
Ignacio Buse tenía dos o tres años cuando su padre le puso una raqueta en la mano por primera vez. “Básicamente crecí con una raqueta en mi mano”, diría él mismo años después, con la naturalidad de quien no conoce otra forma de vida. Ese detalle no es anecdótico: es el punto de partida de una historia que tiene tres generaciones de profundidad y que el 23 de mayo de 2026 llegó a su cima cuando el limeño de 22 años levantó el trofeo del Bitpanda Hamburg Open y se convirtió en el primer peruano en ganar un ATP 500.
Nada en Buse parece casualidad. Su abuelo Enrique fue una leyenda del tenis peruano en los tiempos en que las gestas se escribían en canchas de club y polvo de ladrillo. Su padre Hans, entrenador en el Country Club de Villa de Lima, fue su primer guía y su primer rival. El apellido llegó cargado de historia, pero Buse entendió desde temprano que era solo el punto de partida.
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El origen: Lima, el Country Club y un padre entrenador
Todo comenzó en el Country Club de Villa, donde Hans Buse ejercía como entrenador y donde Ignacio dio sus primeros golpes antes de cumplir los tres años. La cancha no era un lugar de juego: era el patio de su casa. Esa inmersión temprana le dio una base técnica que los especialistas consideran casi imposible de construir después de los seis años, y le instaló una relación con el tenis que va más allá de la competencia.
A esa edad comienzan también los primeros gastos: clases, raquetas, zapatillas, torneos locales y membresías en clubes. En el Perú, practicar tenis desde la infancia implica casi siempre pertenecer a un club privado, dado que la infraestructura pública para el deporte de la raqueta es bastante limitado. Los costos anuales en esta etapa inicial oscilan entre USD 1.900 y USD 6.000.
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La adolescencia en Barcelona: sudor y soledad
Con 17 años, Buse tomó la decisión que definiría su carrera: dejar Lima y mudarse a Barcelona para entrenarse en la Fundación TEC Carles Ferrer Salat, donde el rigor de la competencia europea es ley y las canchas no perdonan. Mientras la mayoría de sus contemporáneos vivía la adolescencia con la normalidad que ese período merece, él apostó por horas de entrenamiento y la soledad de quien sabe que el camino es largo.
Los resultados no tardaron. Alcanzó el puesto 9 del ranking ITF Junior y en 2021 conquistó la medalla de oro en los Juegos Panamericanos Junior junto a Gonzalo Bueno. Ambos también llegaron a la final de Roland Garros Junior, donde aunque la copa no llegó, la historia ya era suya. En el circuito juvenil, Buse demostró que su nivel no era regional: era mundial.
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En esta etapa —de los 11 a los 18 años— los costos se disparan. El entrenamiento deja de ser recreativo para convertirse en una rutina de alto rendimiento que exige coaching personalizado (USD 5.000 a USD 15.000 anuales), equipamiento (USD 1.000 a USD 2.500) y viajes y torneos internacionales (USD 5.000 a USD 25.000). Jugadores como Carlos Alcaraz, Jannik Sinner o Paula Badosa entrenan entre 35 y 40 horas semanales en esta fase. Buse no fue la excepción.

El salto profesional: vivir viajando
Convertirse en profesional es, para la mayoría, una apuesta financiera gigantesca. Un jugador que recién ingresa al circuito ITF o Challenger necesita viajar prácticamente todo el año para sumar puntos ATP. Y aunque gane algunos partidos, los premios suelen ser insuficientes para cubrir los gastos.
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Mantener una carrera profesional puede costar entre USD 100.000 y USD 300.000 al año: entrenador y equipo técnico (USD 30.000 a USD 100.000), equipamiento y encordado (más de USD 10.000) y viajes y alojamiento internacional (USD 50.000 a USD 150.000). La paradoja es que la mayoría de jugadores no gana esa cifra.
