
La interna del arbitraje peruano atraviesa una fractura que, según Winston Reátegui, ya no admite matices. El exárbitro y expresidente de la Comisión Nacional de Árbitros (CONAR) describió una ruptura abierta entre la dirigencia del organismo y el departamento técnico, un escenario que, en su lectura, se trasladó al campo de juego con señales de división y decisiones que alimentaron la controversia.
Reátegui sostuvo que el conflicto escaló hasta un planteamiento directo de los propios jueces hacia la conducción de la CONAR. “Ahorita hay un divorcio total entre la CONAR y el Departamento de Arbitraje, todos lo sabemos. Los árbitros han ido a decirle al presidente de la CONAR: ‘No lo queremos más al señor Víctor Hugo Carrillo’. Y sin embargo, él sigue. Todo ese cisma genera un divisionismo; existen grupos y eso es lo que estamos viendo en la cancha”, afirmó.
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El exréferi también colocó el foco en los criterios internos con los que se gestionan los errores y las consecuencias disciplinarias. En particular, cuestionó cómo se comunicaron —y qué se dejó sin explicar— episodios recientes vinculados con el VAR y con la continuidad de árbitros que quedaron en el centro de fallos discutidos, al tiempo que reclamó estándares más altos de enseñanza, transparencia y conducta dentro del sistema.
La interna de la CONAR, entre rechazos y bandos

En la descripción de Reátegui, el cuadro no se limita a diferencias de criterio: se trata de una estructura con bloques enfrentados. El exdirigente del arbitraje interpretó que la figura de Víctor Hugo Carrillo provoca una polarización que terminó por marcar la convivencia interna y la manera en que se procesan decisiones sensibles.
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En una conversación, el tema apareció a partir de una pregunta sobre si el respaldo a Carrillo era mayoritario o si existían sectores claramente opuestos. Reátegui respondió que, como en cualquier organización, hay beneficiados por el funcionamiento interno. “Siempre en todo grupo existen siempre los privilegiados, ¿no?”, señaló.
Desde esa premisa, explicó que el ambiente de conflicto favorece la formación de grupos con intereses distintos y que esa fragmentación se expresa en la dinámica diaria. Su advertencia fue que la crisis se instaló como un hecho visible, con repercusiones directas en la percepción pública del arbitraje.
El exárbitro sostuvo que el problema se agrava cuando la gestión de controversias no despeja dudas y, por el contrario, abre interpretaciones. En ese punto, vinculó la tensión institucional con lo que, a su entender, falta en la conducción: reglas claras para evaluar errores, comunicación que exponga criterios técnicos completos y un trato equitativo entre jueces ante desempeños cuestionados.
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El caso Augusto Menéndez y el penal no cobrado en Tarma

Reátegui ejemplificó su diagnóstico con un episodio puntual ocurrido en el duelo entre Universitario y ADT en Tarma, donde ubicó un error determinante en la actuación de Augusto Menéndez. Según su relato, el árbitro no cobró un penal “claro” pese a las advertencias del VAR, lo que para él evidenció fallas graves en la lectura de la jugada y en el uso del sistema de videoarbitraje.
“En la fecha en Tarma, a todas luces, Augusto Menéndez comete un error gravísimo: un penal clarísimo en el que el VAR le tira el salvavavidas hasta en dos oportunidades y le reitera, pero él no hace caso”, expresó.
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El exárbitro no limitó su crítica al fallo en sí. Apuntó también al manejo posterior del caso, especialmente a la forma en que se difundió el material de VAR. “Luego nos quieren sorprender a todos con un ‘acertijo’: el miércoles pasado publican un audio del VAR donde únicamente colocan ambas declaraciones y nada más, dejándonos a todos en ascuas sobre cuál es la verdadera conclusión técnica del caso”, agregó.
En su cuestionamiento, el punto central fue la ausencia de una explicación técnica completa que cierre el debate. Para Reátegui, ofrecer solo fragmentos de audio sin una definición explícita de criterio deja el episodio abierto a sospechas, interpreta la comunicación como insuficiente y erosiona la confianza en la manera en que se toman decisiones y se rinden cuentas.
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A la vez, su planteo incluyó una exigencia de formación permanente y un estándar ético asociado a la difusión de información arbitral: “Debe haber docencia y decencia. Docencia para todos en hacernos ver y la decencia va de la mano con la transparencia, como siempre tiene que haber en este tipo de casos”.
Favoritismos, sanciones y dudas sobre informes internos

Reátegui también cuestionó lo que interpretó como diferencias al momento de corregir y sancionar. En su exposición, el caso de Menéndez no se explicaría solo por una mala actuación: lo relevante sería lo que ocurrió después, con decisiones que, a su juicio, no guardaron relación con la magnitud del error.
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“Siempre en todo grupo existen los privilegiados, y uno de ellos es el señor Augusto Menéndez. Como vemos, fue premiado después de haber tenido una actuación poco objetiva en el partido de ADT contra la ‘U’ y se le envía al partido de Alianza, donde vuelve a cometer un error”, sostuvo.
En el intercambio, incluso se planteó que tras el partido en Tarma correspondía una sanción inmediata. Reátegui recogió ese eje y lo conectó con una presunta falta de documentación interna que respalde una medida disciplinaria o un reconocimiento explícito de la equivocación.
“Ese es el tema. A eso iba yo. ¿Por qué? Porque de repente no ha habido un informe o no ha habido un informe del departamento de arbitraje donde diga claramente: el señor se equivocó. ¿Cuál es el problema? ¿Cuál es el miedo? ¿Cuál es el temor que se diga... se equivocó?”, afirmó.
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En esa línea, dijo que optaba por suponer que el directorio de la CONAR no estuvo al tanto de ciertos elementos vinculados con la difusión del audio del VAR. “Voy a pensar que los miembros del directorio de CONAR han sido sorprendidos, que no sabían sobre la difusión de ese audio var”, indicó.
Reátegui añadió que no quería asumir que, con conocimiento del contenido, se hubieran avalado decisiones posteriores. En su descripción, el cuestionamiento se agrava cuando, tras una controversia sin cierre técnico público, el árbitro vuelve a ser designado y el ciclo de polémicas se repite, como mencionó al aludir a lo sucedido en el partido de Comerciantes Unidos vs Alianza Lima.
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