Cuando concluya su tiempo de reflexión previo al anuncio del futuro ministro de Justicia, Alberto Fernández deberá ponerle atención a su propia seguridad institucional tras las dos agresiones sucesivas que sufrió junto a su comitiva durante el corto viaje que realizó a Chubut para recorrer las zonas castigadas por los incendios y desplegar ayuda estatal destinada a los pobladores que perdieron todo por el fuego intencional.
Alberto Fernández no sufrió daño físico sólo por casualidad. Su secretario de Medios de Comunicación, Juan Pablo Biondi, fue lastimado en su mano por una piedra con suficiente volumen para causar una tragedia personal. A un metro de Biondi estaba el Presidente: salió indemne por azar.

Casa Militar coordina a todas las fuerzas de seguridad para proteger al jefe de Estado. Depende del Secretario General de la Presidencia, Julio Vitobello, que recibe una hoja de ruta avalada por Sabina Frederic, ministra de Seguridad. Junto a Vitobello y Frederic actúa la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), intervenida por Cristina Caamaño, que tiene que aportar la información necesaria para proteger al Presidente de la Nación.
Caamaño aportó muy poco. Hace un mes cedió al Ministerio de Desarrollo Social el edificio que usaba la AFI en Chubut para reunir y acercar información estratégica a la Casa Rosada. La AFI tiene como función -asegura en su página oficial- prever “fenómenos delictivos de las libertades y derechos de las personas y del Estado, específicamente relacionados a terrorismo; atentados contra el orden constitucional y de la vida democrática”.
El Presidente corrió un innecesario peligro en el Sur. Y lo corrió porque la AFI no informó que un controvertido proyecto de minería tensiona a la sociedad de Chubut por sus implicancias ecológicas y económicas. Ya no tenía en la provincia su principal base de operaciones.

Al margen de la ausencia de información clave para preparar el viaje de Alberto Fernández a Chubut, la seguridad desplegada para su protección fue superada por veinte militantes sociales que resisten el proyecto minero.
Cuando llegó en helicóptero desde Bariloche, el presidente fue lanzado a una turba que esperaba afuera del aeropuerto local. Estaban allí, a la vista de todos, incluso de la de los oficiales de la Policía Federal y de la policía provincial que supuestamente protegían a la comitiva oficial.
Fue un hecho imprudente y amateur. Alberto Fernández estaba encerrado en una van de turismo frente a un puñado de manifestantes que, paradójicamente, tienen su misma posición frente al Cambio Climático: evitar que la minería y la emisión de carbono sigan afectando la vida cotidiana en la tierra.
La combi que llevaba al presidente salió a toda velocidad del lugar. Y en la ruta no había anillos de seguridad, ni vallas, ni inteligencia previa. Alberto Fernández y su comitiva estaban a merced de los militantes ambientalistas y de un puñado de cacos que están sindicalizados en la Unión Obrera de la Construcción (UOCRA).

El Presidente había convocado a una conferencia de prensa. No pudo hacerla. Sufrió una nueva agresión, y volvió a escapar con su comitiva en una van que se utiliza para hacer turismo. La policía de tránsito del Lago Puelo protegió a Alberto Fernández, mientras caían algunas piedras y la seguridad presidencial era un simple eufemismo.
La Casa Rosada había pedido al gobernador de Chubut, Mariano Arcioni, que se abstuviera de participar de las actividades presidenciales. En Balcarce 50 sabían que el mandatario causaba muchísima tensión política por su proyecto minero, y no querían que Alberto Fernández pagara un costo político que estaba al margen de su agenda oficial.
Arcioni soslayó la sugerencia política, y apareció en el aeropuerto local para recibir al jefe de Estado. Su presencia desnudó aún más la falla de seguridad presidencial: viajó en la misma van que Alberto Fernández, y atrajo toda la atención de los manifestantes que repudian su proyecto minero.
Sano y salvo, antes de subir al avión rumbo a Buenos Aires, Alberto Fernández miró los videos que registraron las dos agresiones que sufrió en apenas tres horas de gira por la Patagonia. Recordó a Arcioni y asumió que enfrenta una falla gigantesca en la seguridad presidencial. Estuvo a un metro de recibir un piedrazo que golpeó a su vocero Biondi.
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