Fuera del top 100, la situación es crítica. Los tenistas ubicados entre los puestos 200 y 400 del ranking ATP generan entre 20.000 y 100.000 euros anuales antes de descontar gastos que pueden consumir hasta el 90% de sus ingresos: 45% para el equipo técnico, 10% en viajes, 10% en vuelos del staff, 15% en alimentación y 10% en medicinas, cuerdas y entrenamientos, más impuestos y asesores financieros.
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El caso peruano: sin red de contención pública
En el Perú, el camino es aún más empinado. Las membresías en clubes privados cuestan entre USD 5.000 y USD 15.000 anuales, el equipo completo de entrenamiento puede llegar a USD 2.000 mensuales y las giras internacionales superan los USD 25.000 al año. El tenista Juan Pablo Varillas lo resumió con precisión en una entrevista con El Comercio en 2019: “Actualmente debo ganar USD 60.000 anuales para igualar mis gastos de viajes. No llego a esa cantidad ni soñando".
La historia de Buse ilustra una de las salidas posibles: salir del país para desarrollarse no es un lujo, es una necesidad. En Barcelona encontró no solo un equipo de trabajo sino también, según sus propias palabras al levantar el trofeo en Hamburgo, valores que lo formaron como persona: “Somos tenistas, pero también somos socialmente conscientes de lo que pasa en el mundo”.
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Gastos e inversión por etapa
Etapa 1: Primeros pasos (6 a 10 años)
Costo anual estimado: USD 1.900 – USD 6.000
Los gastos en esta etapa parecen manejables, pero ya incluyen partidas que muchas familias no anticipan:
- Entrenamiento grupal y clases individuales: USD 1.500 – USD 5.000
- Raquetas, zapatillas y accesorios básicos: USD 300 – USD 500. Las zapatillas son el gasto más subestimado: un jugador en formación desgasta entre cinco y ocho pares al año. A USD 60 por par, solo ese ítem puede costar USD 480 anuales
- Pelotas: uno de los gastos más silenciosos y constantes. A un mínimo de USD 1,20 por pelota, y con cientos necesarias para el entrenamiento con máquina, el gasto anual puede superar los USD 600 solo en pelotas
- Encordado: las cuerdas se rompen cada dos o tres semanas en jugadores que pegan con potencia. A USD 15 por instalación, el costo anual solo en encordado puede superar los USD 150, cifra que crece exponencialmente en etapas avanzadas
- Torneos locales: USD 100 – USD 500, incluyendo inscripciones (entre USD 12 y USD 18 por cuadro), desplazamientos y combustible
En el Perú, a estos costos se suma la membresía en un club privado, dado que la infraestructura pública para el tenis es prácticamente inexistente. Esas membresías pueden costar entre USD 5.000 y USD 15.000 anuales por sí solas.

Etapa 2: Competencia juvenil (11 a 18 años)
Costo anual estimado: USD 10.000 – USD 42.500
Esta es la etapa más decisiva y la más costosa antes del salto profesional. El entrenamiento deja de ser recreativo y se convierte en una rutina de alto rendimiento que exige un equipo multidisciplinario.
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- Coaching personalizado: USD 5.000 – USD 15.000. En academias de élite como la IMG Academy de Florida, la matrícula anual para alumnos de décimo grado en adelante supera los USD 88.900
- Equipamiento avanzado: USD 1.000 – USD 2.500, con reencordado frecuente. El tenista profesional Mike Russell, entonces número 92 del mundo, estimó que gastaba USD 9.000 al año solo en encordado. En etapa juvenil el gasto es menor, pero ya es significativo
- Viajes y torneos: USD 5.000 – USD 25.000. Competir en 10 a 20 torneos anuales —la frecuencia habitual de un juvenil competitivo— implica vuelos, hoteles, alimentación y transporte local. Un solo torneo fuera del país puede costar entre USD 1.000 y USD 2.000 por semana
- Psicología deportiva: entre USD 100 y USD 300 por sesión. El componente mental es tan determinante como el físico: a diferencia de los deportes colectivos, el tenista enfrenta solo la presión, el error y la derrota
- Fisioterapia y recuperación muscular: gasto permanente que puede representar varios miles de dólares anuales en jugadores que entrenan entre 35 y 40 horas semanales, como lo hacen Carlos Alcaraz, Jannik Sinner o Paula Badosa en esta etapa
- Nutrición especializada: USD 5.000 – USD 30.000 anuales, multiplicado por cada integrante del equipo que viaja con el jugador

Etapa 3: Circuito profesional
Costo anual estimado: USD 100.000 – USD 500.000
Aquí la paradoja financiera del tenis se vuelve más evidente. Según datos de ESPN y la plataforma especializada Sigrun Tennis, el tenista Noah Rubin —entonces número 212 del mundo— estimó sus gastos en USD 90.000 – USD 100.000 en 2019. El canadiense Vasek Pospisil calculó que solo los viajes para él, su entrenador y su fisioterapeuta costaban USD 30.000 al año. Y el jugador Siddharth Pannu ganó USD 6.771 en premios en 2022, pero gastó USD 34.500 solo en viajes.
