard Zenith

Los documentos muestran cómo, durante su juventud en Durban (Sudáfrica), Pessoa forjaba una sociabilidad ficticia. Mantenía correspondencia con supuestos conocidos de aquella ciudad que, en realidad, jamás existieron; los destinatarios y remitentes de esas cartas, así como el autor de un poema enviado a la revista británica Punch —ese sí firmado por él—, eran personajes totalmente inventados.

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Zenith documenta que, a los 14 años, Pessoa ya habitaba un mundo de identidades múltiples, anticipando la creación de sus célebres heterónimos. El último libro recibido por Pessoa durante su formación sudafricana, unas Obras completas de Shakespeare, marcó profundamente su viaje de regreso a Lisboa en 1905. Aquella inquietud adolescente fue el germen de su universo literario plural.

En su etapa universitaria fallida, dejó de asistir a clases de letras y se obsesionó con rastrear la genealogía de su propio genio en figuras consagradas, fascinado por la repercusión de obras como Degeneración de Max Nordau. Así lo recordaba en una entrevista de 1932, donde calificó ese volumen como fundamental para su formación, una influencia visible tanto en el Libro del desasosiego, firmado bajo el heterónimo Bernardo Soares, como en el amplio análisis de Zenith.

Casa Fernando Pessoa
Casa Fernando Pessoa (Humberto Mouco)

Sobre el sentir de este alter ego, Pessoa expuso la imposibilidad de suscitar una “simpatía violenta” en los demás. La multiplicidad de sus identidades, proyectada en sus heterónimos principales —Alberto Caeiro, álvaro de Campos, Ricardo Reis—, transformó el concepto de autoría en la literatura contemporánea.

El retrato que traza Zenith también presta atención al papel que desempeñó Henrique Rosa, tío político de Pessoa, quien fue decisivo para formarlo como un republicano antidogmático, marcado por el pesimismo y el racionalismo. De esa influencia surgió un panfleto anticlerical, escrito en inglés y nunca terminado, en el que afirmaba: “Casarse por la iglesia es una estupidez”.

Descubrir esos documentos permite iluminar áreas menos exploradas de su psicología, incluida una misoginia persistente y una incapacidad de establecer vínculos amorosos convencionales, aunque su relación intermitente con Ofelia Queiroz —documentada en abundantes cartas— estuvo marcada por gestos tan singulares como llamarla “ácido sulfúrico” en una ocasión de pasión amorosa.

En una carta escrita en 1935, Pessoa confiesa: “Desde que me conozco como siendo aquello a lo que llamo yo, me acuerdo de haber definido —en figura, movimientos, carácter e historia— diversas figuras irreales que, para mí, eran tan visibles y mías como las cosas de aquello a lo que llamamos, acaso abusivamente, la vida real”.

Esa tendencia a generar un mundo ficticio, repleto de “amigos y conocidos que nunca existieron”, cristalizó en su método de trabajo, desde los periódicos artesanales que producía en la adolescencia hasta la creación, en 1914, de los grandes heterónimos.

En 1912, anticipó la llegada de un Gran Poeta portugués capaz de rivalizar con Luis de Camões —el “Supra-Camões”—, consolidando así la magnitud de la empresa que acometía.

La suma de manuscritos, obras fragmentarias y textos inconclusos, que permanecieron semiocultos durante años, construyó una obra sustancialmente inacabada y, paradójicamente, plena, cuya revelación solo pudo consumarse muchas décadas después de su muerte.

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