El desglose de gastos para un profesional en el circuito es el siguiente:
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- Entrenador: desde USD 50.000 anuales de salario base más gastos, hasta el 10-15% de las ganancias del jugador para los técnicos de élite. Los mejores entrenadores del mundo pueden cobrar hasta USD 1,5 millones anuales a los jugadores del top 10
- Viajes y alojamiento: USD 50.000 – USD 150.000 por persona. Los grandes torneos —Grand Slams y Masters 1000— subsidian el alojamiento, pero en los circuitos ITF y Challenger el jugador paga todo: hotel, vuelos, transporte local y alimentación, tanto para él como para su equipo
- Equipamiento y encordado: más de USD 10.000 anuales. Las raquetas suelen ser provistas por el sponsor, pero el encordado —que se realiza antes de cada partido y a veces entre sets— es responsabilidad del jugador. En torneos de alta intensidad, un profesional puede encargar entre 15 y 20 encordados por semana
- Alimentación: USD 5.000 – USD 30.000, multiplicado por el número de personas del equipo
- Fisioterapeuta: gasto permanente durante toda la temporada, que puede representar entre USD 30.000 y USD 80.000 anuales si viaja con el jugador
- Atención médica: la ATP y la WTA ofrecen cobertura de salud por membresía, pero los costos se disparan para jugadores de segunda categoría, cuyas cuotas de salud pueden triplicarse respecto a los jugadores mejor rankeados, según estimaciones de la propia WTA
- Penalidades y multas: los torneos aplican sanciones económicas por conducta, retrasos o infracciones al reglamento, un gasto impredecible que los jugadores deben contemplar en su presupuesto
Para los jugadores del top 50, el gasto total oscila entre USD 150.000 y USD 500.000 anuales, según estimaciones de Livemint y Tennis Frontier. Los del top 10 pueden superar los USD 2 millones cuando se incluyen los salarios de entrenadores de élite y el staff completo.
Los premios y el equilibrio financiero como tenista
El punto de equilibrio financiero —el ranking a partir del cual un tenista puede cubrir sus gastos con premios— se estima en torno al puesto 400 del mundo, según la Federación Internacional de Tenis (ITF). Por encima de ese umbral, la mayoría de jugadores pierde dinero cada temporada.
Los jugadores ubicados entre los puestos 200 y 400 generan entre 20.000 y 100.000 euros anuales en premios, pero sus gastos consumen hasta el 90% de esos ingresos distribuidos así: 45% para el equipo técnico, 10% en viajes propios, 10% en viajes del staff, 15% en alimentación y 10% en medicinas, cuerdas y entrenamiento, más impuestos y asesores financieros.

Solo a partir del top 100 la ecuación empieza a ser sostenible sin apoyo externo. Y solo en el top 10 el tenis se convierte en un negocio verdaderamente rentable, con ingresos que combinan premios y patrocinios y pueden superar los 10 millones de euros anuales.
Buse, hoy número 31 del mundo y con USD 484.000 en el bolsillo tras el título de Hamburgo, acaba de cruzar ese umbral. Pero el camino para llegar hasta ahí costó, en tiempo, dinero y sacrificio, mucho más de lo que cualquier trofeo puede reflejar.
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